Hace tiempo no nos visita uno de
nuestros autores predilectos, Fernando Fernán Gómez. Pues bien, en esta ocasión
comparte el momento en que conoció a quien sería el gran amor de su vida.
La década de los setenta fue mi mejor
verano, un poco tardío pues me llegó en pleno otoño. Un día, durante el
trabajo, entre los árboles de
Y es allí cuando inician una nueva vida.
“A partir de entonces, compartimos nuestros proyectos, confundimos nuestros
recuerdos, trabajamos y esperamos juntos. Llenó la casa de risas, de bromas, de
juegos, de amigos.” Por si ello fuera poco, su presencia tuvo mucho de sanadora.
“Cuanto ella podía tener de hospitalario, me lo entregó, procurando, con su
gran instinto, restañar las viejas heridas, y, con minuciosa delicadeza, no
abrir ninguna nueva.”
Con la irrupción de lo inesperado, la
vida del artista tuvo un giro radical. “Como si todo hubiera de cambiar con su
aparición, mi trabajo mejoró súbitamente. Me ofrecieron estrenar Un enemigo
del pueblo, de Ibsen, y, aunque es verdad que amparado en ciertas
circunstancias políticas, obtuvo un gran éxito de crítica y público.”
Su existencia todo lo iluminaba.
Sabiéndola a ella cerca, o lejos, pero
en esta casa, o sintiéndola a mi lado, o aguardando que regresase de su
trabajo, pero seguro de que había de llegar, escribí un drama, La coartada, que ganó un accésit en el
Lope de Vega, y luego, una comedia, Las
bicicletas son para el verano, que obtuvo el premio.
Ese reconocimiento fue motivo, como relata
Fernando Fernán Gómez, para que la casa se inundara de alegría.
Y aunque a los autores agraciados no nos
resulta fácil saber si el premio Lope de Vega es una gloria o un estigma,
cuando a medianoche nos comunicaron la noticia -ella cogió el teléfono, nunca
había visto tanto gozo en su mirada-, descorchamos una botella de champaña,
recorrimos la casa paseando a grandes zancadas, muertos de risa, saludándonos
al cruzarnos, enhorabuena, enhorabuena, llenos los dos de la misma alegría.
Seguramente usted, improbable lector, piense
que hemos olvidado decir quién es ella.
De la magnífica Emma Cohen hablaremos en
otra oportunidad.

