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martes, 30 de junio de 2020

En torno al perdón


Hay temas que son desfondados porque no hay ninguna posibilidad de llegar al fondo de los mismos sino que tan solo es posible hacer sucesivas aproximaciones. Que si hay que perdonar y olvidar; que si hay que perdonar pero no olvidar; que ni olvido ni perdón, en fin… Ahora acercamos dos opiniones que contribuyen al debate.
Muchas son las voces, entre ellas la de Harold Kushner, que señalan que antes que hablar de perdón hay que ejercer la justicia: “(...) creo, como Hamlet, que ‘la naturaleza está en desorden’ en tanto los crímenes graves no sean castigados.” No puede haber perdón si no existe justicia y presenta un ejemplo al respecto.
Por la misma razón, me sentí muy desilusionado cuando hace unos años leí en el diario la historia de una mujer muy religiosa, víctima de una brutal agresión, que se negó a testificar contra su atacante, aduciendo que por razones religiosas lo había perdonado y no tenía deseo de venganza.
Para Kushner en ese caso entran en conflicto la condición de persona religiosa con la de ciudadano.
Para mí, eso constituyó una inapropiada violación de la separación entre Iglesia y Estado. Como persona, la mujer tenía todo el derecho de desistir de su deseo de venganza, y la admiro por ello. Pero como ciudadana  debería haber sentido la obligación de contribuir a la seguridad de sus conciudadanos, ayudando a sacar a un hombre peligroso de las calles.
No es secreto para nadie que –tal como afirma Héctor Abad Faciolince, citado por Inés Martín Rodrigo- los victimarios son los principales interesados en militar en las filas del olvido.

Sí, a los que han hecho actos abominables, indignos, lo que más les conviene es el olvido, para que no los odien. Les gustaría ocultar sus crímenes peores, negarlos, no decirlos, justificarlos. Sí, hay eso. Y eso es lo que hay que combatir, las mentiras de los que quieren que olvidemos sus actos abominables, eso sí.
Una vez que Abad Faciolince expresa su rechazo contundente al olvido, pasa a otra arista del tema (cabe aclarar que él vivió situaciones de violencia extrema en Colombia, como el asesinato de su padre)
Pero, al mismo tiempo, los que denunciamos esos actos abominables y los que queremos que se sepan creo que no nos podemos quedar toda la vida rumiando eso, no nos podemos quedar toda la vida en el rencor y en el resentimiento, porque eso nos va a envenenar a nosotros mismos. Que se sepa y ya, y tampoco escribir, insistir y vengarse y señalar y señalar y pasarse la vida señalando… ¡Qué cansancio! No conviene, no conviene.
Y concluye con una confesión muy distante de la teología cristiana clásica. “Ya le he dicho, yo soy católico o cristiano sin serlo, y mi concepción del perdón es que uno no perdona al otro, es que lo bueno de perdonar es para uno, el otro que se joda; cuando uno perdona, es uno el que se libera.”

jueves, 7 de diciembre de 2017

Nacer y renacer


En la vida se nace y también se renace. Así sucede después de una enfermedad grave, luego de sobrevivir a una situación peligrosa que puso en riesgo la vida, al experimentar una pérdida desgarradora, por sufrir un desamor inesperado, al decirse a sí mismo: “¡ya basta!”, cuando se tiene que empezar de nuevo… Ello acontece tanto desde una perspectiva laica como en un entorno religioso, tal como lo reflejan los autores citados a continuación.

Para Pablo d’Ors nacer una sola vez, no es buena cosa. Hay momentos en que la vida nos exige renacer, después de aceptar una quiebra existencial.

Por supuesto que es posible vivir sin nacer dos veces, pero no compensa. Es mejor renacer, y no ya dos veces, sino muchas: todas las que seamos capaces. ¿Cuántas vidas caben en una? Esto es importante porque la magia de los inicios no la tienen los desarrollos. Hay algo único en toda génesis: una fuerza un impulso… (…) Siempre que sufrimos algún embate serio en la vida, estamos llamados a renacer de nuestras cenizas, a reinventarnos.

Por su parte, y retomando a Santa Teresa, Josep Maria Esquirol también se refiere al tema.

La negra noche del alma es una experiencia de verdad; una experiencia que transforma definitivamente a quien la vive, de tal modo que ya nunca será el que era. Un punto de inflexión se ha dibujado en la trayectoria del sí mismo, y las cosas ya no volverán a ser como antes.

En opinión de Harold Kushner hay almas que nacen varias veces lo que supone  asumir cambios radicales en aquello que se creía.

Las almas nacidas dos veces son gente que ha perdido su fe y después la recuperó, pero su nueva fe es muy distinta de la que antes perdieron. (…) Su visión es menos alegre, menos confiada, más realista. (…) Me considero a mí mismo un nacido dos veces, y quizá nacido tres veces. Hay muchos dioses en los que creía y ya no creo, porque resultaron falsos.

Así las cosas –reiterando algunas de sus ideas- los autores citados nos dejan tarea: “¿cuántas vidas caben en una?”... “la magia de los inicios”… “estamos llamados a reinventarnos”… “ya nunca será el que era”… “las cosas ya no volverán a ser como antes”… “almas nacidas dos veces”… “muchos dioses en los que creía y ya no creo”…