domingo, 8 de octubre de 2023

Por si saben de alguien...

Llegó la compilación "Breverías españolas" que se acaba de editar en España (Madrid, Editorial Y griega, 2023).





Contiene una serie de citas de diversos autores acerca de temas varios.

La publicación es motivo de alegría que mucho agradezco a mi amigo Carlos Díaz, así como a la editorial Y griega.

Les comento que están a disposición otras tres compilaciones de este tipo: "Breverías mexicanas", "Breverías uruguayas" y "Breverías argentinas" por si saben de alguien a quien pueda interesar su publicación.

Muchas gracias.

p.d. en eso de complilador se hicieron presente los infaltables duendes de la imprenta.  

martes, 3 de octubre de 2023

Sospecha salada

 

La convivencia es un arte que presenta sus complejidades. Ponerse de acuerdo, negociar, modificar conductas y hábitos, tiene lo suyo.

Isaac Bashevis Singer evoca la función que cumplía su padre como mediador en los conflictos que se presentaban en parejas de su comunidad y los aprendizajes que ello le significó.

Para mí el tribunal de mi padre fue una escuela donde pude estudiar el alma humana, sus caprichos, sus añoranzas, sus defensas. Lleno de asombro, oí las amargas quejas de las parejas que demandaban divorciarse o dar por terminado un compromiso, o de quienes sencillamente acudían para abrir sus corazones a mi padre o a mi madre.

De entre las muchas controversias que atestiguó, hubo una que llamó poderosamente su atención.

Me acuerdo también del caso de un hombre mayor que acusaba a su esposa -su segunda mujer- de poner demasiada sal en la comida. Los médicos le habían prohibido que tomase demasiada sal, pimienta y otras especias picantes, pero por mucho que rogaba a su mujer que no lo hiciera, ella siempre condimentaba en exceso los platos que preparaba.

Así las cosas -continúa Bashevis Singer- sus padres intentaron solucionar el conflicto dialogando con la señora.

Mi padre le preguntó a la mujer por qué no satisfacía los deseos de su esposo, mencionando la frase de la Guemará según la cual: “Una esposa cabal cumple las peticiones de su marido.” La mujer contestó que ella era incapaz de cocinar sin sal ni especias porque la comida no sabría a nada. Aunque mi madre le insistía: “Siempre es posible condimentar después. La sal tiene el mismo sabor tanto si se echa en la cazuela como en el plato”, la mujer se empeñaba en que eso no era cierto.

Llega el momento de interpretar la férrea negativa de aquella mujer a introducir cualquier cambio en su rutina culinaria. La clave podía estar en su incapacidad para abandonar usos y costumbres inherentes a su vida. “En sus ojos se adivinaba la terquedad de una campesina; se le había metido una idea en la cabeza y no había modo de disuadirla.”  

Pero Isaac Bashevis Singer también da lugar a la sospecha que le suscitaba todo aquello: “Le dijo a mi madre que, con la ayuda de Dios, ella encontraría un hombre que no mirase dentro de las cazuelas. Esbozó una sonrisa aviesa; quizá deseaba que su marido enfermase y muriera.”

viernes, 29 de septiembre de 2023

La piñata apaleada

 

Ser golpeadas es el destino de las piñatas que hacen lo que pueden por resistir a los embates, pero tarde o temprano alguien logrará abrir sus entrañas. Es una tradición que ha sobrevivido al paso del tiempo, a grandes cambios sociales, así como a muchas innovaciones científicas y tecnológicas.

La piñata también ha sufrido embates de consideración en tanto metáfora. Se habla de la piñata sandinista en Nicaragua cuando algunos líderes del movimiento revolucionario se apropiaron de las posesiones de algunos integrantes del sector dominante.

Asimismo, y en este mismo espacio aludimos a ello, el politólogo Luis Rubio adjudica a ella parte de nuestra escasa formación para vivir en democracia (https://habladuriacronicasdelocotidiano.blogspot.com/2013/04/los-juegos-de-la-democracia.html)

Pero la cosa no para allí. El filósofo español Javier Gomá Lanzón, en un artículo titulado “La gran piñata”, la vincula con la avidez y el deseo de posesión.

(…) Me refiero a la costumbre de amenizar los cumpleaños de nuestros hijos con una piñata. La rompe de un bastonazo el pequeño protagonista de la fiesta, los dulces se derraman y los chavales se arrastran tristemente por el suelo; a la vista de los regocijados padres, culebrean con avidez, luchan a codazo limpio por acumular, empujan y tiran de alguna posesión discutida y al final se retiran a un rincón para el recuento del botín. Una exacta metáfora de la avaricia competitiva del mercado, al cual no tardarán en incorporarse esos rapiñadores de golosinas. A la vista de las recientes reformas educativas, tardarán cada vez menos.

Más adelante Gomá Lanzón se refiere a las reformas que, de un tiempo a esta parte, se han venido implementado en los planes de estudios universitarios.

Ortega y Gasset dijo que las universidades deben cumplir tres misiones: enseñar una profesión, preparar investigadores y formar hombres cultos. Los bienes involucrados en cada una de ellas son distintos: se aprende una profesión por razones prácticas y en función de su utilidad social; la investigación académica persigue el conocimiento teórico; ser culto es un imperativo emparentado con la propia dignidad de ciudadano. Un buen sistema universitario debería saber conjugar los tres bienes de forma armónica y equilibrada. (…)

Las actuales reformas “a la boloñesa” de la universidad española postergan temerariamente la misión de formar hombres cultos en beneficio exclusivo de la preparación de profesionales. Oímos que la universidad ha estado demasiado alejada del mundo laboral y que lo prioritario ahora es crear puentes con la empresa. Por eso los nuevos planes prevén pocos años de estudio para obtener un título universitario, conocimientos técnicos especializados y aplicados, y muchas prácticas desde el primer curso. Mutilada la universidad de su misión educativa, el resultado previsible será la producción industrial de una masa abstracta de individuos preordenados para competir y producir, tan hipercompetentes como incultos (…) Empezarán a trabajar antes que nunca y se jubilarán más tarde que nunca, lo que, privados de conciencia crítica, romos en su visión del mundo, asegura más de medio siglo de dócil mansedumbre a las leyes del mercado, diciéndose a sí mismos lo que el cínico personaje de Galsworthy en su novela La saga de los Forsyte: “¿De qué le sirve al hombre salvar su alma si pierde sus propiedades?”. (…)

Llegado a este punto, el improbable lector podrá suponer que nos extraviamos al olvidar el tema de este artículo. No es así, ya que la pobre piñata reaparece en la conclusión del autor. “Protesto contra una universidad que parece haber sustituido aquel antiguo lema de la academia platónica –‘nadie entre aquí que no sepa geometría’- por este otro: ‘Prepárate para la gran piñata’.”

jueves, 28 de septiembre de 2023

Juicios sumarios

 

Es posible advertir -se lo ha señalado con frecuencia- que las opiniones que circulan en las redes suelen presentar juicios contundentes, descalificaciones, simplificaciones, etc., lo que dificulta el entendimiento, el intercambio de perspectivas. Es así como existen seguridades que atemorizan, certezas blindadas que encubren falacias.

Sin poner en entredicho lo anterior, es importante recordar que esta facilidad para emitir opiniones determinantes no es exclusiva de nuestro tiempo, ni de personas sin formación académica.

José Jiménez Lozano nos aproxima a ello y en un primer momento presenta el entorno del asunto.

El estilo ensayístico –incluido el ensayo filosófico e histórico- es cada día más contundente y seguro. Da un cierto miedo: está lleno de juicios sumarísimos y ejecuciones, ni una duda, ni ironía, ni melancolías. ¡Y eso que se habla de pensamiento débil!

Presenta un caso que permite ejemplificar la cuestión, teniendo como protagonistas a dos reconocidos intelectuales.

Me acuerdo de que Simone Weil dice que J. Maritain había deducido del famoso texto aristotélico sobre la esclavitud que nadie había condenado ésta en el mundo griego. Pero Aristóteles dice que algunos piensan que la esclavitud repugna a la naturaleza y a la razón, y entonces, la afirmación de Maritain es una calumnia contra toda una civilización, que habría que reparar, dice la Weil.

Una vez expuesta la situación, Jiménez Lozano concluye: “Y así es. Si no tenemos este escrúpulo, estamos perdidos: sólo serviremos para amonestar más palabras vacías o mortales, y hacer mayor la oscuridad.”

Finalmente digamos que hay un método infalible -muy recurrido en nuestro tiempo- para resultar victorioso en ciertos debates y que en pocas palabras explica Javier Ortiz: “(…) primero se dice que el contrario ha dicho lo que no ha dicho y luego se le condena sin apelación posible por haber dicho lo que no ha dicho.”

miércoles, 27 de septiembre de 2023

De los tiempos del reloj de bolsillo

 Uno es uno y sus objetos.

Hay objetos que nos definen, que son indisociables de la propia existencia; al tiempo que forman parte de los usos y costumbres de ciertos sectores sociales en una época determinada. 

Es el caso del reloj de bolsillo. Mi padre tenía uno que lucía con orgullo y cuidaba con esmero; se lo había regalado mi abuelo. Carlos Maggi presenta un perfil de aquel prestigioso objeto en el entorno montevideano.

(…) todo hombre de antes, de aquel entonces (…) usaba reloj de bolsillo, transportaba la hora en el chaleco, llevaba los minutos pegados al vientre, abrigados. Y por consiguiente, ese hombre tenía un tiempo dividido en buenos pedazos, un tiempo doble ancho que le permitía andar sin apurones.

El reloj de bolsillo, grande como un pan chico, y remolón, partía su esfera en largos minutos, durante los cuales el hombre antiguo podía ir a pie desde la Aguada hasta el Centro, o podía sentarse en un patio abierto, cerca de un árbol, o podía conversar con otros hombres antiguos que también tenían unas largas horas perezosas, como de aldea.

Aquellas horas eran otras horas que muy poco tienen que ver con las actuales.

El reloj de bolsillo constituía un monopolio de los hombres y según Maggi no es cosa menor el lugar donde se guardaba. 

Cuando un caballero sacaba solemnemente su reloj y lo mantenía un instante en observación, para luego meterlo otra vez en el bolsillito derecho del abdomen parecía que se controlaba la presión o la temperatura del hígado; en fin, el tiempo era un problema estrictamente personal, un asunto de uno consigo mismo, y no una imposición de los demás.

No es una tontería que se guarde el tiempo contra las vísceras y que, por tanto, casi sean ellas las que estén haciendo pulsar a su ritmo el tic tac de los segundos. El tiempo de caminar por placer, de pasear, el tiempo de estarse quieto o de dejarse estar, ese tiempo realmente humano es el que marcan la médula espinal y el páncreas, los pulmones y el corazón y la glándula tiroides, recientemente inventada.

La difusión del reloj de pulsera -señala el autor- significará un cambio radical.

En el ombligo está el eje de nuestras agujas y nadie tendrá tiempo, nadie tendrá su tiempo, si destierra el reloj a la muñeca, a la última frontera con la mano, que es la expresión más lúcida y racional de nuestro cuerpo. (…)

Para el hombre dueño de su tiempo, el suizo cegatón fabricó un reloj que se llevaba atado a una cadena, como un perro dócil. Para nosotros –troleybus, teléfono automático, cine continuado- inventó el reloj de pulsera que nos hace prisioneros él a nosotros, que nos cierra las muñecas como esposas. En cada relojería hay un coro de suizos fantasmales que se ríe de nosotros, y que tal vez nos compadece.

Para Maggi no estamos hablando de lo mismo cuando se trata de ver la hora en el reloj de bolsillo o en el de muñeca.

¡Qué dignidad había en aquel movimiento de mirar la hora en un reloj de bolsillo! Primero: desprenderse el saco; luego: hundir dos dedos; luego: retirar el reloj; luego: dejarlo sobre los cuatro dedos largos, con el pulgar de guardia saludando arriba; luego: saltar la tapa –todo si apuro-; luego: asomarse al brocal y estudiar las agujas –todo ritualmente y con atención profesional- mientras se mantenía la gravedad del tiempo sobre la mano abierta, como quien está sopesando el huevo frito de un animal desconocido.

Ahora, en cambio, mirar la hora es casi procaz: nos levantamos la manga del saco como para rascarnos. En el fondo, el gesto es exacto y representativo. Nuestro tiempo, chiquito, que avanza a saltos epilépticos, puede sentirse como una picazón siempre repentina, como un torpe e incansable aguijonazo; puede considerarse una fastidiosa pulga de tiempo.

Y concluye

Un reloj de bolsillo era como una tortuga redonda y filosófica que ovillaba horas lentas, horas de tortuga, bajo su caparazón de plata o de oro. El reloj de pulsera es una chata sanguijuela que, prendida a nuestro brazo nos va sorbiendo sangre, hasta sustituir con su urgente ritmo mecánico, nuestro pulso cordial. 

¿Qué diría Carlos Maggi de la costumbre -cada vez más común en nuestros días- de consultar la hora en el teléfono celular (dispositivo con vocación imperialista que en forma paulatina se va apropiando de más funciones)?

miércoles, 6 de septiembre de 2023

Maniqueísmo contemporáneo

 

Vivencias de ayer, realidades del hoy; como alguien ha dicho: la historia cambia más de protagonistas que de argumento.

El diccionario define al maniqueísmo desde dos perspectivas

1. Doctrina religiosa que tuvo su origen en las ideas de Manes (siglo III d. C.) y que se caracterizaba por creer en la existencia de dos principios contrarios y eternos que luchan entre sí, el bien y el mal.

2. Actitud o interpretación de la realidad que tiende a valorar las cosas como buenas o como malas, sin términos medios.

Es curioso que -en diversas presentaciones- ello siga presentándose en nuestros tiempos; tan modernos e innovadores para algunas cosas, tan antiguos en otras. Irene Vallejo invita a reflexionar sobre dualismos contemporáneos.

Azuzados por eslóganes dualistas, obviamos las coincidencias y proximidades. (…) Por tanto, quien me lleva la contraria no lo hace por razones válidas sino inmorales; no es alguien que piensa diferentes, sino el embajador del mal, y es lógico odiarlo.

El temor a la fragilidad, a la duda, a la contradicción se manifiesta en el anhelo de pisar tierra firme, procurando aferrarse a seguridades que no son tales en perspectivas próximas al fundamentalismo. Así es como según Vallejo

La vida sale con frecuencia de los raíles previsibles, y, frente a su complejidad e incertidumbres, nos alivian esas afirmaciones sin matices. Los discursos maniqueos apuntalan certezas, al reducir la realidad a dos categorías, una de las cuales promete cobijarnos: verdad o mentira, civilización o barbarie, éxito o fracaso, conmigo o contra mí.

Los llamados a cuestionar esta forma de ver las cosas -afirma Irene Vallejo- no son novedosos aun cuando siempre actuales y pertinentes.

San Agustín, maniqueo durante casi una década, reconocía en sus Confesiones el atractivo de esta mirada simplificadora: la lucha eterna de dos principios, uno bueno, simbolizado por la luz, y otro malvado, simbolizado por las tinieblas. Casi siempre, la división es falaz; y los matices, más reveladores.

Nosotros y ellos.

Nosotros los buenos, poseedores de la verdad, habitamos en lo cierto.

Ellos los malos, propietarios de la mentira, residentes en el error…

¿Será que no aprendemos?

lunes, 4 de septiembre de 2023

Trece años de Habladuría

 

En el mes de septiembre de hace trece años nacía este blog con un perfil más o menos definido (http://habladuriacronicasdelocotidiano.blogspot.mx/2010/09/entre-el-vicio-y-el-oficio-compilador.html) Desde mucho antes estuve compilando anécdotas acerca de muy diversos temas y diferentes lugares. Algunas las tomé de periódicos y revistas, la mayoría las hallé en libros adquiridos en librerías de viejo que he sabido recorrer con entusiasmo digno de mejores causas. Fue en aquel entonces que la extraordinaria artista Magos Nava sugirió la idea de abrir un blog y se dio a la tarea de diseñarlo. En los inicios sus ilustraciones acompañaron los artículos publicados.

En estos trece años las visitas han superado el número de 445.000. Difícil saber cuántas de ellas responden a seguidores del blog y cuántas a quienes llegan puntualmente y en forma azarosa por sus búsquedas temáticas. Me inclino a pensar que son muchas más las segundas que las primeras. También hay que tener en cuenta las visitas realizadas por robots que actúan en las redes.

El total de artículos que se han ido sumando al blog hasta el momento son 1.130. Algunos de ellos han sido publicados y citados en periódicos y revistas (ejemplo de ello es el artículo “¿El Ángel caído?” del Mtro. Eduardo Matos Moctezuma publicado en Arqueología Mexicana, No. 150). Asimismo he tenido noticias de menciones realizadas en distintos programas radiales. Ciertos textos han sido utilizados como material de apoyo en clases de preparatoria o universidad, así como en diversas instancias de educación no formal. He tenido la oportunidad de narrar en forma presencial algunas crónicas que integran este blog en diversas ciudades de México (Cancún, Chihuahua, Ciudad Juárez, Ciudad de México, Guadalajara, Guanajuato, León, Morelia, Oaxaca, Pachuca, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí, San Miguel de Allende, Veracruz, Zacatecas, etc.) así como también en Buenos Aires y Montevideo.

En principio hay Habladuría para rato, dado que en el taller de armado dispongo de muchos “pies de artículos” que permiten aspirar a mantener este espacio. Tengo el anhelo de que parte de este material pase a ser libro, columna periodística o espacio radial. 

Quiero expresar mi profundo agradecimiento y reconocimiento a Magos Nava. Sin su apoyo este blog no hubiese sido posible.

Asimismo va mi agradecimiento a los lectores habituales de Habladuría, a los intermitentes y a quienes lo fueron en algún momento.

Y sean bienvenidos aquellos que se sumen a partir de ahora.                    

---------------------------

 

Junto a este blog he desarrollado programas que se vienen implementado en diversas instancias (http://habladuriacronicasdelocotidiano.blogspot.com/2019/08/programas.html), entre ellos:

 

  • Mirar-nos con ojos ajenos. Una invitación al análisis y la reflexión a partir de pedacitos de historia. Este programa inició en el mes de junio de 2020. Los grupos se reúnen semanalmente en forma virtual los días martes a las 17 hr y jueves a las 12 hr. (horarios de Ciudad de México).

 

  • Leer para vivir. Un espacio donde la lectura nos convoca. Nos reunimos semanalmente en forma virtual los días miércoles a las 19 hr (horario de Ciudad de México).

                                                                                              

Asimismo he publicado diversos ensayos y compilaciones; entre otros: La educación familiar y sus desafíos (México, Paidós, 2005), Pedagogía del relato una tradición siempre joven (México, edición de autor, 2007), La escuela y sus desafíos (México, edición de autor, 2008), Diccionario de citas (México, Algarabía-Lectorum, 2013), Anécdotas (Madrid, Fundación Emmanuel Mounier, 2022), Breverías españolas (Madrid, Editorial Ygriega, 2023).

 

 

Gerardo Mendive

gemendive@yahoo.com.mx

5541262798 CDMX

www.gerardomendive.com


jueves, 31 de agosto de 2023

El político y las personas con afasia

 

En muchas ocasiones hemos recurrido en este espacio a historias que comparte el reconocido neurólogo Oliver Sacks. Siguiendo a su maestro Alexander R. Luria, el doctor Sacks une su pasión por la neurología con el gusto por el relato y ello le permitió convertirse en un gran difusor de su materia de trabajo.

Uno de los sucesos más conocido de su amplio repertorio, es el que tuvo lugar en el hospital cuando el presidente Ronald Reagan daba un discurso que se trasmitía por televisión.

¿Qué pasaba? Carcajadas estruendosas en el pabellón de afasia, precisamente cuando transmitían el discurso del Presidente. Habían mostrado todos tantos deseos de oír hablar al Presidente…

(…) De ahí la sensación que yo tengo a veces, que tenemos todos los que trabajamos en estrecho contacto con afásicos, de que a un afásico no se le puede mentir. El afásico no es capaz de entender las palabras, y precisamente por eso no se le puede engañar con ellas; ahora bien; él lo que capta lo capta con una precisión infalible y lo que capta es esa expresión que acompaña a las palabras, esa expresividad involuntaria, espontánea, completa, que nunca se puede deformar o falsear con tanta facilidad como las palabras (…)

“Se puede mentir con la boca”, escribe Nietzsche, “pero la expresión que acompaña a las palabras dice la verdad”. Los afásicos son increíblemente sensibles a esa expresión, a cualquier falsedad o impropiedad en la actitud o la apariencia corporal. Y si no pueden verlo a uno (esto es especialmente notorio en el caso de los afásicos ciegos) tienen un oído infalible para todos los matices vocales, para el tono, el timbre, el ritmo, las cadencias, la música, las entonaciones, inflexiones y modulaciones sutilísimas que pueden dar (o quitar) verosimilitud a la voz de un ser humano.

De esta manera Sacks profundiza en los recursos con que cuentan las personas con afasia para poder comprender ya no la forma sino el fondo.

En eso se fundamenta, pues, su capacidad de entender… Entender, sin palabras, lo que es auténtico y lo que no. Eran, pues, las muecas, los histrionismos, los gestos falsos y, sobre todo, las cadencias y tonos falsos de la voz, lo que sonaba a falsedad para aquellos pacientes sin palabras pero inmensamente perceptivos. Mis pacientes afásicos reaccionaban ante aquellas incorrecciones e incongruencias tan notorias, tan grotescas incluso, porque no los engañaban ni podían engañarlos las palabras.

Por eso se reían tanto del discurso del Presidente.

Puedo suponer que alguien ya se adelantó a mi propuesta, pero de cualquier manera aquí va: ¿por qué no contratar a un grupo de personas con afasia como asesores políticos? Su obligación laboral (claro está que un tanto desmesurada) sería la de escuchar los discursos de los diversos candidatos a la presidencia y que por medio de sus reacciones nos orientaran para lograr un ejercicio más responsable de nuestro voto.

lunes, 28 de agosto de 2023

Breverías españolas

 

En este mes se ha publicado (Madrid, Editorial Ygriega, 2023) una nueva compilación que he reunido. Es el segundo libro que se presenta en la siguiente liga https://editorialy.blogspot.com/p/ed-y-novedades-catalogo.html

La Introducción da idea de su contenido

Desde hace ya unos cuantos años hemos ido seleccionando de libros, revistas y periódicos, tanto citas como anécdotas que por uno u otro motivo llamaron nuestra atención. Claro está que al no seguir ningún plan deliberado en esta búsqueda, el desorden y la falta de estructura se fueron imponiendo y ello, lejos de desanimarnos, constituyó un motivo de consideración para persistir.

El material reunido procede de diversos autores, corresponde a tiempos diferentes y refiere a muy distintas cuestiones porque no nos detuvimos ante las fronteras temáticas.

Al paso del tiempo la colección fue creciendo hasta llegar a constituir un Almacén de citas, anécdotas y afines, al que acudimos cuando lo necesitamos. Tal como sucedía en los viejos almacenes de barrio, a veces cuesta dar con lo que se rastrea, pero con paciencia y sin prisa nos damos a la tarea, siempre con la esperanza de hallarlo.

Es así como una vez más fuimos al Almacén para reunir esta compilación de citas y anécdotas que tienen algo en común: España. Hemos dado con una pluralidad de voces -con las que no necesariamente coincidimos- que invitan a reír, a dolerse, a reflexionar; ello nunca es poca cosa.

La compilación que ahora presentamos no persigue ninguna utilidad específica y si el lector encuentra alguna, sabremos celebrarlo.

Finalmente -y tal como ha sido señalado en diversas oportunidades- citar es una forma de dar las gracias a los autores aquí convocados.

 

Agradezco a la editorial Ygriega y muy especialmente al amigo Carlos Díaz que hizo posible esta publicación.

Las diversiones y su mala prensa

 

Tanto por sus escritos como por el testimonio de quienes lo conocieron es posible suponer que don Pío Baroja tuvo un carácter muy fuerte; no le interesaba complacer a quienes lo leían o escuchaban y sus juicios con frecuencia eran lapidarios.

Sin lugar a duda las diversiones eran muy poco lo que le divertían. En 1947, cuando los inicios de la España franquista y del reciente final de la Segunda Guerra Mundial, escribía: “El hombre de nuestro tiempo, más que inmoral es bruto. Le gustan las diversiones estúpidas y un poco infantiles, quiere comer, beber y lucir.” A partir de ello no queda más que esperar sus descalificaciones al respecto.

Con el pasar del tiempo he sido menos aficionado a los espectáculos. Creo que no he estado nunca en un partido de fútbol, corridas de toros he visto una de chico y no me gustó nada, en teatros hace más de treinta años que no he estado, y de cine sonoro creo que no conozco más que una película, El desfile del amor y fui a verla por compromiso.

Opina que las diversiones -entre las que incluye también a las exposiciones de pintura- constituyen una forma de evitar la soledad y lo que ella trae consigo. “El hombre actual no quiere calentarse la cabeza en la soledad y, después de moverse y de intrigar, busca la diversión colectiva y espectacular.”

Para Baroja las cosas llegan al extremo cuando ya por aquellos entonces había quienes seguían las vicisitudes de un espectáculo por medio de la radio.

Lo extraño es que llegue en su afición a gustar de sus diversiones de una manera metafísica, porque oír los lances de una corrida de toros o de un partido de fútbol por la radio parece pura metafísica. Son también manifestaciones de la demagogia del tiempo. Esta existe en todos los órdenes.

Es posible que respaldara a Charles Baudelaire -citado por Wislawa Szymborska- quien advertía que: “Es necesario trabajar, si no por amor, al menos sí por desesperación, porque si lo pensamos bien, el trabajo aburre menos que la diversión…”