martes, 16 de enero de 2018

El misterio del hombre de la máscara de hierro


Entre los muchos enigmas que guarda la historia encontramos el del hombre de la máscara de hierro. ¿Quién era? ¿Por qué se ocultaba su identidad? Walter Benjamin -quien entre 1927 y 1933 condujo un programa de radio (algunos de ellos han sido difundidos en el libro Juicio a las brujas y otras catástrofes. Crónicas de radio para jóvenes)- se interesó en el tema.
(…) Para saber lo que pasaba en la Bastilla, nada mejor que la historia del hombre de la máscara de hierro, que ahora pasaré a contarles:
El jueves 18 de septiembre de 1689 a las 3 de la tarde, el director de la Bastilla, señor de Saint-Mars, llegó aquí por primera vez proveniente de la isla Santa Margarita (donde había otra cárcel grande). En su coche trajo a un prisionero cuyo nombre se mantiene en secreto y que está siempre enmascarado. Primero lo metieron en la torre de la Bassinèrie (todas las torres de la Bastilla tenían nombres especiales). A las 9 de la noche, cuando ya había oscurecido, me ordenaron llevarlo a la tercera habitación de otra torre, una habitación que antes había tenido que equipar cuidadosamente con todos los muebles imaginables.
Este testimonio es lo único que tenemos por escrito sobre el hombre de la máscara de hierro. Hasta la noticia de su muerte, que encontramos asentada en el diario del mismo subteniente cinco años más tarde, el lunes 19 de noviembre de 1703:
El prisionero desconocido, que anda constantemente velado tras una máscara de terciopelo negro y que el director trajo consigo hace cinco años desde la isla Santa Margarita, ha fallecido hoy a eso de las diez, luego de haberse sentido un poco mal ayer al volver de misa, pero sin haber estado realmente enfermo antes.
Al día siguiente lo sepultaron, y el subteniente anotó meticulosamente en su diario que el entierro costó 40 francos. Se sabe también que el cuerpo fue enterrado sin cabeza, a la que cortaron en varios pedazos y enterraron en lugares distintos para asegurarse de que resultara irreconocible. Tanto miedo tenían el rey de Francia y el director de la Bastilla de que, tras su muerte, finalmente se develara quién había sido el hombre de la máscara de hierro, que dieron orden de quemar absolutamente todo lo que había usado: su ropa interior, sus vestidos, el colchón, las sábanas, etc. Blanquearon las paredes de la celda que había ocupado, no sin antes rasquetearlas esmeradamente. La precaución se llevó al extremo de aflojar todas las piedras de los muros y levantarlas una tras otra, por temor de que el hombre de la máscara de hierro hubiese escondido un papel o dejado otro signo por medio del cual pudiera ser identificado. Su máscara no era de hierro, aunque a ella debía su nombre, sino que estaba hecha de terciopelo negro, endurecido con barba de ballena. Se la habían ajustado por la nuca con una cerradura lacrada y estaba construida de tal modo que no sólo resultaba imposible que se la quitase por sí mismo, sino que ninguna otra persona hubiera podido liberarlo de ella si no contaba con la llave correspondiente. Lo que sí podía hacer sin esfuerzo era comer con la máscara puesta; pero había orden de matarlo al instante si usaba la boca para darse a conocer.
Por supuesto que el caso se prestó para múltiples conjeturas, hipótesis, suposiciones y Benjamin describe una de ellas.
Le daban lo que pedía. Por la consideración que le demostraban se deducía que era un hombre distinguido, pero también por muchos otros indicios, como su predilección por las sábanas finas y los trajes costosos, y por su virtuosismo para tocar la cítara. Su mesa estaba siempre cubierta de las comidas más selectas, y pocas veces el director se atrevía a sentarse en su presencia. Un viejo médico de la Bastilla, que de vez en cuando revisaba a este curioso hombre, explicó más tarde que nunca había logrado verle la cara. 
El hombre de la máscara de hierro tenía una figura muy bella, una conducta excelente y conquistaba a todo el mundo con el timbre de su voz. Pese a toda su aparente humildad y sumisión, se dice que igual logró hacer llegar al mundo una señal sobre su persona. Según cuentan, un día tiró por la ventana un plato de madera, en el que encontraron grabado a cuchillo el nombre Macmouth.
Esta historia juega un papel muy importante en los innumerables intentos que se han hecho por identificar al misterioso prisionero. Todos los investigadores coinciden en que sólo podía ser de la más alta alcurnia, probablemente hasta de una dinastía reinante.
Por ese entonces reinaba en Inglaterra el rey Jacobo II, contra el que se había alzado un hijo de Carlos II como “antirey”. Este rey no oficial era el duque de Monmouth, que se había dejado fusilar para salvarle la vida a su amo, mientras que el verdadero conde había huido a Francia, donde fue arrestado por Luis XIV. El hombre de la máscara de hierro sería este duque.
Sin embargo al final de aquel programa de radio dirigido a jóvenes, Walter Benjamin reconocía que hasta el momento no había nada concluyente. “Esto es lo que quería contarles. Aunque deben saber que, con el correr de los siglos, ha surgido toda una serie de explicaciones que no son peores que esta. Sin embargo, hasta el día de hoy ninguno de los muchos historiadores que investigaron este tema pudo arribar a ninguna certeza.”  

jueves, 11 de enero de 2018

Libros para el viaje


Se aproximan las vacaciones, es buen momento para regresar al tema de los libros y los viajes. Ya nos hemos referido a ello (http://habladuriacronicasdelocotidiano.blogspot.mx/2012/08/cuando-los-libros-se-van-de-viaje.html) y en aquella ocasión mencionamos la importancia de no exagerar en la cantidad de libros que cargamos. Aun teniendo en claro que para los aficionados a la lectura no es fácil partir y dejar los libros, habrá que hacer una selección de material de lectura para el tiempo que dure la ausencia. Para quienes no lo logren, las opciones serán permanecer para no despegarse de los libros o viajar con todos tal como dicen le sucedía –de acuerdo a lo narrado por Manuel J. Prieto- a Abdul Kassem Ismael.

Este hombre, sabio y gran visir persa, nacido en el año 936 y muerto en el 995, viajaba siempre acompañado de su biblioteca. Y no podemos decir precisamente que esta fuera pequeña, ya que estaba formada por unos ciento diecisiete mil volúmenes. ¿Cómo transportaba tal cantidad de obras? Las ruedas de aquella biblioteca, si se pueden llamar así, eran cuatrocientos camellos que marchaban en perfecta y ordenada fila india. Y remarco lo de ordenada, ya que cada camello tenía su posición concreta. De ese modo los libros seguían clasificados y colocados a pesar de encontrarse en tránsito y los bibliotecarios podían llevar a su señor cualquier obra que pidiese en cualquier momento.

Han pasado los años y tenemos otros medios de transporte que propician la lectura. A esto se refiere Carlos Illescas “(…) el a veces calumniado camión de pasajeros, el vagón de ferrocarril o el avión, en su caso, resultarán en lugar de celdas carcelarias, gratas y móviles estancias, sobre todo por lo que aportan de complicidad a los afanes lecturales (perdonando el casi neologismo)”. Por cierto que Illescas recomendaba que para seleccionar los libros que llevaremos de viaje, además de tener en cuentas los días que pasaremos fuera, habrá que considerar el clima en el lugar de destino.

A propósito de lo último deberá efectuarse la selección con la finalidad de que si se va a un ambiente frío se impone el libro altamente belicoso pero moderadamente erótico para evitar contratiempos, o al revés; y si el asunto se presenta al contrario, entonces se precisa de la frígida elegancia de un ensayista inglés. Pero si se quisiera no ser tan obvios, la elección recaería en México, país en el que también sobrenadan muchos témpanos ilustres, cuyas páginas ayudarían a conllevar con alivio la soflama tropical.
En caso de que el lector previese el desierto en su recorrido le conviene elegir al pronto autores cuya espontaneidad florida lo metan en poblados bosques los cuales las aves repiten a García Lorca y los arroyos a Neruda, sólo por decir algo.

Aunque con estas cuestiones del cambio de clima no será fácil seguir las sugerencias del maestro Carlos Illescas.

martes, 9 de enero de 2018

Los lunes


En otra ocasión ya nos hemos referido a este tema (http://habladuriacronicasdelocotidiano.blogspot.mx/2011/01/san-lunes.html). Pero el asunto es que sobre los lunes siempre queda mucho por decir y la revista Muy Interesante (septiembre 2012) profundiza en el asunto. 

A la mayoría de la gente no le gustan los lunes. Y el científico australiano Tim Olds acaba de identificar uno de los motivos. Según revela un estudio que se presentará (…) en la Conferencia de la Asociación Austroasiática sobre el Sueño, la noche que menos dormimos es la que transcurre del domingo al lunes. Y eso hace que empecemos la semana con una considerable falta de sueño.
Sus resultados se basan en un experimento masivo con 4.000 niños y adolescentes australianos de edades comprendidas entre 9 y 18 años. Analizando sus hábitos, Olds ha llegado a la conclusión de que estamos acostumbrados a trasnochar los viernes y los sábados, y que “el domingo nos acostamos tarde porque no queremos dejar el fin de semana atrás”. Esto causa un déficit de horas de sueño que tiene consecuencias negativas, como un sistema inmune más débil, dificultades para memorizar y problemas de atención. 

Al mismo tiempo aporta un dato con precisión sorprendente. “Según un estudio realizado a finales del año pasado por la compañía británica Marmite, el malestar de los lunes por la mañana se traduce entre otras cosas en que, en promedio, la gente no empieza a sonreír hasta las 11:16 a.m.” En mi entorno puedo afirmar con contundencia que el retraso en relación a ello es evidente…

Obviamente, tomando en cuenta lo ya señalado, se producen efectos de consideración en el ámbito laboral que no sólo –tal como afirma el artículo de la revista Muy Interesante- tienen que ver con el ausentismo de los trabajadores que, por cierto, ese día se incrementa notablemente.

Además, en el trabajo el rendimiento se limita a 3-5 horas de trabajo productivo y tenemos un 50% más de posibilidades de llegar tarde al "curro" [trabajo] este día de la semana. Por otra parte, el estudio calcula que los individuos con edades comprendidas entre 45 y 54 años pasan más de 12 minutos quejándose cada lunes. Y los trabajadores pasan más tiempo hablando con sus compañeros este día de la semana.

Conscientes de esta situación, los consumidores -según describe Luis Melnik- se conducen con ciertas precauciones a la hora de realizar sus compras.

Una vieja leyenda cuenta que los norteamericanos se cuidaban muy bien de comprar vehículos terminados un lunes. Parecía estadísticamente demostrable que esos coches tendrían mayores problemas porque los operarios y técnicos cargaban sus resacas alcohólicas del fin de semana y su precisión en el armado sufría penosas lagunas. 

¿Es posible mejorar este síndrome lunático de los lunes? ¿Hay alternativas? El artículo de la revista ya citada presenta algunas sugerencias.

El estudio revelaba también que algunas actividades para mejorar el lastre emocional de saber que arranca la semana laboral son practicar sexo, comer chocolate y ver la televisión. Planificar un viaje también reduce el tedio de los lunes.

¿Será?

jueves, 4 de enero de 2018

El poder mágico de las flores


Uno de los misterios que la ciencia no ha podido resolver es por qué algunas personas tienen “buena mano” para las plantas y el cuidado de las flores, mientras que a otras nomás no se les da. Sabido es que hay que hablarles pero el secreto parece estar en el tono, en la forma, en lo que se les cuenta. Tal vez algún día la ciencia pueda aclarar el punto.

Hay quienes consideran que tener flores en casa es cuestión superflua, mientras que para otros es algo esencial, imprescindible, porque la cosa es fácil de entender: sin ellas la vida simplemente no es. 

Y es que a veces las flores traen buenos recuerdos y curan la soledad, como tal vez sucedía a aquel viejito francés al que nos remite don Atahualpa Yupanqui.

Así como ese viejito francés que usted ve ir al mercado y compra dos tomates, tres zanahorias, midiendo sus centavitos porque gente que pasó la guerra sabe lo que es economía, pero que guarda unas monedas para llevarse un bouquet de violetas; un viejito francés que no quiere comer sin flores. 

Algunos no dudan de su poder curativo, como las flores de Bach o a las de California que son muy conocidas pero también hay que considerar –de acuerdo a un texto atribuido a Stephen Gilligan- a las violetas africanas de Milwaukee. 

Una mujer mayor experimentaba una fuerte depresión que la tenía encerrada en su casa imposibilitada para pedir ayuda. 
Su familia estaba muy preocupada y pidieron al psiquiatra Milton Erickson que fuera a visitarla a su casa. Aunque desconfiaban de la terapia, ya que la mujer era reacia a aceptar la situación que estaba atravesando. 
Ella pertenecía a una comunidad religiosa local aunque en esa época no acudía a ningún acto de culto. 
Cuando Erickson acudió a su casa para entrevistarse con ella se dio cuenta de que cultivaba Violetas Africanas, una rara especie difícil de mantener en Milwaukee. El terapeuta centró la conversación sobre estas flores aludiendo a la habilidad que se necesita para cultivarlas. Hablaron de lo agradable de contemplar flores tan exóticas de unos colores tan extraordinarios. 
Erickson sugirió a la mujer que estuviera atenta a las personas de su comunidad y que podría dedicarse a regalar una violeta cuando considerara que esto podía agradar o ayudar de algún modo a alguno de sus vecinos. 
El psiquiatra no habló en ningún momento acerca de cómo se encontraba ella, sino que se fijó en una capacidad que la mujer tenía y que aparentemente no intervenía en la cura de su depresión. 
La mujer mejoró cultivando las Violetas Africanas de Milwaukee. 

Finalmente recordemos aquello de que hay flores para todas las ocasiones, tal como lo refiere Franz Hessel: “(...) el pálido letrero de una jardinería comercial [en Berlín de comienzos del siglo XX] hace el efecto propio de canción popular: ‘Flores para la alegría y el dolor’.”

martes, 2 de enero de 2018

Ley seca


La prohibición de venta de alcohol estuvo vigente desde 1920 hasta 1933 en los Estados Unidos. ¿Cuál fue su origen? Walter Benjamin -quien por aquellos años conducía un programa de radio (algunos de ellos han sido difundidos en el libro Juicio a las brujas y otras catástrofes. Crónicas de radio para jóvenes)- se refiere a ello.

No sé si han oído hablar sobre el problema del alcohol. Pero seguro que han visto algún borracho, y basta con observar a una persona en esa situación para entender por qué los hombres se preguntaron si el Estado no debía prohibir la venta de alcohol. En Estados Unidos llevaron esta idea a la práctica en el año 1920, a través de una ley que modificó la Constitución. Desde entonces rige allí la así llamada “Prohibition”, es decir que es ilegal vender alcohol, salvo con fines medicinales. ¿Cómo llegaron a esta ley? Por un montón de motivos, y si uno empieza a investigarlos, aprende de paso muchas cosas importantes sobre los norteamericanos.
Un día de diciembre de hace siglos, los primeros colonos europeos, antepasados de los norteamericanos blancos, desembarcaron con su pequeño barco Mayflower en la rocosa costa de lo que hoy es el estado de Massachusetts, donde queda la ciudad de Plymouth. Hoy se los llama “lo cien por ciento”, aludiendo a la lealtad de sus convicciones, a su fortaleza y a sus imperturbables principios religiosos y morales. Estos primeros inmigrantes pertenecían a la secta de los puritanos. Su influencia puede sentirse en Estados Unidos hasta el día de hoy. La “Prohibition” o “ley seca” es una de las derivaciones de este cristianismo puritano. Los norteamericanos la llaman “el noble experimento”. Para muchos de ellos, la ley seca no es sólo un asunto de salud o económico, sino algo religioso. Ellos llaman a su país “la morada de Dios” y dicen que promulgar esa ley era un deber divino.

Sin embargo las razones para defender la ley seca –continúa Benjamin- no sólo fueron de tipo moral y religioso, el factor económico también incidía.  

Uno de los mayores adeptos de esta ley es Henry Ford, el rey de los automóviles. Pero no porque sea puritano, sino porque dice: “Yo sólo puedo vender los autos tan baratos gracias a la prohibición. ¿Por qué? Antes, el trabajador promedio gastaba una gran parte de su salario semanal en el bar. Ahora que no puede gastar su dinero en tragos, se ve obligado a ahorrar. Una vez que ha empezado a ahorrar, se da cuenta de que pronto le alcanzará para un auto. Así he multiplicado mis ventas de autos gracias a la ley seca”, dice Ford.
Muchos fabricantes norteamericanos piensan como él, porque las grandes empresas no sólo venden más a causa de la prohibición, sino que también pueden fabricar más barato. Un trabajador que no bebe rinde mucho más que uno que bebe con regularidad, aunque sea poco. De ahí que la misma fuerza de trabajo produce más que antes. Y si bien la diferencia no es grande, este pequeñísimo rendimiento adicional de cada individuo se multiplica en la economía de un país por la cantidad de sus trabajadores y por todas las horas de trabajo a lo largo de los años.

Es importante acotar que estos efectos positivos en el ámbito económico admiten controversia, tal como lo hace Walter Benjamin.

Nosotros los europeos, que miramos la cosa desde la distancia, tendremos que pensar si los suecos, los noruegos y los belgas, que han luchado contra el consumo de alcohol en sus países de manera menos radical y con leyes mucho más indulgentes, no han avanzado más que los norteamericanos con su violencia y su fanatismo.

Por otro lado muchas de sus consecuencias negativas fueron incontestables. La “parálisis del jengibre”, que nos explica el doctor Oliver Sacks, es prueba de ello.

La así llamada parálisis del jengibre había causado terribles daños neurológicos durante la Prohibición, cuando los bebedores, a los que se negaba poder beber legalmente, se pasaron a un extracto alcohólico muy fuerte de jengibre de Jamaica que se podía comprar libremente como “tónico para los nervios”. Cuando quedó claro que la gente podría acabar abusando de él, el gobierno le añadió un compuesto de sabor muy desagradable, el triortocresilfosfato, o TOCP. Pero esto no disuadió a los bebedores, y pronto se descubrió que el TOCP era de hecho un poderoso veneno para los nervios, aunque actuaba lentamente. Para cuando se percataron de eso, más de cincuenta mil estadounidenses habían sufrido un daño nervioso considerable y a menudo irreversible. Las personas afectadas mostraban una parálisis característica de los brazos y piernas y desarrollaban una manera de andar peculiar y fácilmente reconocible, el “paso del jengibre”.

Asimismo en este periodo, y por medio del control de la venta clandestina de alcohol, se fortaleció la mafia que tuvo mayor presencia en varias ciudades de los Estados Unidos. El oficio de contrabandista de alcohol se convirtió en una ocupación altamente redituable y Benjamin alude al ingenio que requería.

Las ideas de los bootleggers para contrabandear sus líquidos son de lo más alocadas. Cruzan la frontera disfrazados de policías, con la carga de whisky bajo los cascos. Organizan funerales sólo para poder pasar el aguardiente dentro de los ataúdes. Se ponen ropa interior de caucho que está llena de licor. En los restaurantes venden muñequitos o abanicos con una botella adentro. Pronto no habrá ningún elemento, por muy inofensivo que sea (paraguas, cámaras de fotos, cañas de botas), en cuyo interior la policía aduanera no sospeche que podría haber whisky. La policía y todos los norteamericanos.

Al cabo de los años la ley seca se fue haciendo de muchos enemigos que –como dice Walter Benjamin- la enfrentaron por muy diferentes razones.

Hace un par de semanas tuvieron lugar las elecciones norteamericanas para la Cámara de Representantes. También ahí la ley seca jugó un papel importante. Las elecciones mostraron que tiene muchos enemigos. Y no sólo, como quizá piensen ustedes, entre los que simplemente quieren beber, sino también entre personas muy inteligentes, sobrias y reflexivas, que están en contra de las leyes que son transgredidas por la mitad de los habitantes de un país, convirtiendo a los adultos en niños traviesos que sólo hacen una cosa porque está prohibida; leyes cuya aplicación le cuesta al Estado una cantidad increíble de dinero y que a muchos de los que las infringen les cobra la vida. Para que esta ley siga en vigencia es necesaria la existencia de los bootleggers, que se han hecho ricos gracias a ella.

No está de más señalar que fue al amparo de la prohibición como muchas ciudades fronterizas, del lado mexicano, vieron radicalmente transformada su cotidianeidad. De ello nos ocuparemos en otra ocasión.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Año nuevo


El calendario rige nuestras vidas, organiza nuestros tiempos, separa los días fastos de los nefastos. No han faltado movimientos sociales que, en su afán de transformaciones radicales, impusieran nuevas formas de medir el tiempo. Fue el caso de la Revolución Francesa (1789) aunque -como da cuenta Frédéric Rouvillois- no parece haber sido cosa sencilla.  
(…) aquellos que celebran el Año Nuevo son sospechosos, como lo dice un agente secreto del ministro del Interior en un informe del 31 de diciembre de 1793: "El Antiguo Régimen no ha desaparecido de los corazones. Por todas partes se ve en París a tres cuartos de los ciudadanos prepararse para desear un buen año". Al día siguiente, otro informante, Rolin, confirma en su informe: "A los viejos prejuicios les cuesta desaparecer. Se ha notado que, a pesar de que el año [republicano] ya esté en la semana, muchos ciudadanos no lo consideran aún más que comenzando en este día. Se han realizado visitas casi como de costumbre; hasta en las calles se ha oído a ciudadanos desearse un buen año", lo que es el colmo, y una información que bien merece hacer llegar al ministro. "Hace falta tiempo, concluye Rolin, para olvidar los prejuicios, las costumbres que hemos contraído al nacer".         

Existen fechas a las que atribuimos especial relevancia: cumpleaños; cambios de década; ciertas fechas del calendario nacional, familiar o personal; año nuevo… Y en esas andamos. 
Hay escritores que han dedicado unas líneas a la llegada del año nuevo; José Emilio Pacheco está entre ellos.
El año que entra
El año que entra no toca a la puerta, no saluda, observa con la arrogancia de quien nos tiene en sus manos. Se burla de nuestros intentos de cautivarlo, como pulverizará los buenos propósitos. Disfruta de su poder, lo sabe efímero, conoce las desgracias y las catástrofes que repartirá sin equidad como siempre. 
En su jurisdicción de vida y muerte el año que entra arrasará con todo, sin dejar ni una flor seca para el sentimentalismo del recuerdo. Atropella con soberbia de vencedor la frágil dignidad de quienes lo inventamos y le erigimos un adoratorio.
Por estas fechas es habitual que circule un texto –del que existen diversas traducciones- de Antonio Gramsci fechado el 1º de enero de 1916 y publicado en el periódico Avanti!
Odio el año nuevo
Cada mañana, cuando vuelvo a despertar bajo el manto celeste, siento que para mí es año nuevo. Por eso odio los años nuevos con fecha fija que hacen de la vida y del espíritu humano una empresa comercial con sus insumos, su balance y su presupuesto de gastos e ingresos para el nuevo ejercicio. Se pierde así el sentido de la continuidad de la vida y del espíritu. Se termina por creer que, de verdad, entre un año y el que le sigue hay una solución de continuidad y que empieza una nueva historia, se formulan buenos propósitos y se lamentan los despropósitos, etc., etc. Es un error inherente a las fechas. Dicen que la cronología es la osamenta de la historia y quizás habría que admitirlo. Pero conviene también admitir que en todos los cerebros están incrustadas cuatro o cinco fechas fundamentales que acabaron por ser fiascos históricos. Allí caben los años nuevos. El año nuevo de la historia romana, o el del medioevo, o el de la era moderna. Fechas que se han vuelto tan invasivas y fosilizantes que a veces nos sorprendemos a nosotros mismos pensando que la vida en Italia empezó en el año 752, o que el 1490 o el 1492 sean como montañas que la humanidad atravesó de repente para encontrarse con un Nuevo Mundo o para entrar en una nueva vida. Así, la fecha se convierte en un estorbo, una pantalla que impide ver que la historia sigue desarrollándose a lo largo de una línea fundamental inmutable, sin bruscas detenciones, como cuando en el cine se quema la película y sobreviene un intervalo de luz que encandila. Por eso odio el año nuevo, porque quiero que cada mañana sea para mí año nuevo. Todos los días quiero saldar las cuentas conmigo mismo, y renovarme cada mañana. Ninguna jornada estará programada para el reposo. Seré yo mismo quien decida las paradas cuando me sienta embriagado por la intensidad de la vida y quiera zambullirme en la animalidad para volver con más fuerzas. Ningún momento para la burocracia. Quiero que cada hora de mi vida sea una nueva, aun cuando se entreteja con las anteriores. Ningún día de festejo con frases corrientes, colectivas, compartidas con gente extraña que no me interesa. Porque en su momento festejaron los abuelos y los abuelos de nuestros abuelos, etc., ¿debemos también nosotros sentir la necesidad del festejo? Todo esto me revuelve las tripas.
Con todo y todo. ¡Muy Feliz Año Nuevo!

martes, 19 de diciembre de 2017

El clima especial de las fiestas decembrinas


El último tramo de diciembre se caracteriza por un ambiente muy especial. Los centros comerciales repletos de gente, los empleados de las tiendas lucen adornos propios de la época, gorros de Papá Noel-Santa Claus por doquier, se escuchan los villancicos en reiteración real, hay un incremento en el índice alegría-felicidad, comidas de despedida del año, compra de regalos, llamadas y mensajes para desearnos “¡Felicidades!” (tal vez quede algún ejemplar que mande tarjetas anhelando “¡Próspero Año Nuevo para usted y familia!”).

Pero junto a esa sociedad sobreexcitada convive la tristeza, depresión y nostalgia que para muchos llega puntualmente con estas fechas. ¿A qué se debe? Ya tiene tiempo que Juan Miguel Petit entrevistó al doctor Ricardo Bernardi quien profundizó en esta cuestión (El País –Uruguay- 23/12/2005, con el título muy expresivo de “Fiestas son peligrosas para balances”). En estas fechas puede ser oportuno transcribir algunos pasajes de aquella entrevista.

-¿Cómo se vive afectivamente esta parte del año?

Es una etapa que se cierra. Lo que significa expectativas que se cumplen, otras que no, problemas que no terminan. Es también un año más en la vida. Es un momento de encuentro familiar, con lo cual todos los problemas se reactivan. Porque es el encuentro con la familia real, con todos los claroscuros que tiene, y también es un encuentro con la familia interna, que es la familia de la infancia. Se hacen presentes los duelos, se hace presente que ya no está Fulano. Es una mezcla complicada, por un lado hay alegría sí, hay reunión de gente, pero también es el momento de ciertos balances, duelos y conflictos que en ese contexto se intensifican más. (...)

-¿Qué pautas plantearía para enfrentar estas complicaciones afectivas, relacionales, que se dan en medio de un clima de festejo?

Lo primero es diferenciar un momento de magia y la magia de verdad. A lo que se puede aspirar es a un momento de magia. O sea un momento de paz, de amor, de tranquilidad. Pero si uno quiere ir mucho más allá de ciertos límites, hay derrumbes, se empiezan a generar reacciones en caída para abajo. Es bueno decir: esta es mi familia, esta es mi situación, estos son mis amigos. Estos son con los que quiero estar y ya sé cómo son. Ser también consciente de que yo tampoco soy perfecto y que si me quieren pasar cuentas me las pueden pasar. Si uno quiere disfrutar de lo que no hay, o de las personas que podrían haber sido más perfectas, va a ser muy difícil que sea un momento aceptable. (...)

-¿Qué función cumplen estas fiestas, Navidad, Fin de Año, Reyes?

Está por supuesto el sentido que tienen para las personas religiosas. En un sentido más laico, tienen el sentido especial de recordar, incluso con la denominación de Día de la Familia, un día de los niños, lo que tiene un valor simbólico muy interesante. (…) A veces hay como un desconocimiento de la naturaleza social del ser humano. Así sea el festejo secular del fútbol, eso juega un papel. La sociedad necesita compartir ciertos estados emocionales. Festejar el hecho de estar vivos. En los países cristianos se tiene como eje el nacimiento de un niño, el niño Jesús. Pero incluso en Uruguay con esa peculiaridad donde se cambió la denominación oficial de Navidad por Día de la Familia es claro que celebramos que nacimos, que tenemos familia. En términos psicoanalíticos se habla de que en los grupos humanos hay reacciones universales. Una de ellas es la idea de que va a haber una unión que va a traer algo nuevo y que eso va a simbolizar la esperanza. Esto en términos muy profundos está presente: vamos a reunirnos porque algo va a pasar, algo va a nacer, un nuevo espíritu. Es la idea de que juntos podemos engendrar algo que cambie la realidad.

-Es como un refresco en la marcha.

Es el terreno de la ilusión. Y eso es algo constitutivo del ser humano. (...)

Muchos son los que disfrutan esta temporada de fiestas y otros muchos son los que anhelan que el 2 de enero llegue pronto. Fernando Savater comparte una anécdota propia de estos últimos.

Una vez, cuando la población de Sarajevo vivía acosada por los francotiradores, Emma [Bonnino] me propuso que fuésemos allí el día de Navidad para interponernos pacíficamente entre el fuego de ambos bandos. Comenté prudentemente que no me parecía el mejor modo de festejar fechas tan entrañables y ella me advirtió: “Piensa que la alternativa es pasarlas en familia”…


José Manuel Vilabella recomienda que “la Navidad hay que padecerla con resignación cristiana y espíritu deportivo" a sabiendas de que "sin esos días enloquecidos la familia como institución, como clan, como tribu, habría desaparecido hace décadas".
¡Felices Fiestas!

sábado, 16 de diciembre de 2017

Fuera de lugar


Hay momentos en que uno se siente fuera de sitio. Y esto puede suceder respecto a familia, grupo, estudio o trabajo, ciudad, región, país, mundo… Esa sensación a veces tiene que ver con los demás mientras que en otras circunstancias la cuestión es fundamentalmente con uno mismo. 
Es posible que algo de esto viviera Octavio Paz cuando escribió:
Voy y vuelo, me revuelvo y me revuelco, salgo y entro, me asomo, oigo música, me rasco, medito, me digo, maldigo, cambio de traje, digo adiós al que fui, me demoro en el que seré. Nada me detiene. Tengo prisa, me voy. ¿Adónde? No sé, nada sé -excepto que no estoy en mi sitio.
Desde que abrí los ojos me di cuenta que mi sitio no estaba aquí, donde estoy, sino en donde no estoy ni he estado nunca. En alguna parte hay un lugar vacío y ese vacío se llenará de mí y yo me asentaré en ese hueco que insensiblemente rebosará de mí, pleno de mí hasta volverse fuente o surtidor. Y mi vacío, el vacío de mí que soy ahora, se llenará de sí, pleno de ser hasta los bordes.
Tengo prisa por estar. Corro tras de mí, tras de mi sitio, tras de mi hueco. ¿Quién me ha reservado este sitio? ¿Cómo se llama mi fatalidad? 
Tal vez el poeta está diciendo de otra manera lo que en México el saber popular define con el conocido: “no me hallo”.

martes, 12 de diciembre de 2017

Enrique Tierno Galván: Bando sobre turismo y limpieza


En otras ocasiones ya nos hemos referido a los célebres bandos de Enrique Tierno Galván (http://habladuriacronicasdelocotidiano.blogspot.mx/2016/10/los-bandos-de-enrique-tierno-galvan.html) quien fue Alcalde de la ciudad de Madrid desde 1979 hasta su fallecimiento en 1986. En esta oportunidad transcribiremos una parte del que dedicara al tema de la limpieza y el turismo (“los que viajan por curiosidad y placer, que llaménse ahora turistas”).

El Alcalde Presidente del Excelentísimo Ayuntamiento de Madrid.
Madrileños:
El mucho amor a nuestra lengua no nos debe llevar a aborrecer las novedades que con el tiempo se introdujeron en ella para designar con justeza cosas y comportamientos que no gozaban anteriormente de vocablo singular y adecuado. Así ha ocurrido con los que viajan por curiosidad y placer, que llámense ahora turistas, sin que la consulta de muchas, copiosas y autorizadas fuentes del castizo decir nos haya permitido encontrar palabra en nuestro natural castellano que signifique propia y ajustadamente lo que el nuevo vocablo expresa.
Séanos, pues, lícito decir que el turismo o, lo que es igual, la concurrencia cuidadosamente ordenada de viajeros que, conducidos por la curiosidad y placer, visitan nuestra patria, es hoy provechoso e insustituible caudal de abundantes bienes tanto para el espíritu, en cuanto fomenta la paz y el entendimiento entre los pueblos, como para el material bienestar de todos, ya que acrecienta la moneda que nutre las arcas públicas y beneficia a la vez considerablemente a los sujetos particulares de esta monarquía. (…)
Los que movidos por la curiosidad y el placer nos visitan han de llevarse la idea, la grata recordación, de una ciudad limpia y arreglada, en la que congenian la hospitalidad confiada y la mesura y dignidad en el comportamiento con la alegría y actividad propias de quienes, sin olvidar sus quehaceres, saben hacerlos compatibles con honestas diversiones y amenos entretenimientos. (…)
Atendiendo a todo cuanto en el presente Bando llevamos dicho, la razón y el común sentir aconsejan que el aspecto de nuestra ciudad sea de singular limpieza y adorno (…)

A don Enrique le preocupaba de sobremanera la falta de higiene en la conducta ciudadana que podría tener graves efectos no solo respecto a la salud, la belleza de la ciudad, sino también en la economía.

Ocurre también el caso insólito que en nuestra ciudad una parte considerable de los vecinos tiran papeles y objetos menudos al suelo y el Ayuntamiento paga a otros vecinos para que los recojan. De seguir en incremento esta sorprendente conducta, pudiera ocurrir que la mitad de los vecinos arrojasen papeles y otros objetos a la vía pública y la otra mitad los recogiesen.
Para que a tal situación no se llegue y las calles de esta Villa aparezcan tan limpias como deben, los vecinos cuidarán de no arrojar nada al suelo de tal modo que podamos, en conjunto, ofrecer a nuestros visitantes turistas el grato espectáculo de una ciudad pulcra, acogedora y ordenada. (…)
Madrid, 3 de febrero de 1982

Cabe acotar el cambio que se ha venido presentando en algunos sectores de la población española en relación al turismo; de verlo como deseable e imprescindible para el crecimiento económico a concebirlo como un serio problema que obstaculiza el derecho a una vida silenciosa y en paz.

Algo así como si uno tuviera visita permanente en su casa, puede llegar a cansar…

jueves, 7 de diciembre de 2017

Nacer y renacer


En la vida se nace y también se renace. Así sucede después de una enfermedad grave, luego de sobrevivir a una situación peligrosa que puso en riesgo la vida, al experimentar una pérdida desgarradora, por sufrir un desamor inesperado, al decirse a sí mismo: “¡ya basta!”, cuando se tiene que empezar de nuevo… Ello acontece tanto desde una perspectiva laica como en un entorno religioso, tal como lo reflejan los autores citados a continuación.

Para Pablo d’Ors nacer una sola vez, no es buena cosa. Hay momentos en que la vida nos exige renacer, después de aceptar una quiebra existencial.

Por supuesto que es posible vivir sin nacer dos veces, pero no compensa. Es mejor renacer, y no ya dos veces, sino muchas: todas las que seamos capaces. ¿Cuántas vidas caben en una? Esto es importante porque la magia de los inicios no la tienen los desarrollos. Hay algo único en toda génesis: una fuerza un impulso… (…) Siempre que sufrimos algún embate serio en la vida, estamos llamados a renacer de nuestras cenizas, a reinventarnos.

Por su parte, y retomando a Santa Teresa, Josep Maria Esquirol también se refiere al tema.

La negra noche del alma es una experiencia de verdad; una experiencia que transforma definitivamente a quien la vive, de tal modo que ya nunca será el que era. Un punto de inflexión se ha dibujado en la trayectoria del sí mismo, y las cosas ya no volverán a ser como antes.

En opinión de Harold Kushner hay almas que nacen varias veces lo que supone  asumir cambios radicales en aquello que se creía.

Las almas nacidas dos veces son gente que ha perdido su fe y después la recuperó, pero su nueva fe es muy distinta de la que antes perdieron. (…) Su visión es menos alegre, menos confiada, más realista. (…) Me considero a mí mismo un nacido dos veces, y quizá nacido tres veces. Hay muchos dioses en los que creía y ya no creo, porque resultaron falsos.

Así las cosas –reiterando algunas de sus ideas- los autores citados nos dejan tarea: “¿cuántas vidas caben en una?”... “la magia de los inicios”… “estamos llamados a reinventarnos”… “ya nunca será el que era”… “las cosas ya no volverán a ser como antes”… “almas nacidas dos veces”… “muchos dioses en los que creía y ya no creo”…