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martes, 5 de marzo de 2024

Ni el sol se salva

 

Somos muchos quienes creemos que nos sería muy difícil, o de plano imposible, vivir en lugares donde el sol brilla por su ausencia y es que hay regiones en las que se hace del rogar. Aun cuando suena muy exagerado, dejo constancia del dato que ofrece Julia Muriel Dominzain en relación a Rusia: “Es raro que (…) durante todo el mes de diciembre de 2017 el sol haya salido seis minutos en total.”

Existe evidencia empírica en cuanto a que su reaparición después de varios días nublados o lluviosos (que también tienen su encanto), es celebrada con una notable mejoría en el estado de ánimo colectivo.

De ahí que con frecuencia quede asociado a la idea de fuerza, como dice Álvaro Cunqueiro: “Explotó de pronto el sol tal y como viene en Hölderlin: una fuerza irresistible armada de rayos” (…) En otras ocasiones al halago, referencia del mismo Cunqueiro: “(…) porque eres rubia, no debes huir en la noche, porque muchos verán el sol, escribió Al Safir al Taliq (…)” También se lo vincula a la alegría porque según Alfredo Mario Ferreiro: “El sol se ríe a carcajadas amarillas (…)” Y no puede faltar la celebración de la renovada sensación de asombro y admiración que provoca, porque según Hannah Jane Parkinson: (…) sabemos que el sol se pone todos los días y no por eso nos parece menos bonito verlo”.

Hubo épocas en que sus efectos en la piel ponían de manifiesto el hábito de trabajo a la intemperie, por lo que sectores dominantes pintaban su raya para que no se les confundiera; a ello se refiere Miguel A. Delgado

(…) [la historia que] llevaba a los nobles de hace siglos a presentar una tez lo más cadavérica posible como demostración de que apenas estaban al aire libre, no como las gentes que tenían que trabajar todo el día en el campo o yendo de aquí para allá, sin posibilidad de ponerse a resguardo del sol.

Pero las cosas cambian, tal como señala Delgado, a impulsos de las modas. “Como ya sabemos, se terminó por superar esa limitación, sobre todo cuando la piel morena se consideró bella.”

La historia continúa y no hace mucho que los médicos en general, y los dermatólogos en particular, han encendido las alarmas. Es la triste historia del amigo (al que se ha llegado a identificar como “el poncho de los pobres”) que puede devenir en adversario; nuevamente recurrimos a Miguel A. Delgado

(…) cabe suponer que, si un mínimo de racionalidad vuelve a imponerse, ahora que conocemos los enormes perjuicios que puede provocar en nuestra piel la exposición a la radiación solar, más pronto que tarde el bronceado, en especial el de las personas con una piel muy blanca, dejará de ser algo universalmente saludado para convertirse en la señal delatora de alguien más bien poco juicioso.

Se presentan también casos peculiares como el que narra José Jiménez Lozano de un amigo suyo que lo veía con desagrado, sino con franca aversión.

Yo he conocido a alguien que parecía tener algo personal con el sol (…). Creo que la tenía tomada con el sol, porque le parecía que era quien ponía fin a sus juegas nocturnas, y eso no se lo perdonaba. En cierta ocasión, le sorprendió de modo singular el amanecer, y respondió a otros juerguistas como él que le invitaban a ir a otro lugar a proseguir la diversión: “yo no voy, que ya está ahí ese”, refiriéndose al sol.

Y dejo a los especialistas que aclaren esa expresión tan mexicana que indica que a alguien “lo traen asoleado”.

En lo dicho, ni el sol se salva de ser causa de controversia

jueves, 26 de octubre de 2023

Una cura con consecuencias


La obra de ciertos artistas se encuentra asociada a los excesos en su vida. Ahora bien, está demás puntualizar que muchos bohemios con comportamiento disipado no han creado ninguna obra de arte; así las cosas: el exceso no es garantía.

Hecha la precisión anterior, no es secreto que algunos escritores se daban -y se dan- al vicio con todas las previsibles consecuencias a que ello puede dar lugar.

Por decisión propia o bien por influencia de familia y amigos, hay quienes han querido rectificar su rumbo.  Entre ellos -y sin que esto pretenda ser mala propaganda para Alcohólicos Anónimos e instituciones del mismo ramo- hubo ocasiones en que al dejar la bebida, con ella se fue también el genio.

Román Gubern presenta el triste caso de quien perdió su veta creativa a partir de sufrir un proceso de desintoxicación.

Jacinto Esteva encarnó modélicamente al artista de talento habitado por la necesidad de la autodestrucción. Su biografía, llena de excesos, merecería una novela cargada de episodios coloristas, como el de la partida de póquer en que, sin dinero en la cartera, en la alta madrugada se jugó y perdió a su esposa a manos de un italiano. (...)

En los años setenta Jacinto desapareció, pues fue a hacer una cura de desintoxicación alcohólica a los Estados Unidos. A su regreso, el vivaz, creativo y provocador Jacinto se había convertido en un abstemio soso y apático. Fue como si hubiese sufrido una lobotomía psíquica.

Este peligro que se corre con la rehabilitación no es exclusivo del rubro de la bebida.

Veamos lo que sostiene José Jiménez Lozano. “(...) Oídas a medias unas cosas muy científicas sobre ‘ludópatas’. No sé, pero yo conozco a dos: a Cervantes y a Dostoievski, y para éste sobre todo el juego resultó un drama.”

Y es entonces cuando Jiménez Lozano aborda la cuestión. “El problema está en saber si, después de que alguien le hubiera liberado a la fuerza de esos demonios del juego, hubiera seguido siendo Dostoievski. Es lo que no tengo claro.”


jueves, 28 de septiembre de 2023

Juicios sumarios

 

Es posible advertir -se lo ha señalado con frecuencia- que las opiniones que circulan en las redes suelen presentar juicios contundentes, descalificaciones, simplificaciones, etc., lo que dificulta el entendimiento, el intercambio de perspectivas. Es así como existen seguridades que atemorizan, certezas blindadas que encubren falacias.

Sin poner en entredicho lo anterior, es importante recordar que esta facilidad para emitir opiniones determinantes no es exclusiva de nuestro tiempo, ni de personas sin formación académica.

José Jiménez Lozano nos aproxima a ello y en un primer momento presenta el entorno del asunto.

El estilo ensayístico –incluido el ensayo filosófico e histórico- es cada día más contundente y seguro. Da un cierto miedo: está lleno de juicios sumarísimos y ejecuciones, ni una duda, ni ironía, ni melancolías. ¡Y eso que se habla de pensamiento débil!

Presenta un caso que permite ejemplificar la cuestión, teniendo como protagonistas a dos reconocidos intelectuales.

Me acuerdo de que Simone Weil dice que J. Maritain había deducido del famoso texto aristotélico sobre la esclavitud que nadie había condenado ésta en el mundo griego. Pero Aristóteles dice que algunos piensan que la esclavitud repugna a la naturaleza y a la razón, y entonces, la afirmación de Maritain es una calumnia contra toda una civilización, que habría que reparar, dice la Weil.

Una vez expuesta la situación, Jiménez Lozano concluye: “Y así es. Si no tenemos este escrúpulo, estamos perdidos: sólo serviremos para amonestar más palabras vacías o mortales, y hacer mayor la oscuridad.”

Finalmente digamos que hay un método infalible -muy recurrido en nuestro tiempo- para resultar victorioso en ciertos debates y que en pocas palabras explica Javier Ortiz: “(…) primero se dice que el contrario ha dicho lo que no ha dicho y luego se le condena sin apelación posible por haber dicho lo que no ha dicho.”

martes, 30 de mayo de 2023

La belleza discreta

 

El vínculo que llegamos a tener con los objetos es tema que requiere, y así lo haremos en otra ocasión, diversas consideraciones. Por el momento solo convengamos en que algunos de ellos se quedan en nuestra memoria a través de los años.

José Jiménez Lozano extrae un ejemplo de su baúl de los recuerdos “(…) platos blancos de barro con una lista azul por todo adorno: una belleza que me ha fascinado desde niño”. Seguro que muchos de quienes tenemos varios años de vida en nuestro haber, enseguida sabemos a lo que se refiere.

Luego Jiménez Lozano se detiene en la elegancia austera de la que era portador ese objeto: “Un plato no necesita más que esa lista azul para ser hermoso, y soberanamente hermoso”.

Claro que -continúa- sobre el diseño clásico pueden hacerse muchos cambios e innovaciones.


Todo otro adorno sobra y, si sobra, aunque se lo pongan en Sèvres, es retórica, barroquismo, engaño, trompe-l’oeil, sugerencia de que hay más de lo que hay, formas que no son necesarias al ser: el plato instrumentalizado con algún fin, una exhibición de algo, o un bibelot, platos de colgar en los que la forma –la decoración en este caso, que es la que revela, o encubre, o distorsiona al ser- ha robado al plato su ser de plato.

Concluye que estos nuevos diseños tienen lo suyo aunque con un pero. “Y entonces, podemos decir, sin duda, que son bonitos. Pero la profunda, simplicísima belleza del plato blanco con su lista azul ya no está ahí.”

Este pequeño recuerdo de Jiménez Lozano nos remite a la belleza sobria y deja planteada una serie de cuestiones como las referidas a la subjetividad en la apreciación estética, la importancia de los diseñadores, la innovación y sus límites, etc. ¡Casi nada!

Todo ello a partir de aquellos platos blancos con una línea azul…

jueves, 2 de febrero de 2023

Problema de hoy, que son problemas de ayer (y seguramente de mañana)

Muy difícil mantener la unidad en instituciones integradas por quienes tienen convicciones, principios, ideologías y situaciones tan diferentes. El ámbito religioso no es ajeno a ello aun cuando la fe profesada sea la misma.

En una simplificación que está muy lejos de reflejar la complejidad de la cuestión, hay quienes dividen el espectro entre progresistas y conservadores, pero ello no puede dar cuenta de lo que presenta múltiples aristas y tópicos.

En el caso de la Iglesia Católica -seguramente no muy diferente a otras- se identifica como progresistas a quienes empujan hacia cambios de consideración, buscando que la institución asuma actitudes más radicales. Frente a ello los sectores conservadores son percibidos como aquellos que en respuesta a lo anterior ponen el grito en el cielo y agitan las aguas, procurando detener lo que identifican como severo deterioro institucional, lo que además atenta contra la tradición.

Hay coyunturas históricas, como la actual, en que la problemática alcanza niveles de mayor difusión y algunos incautos consideran que están ante una situación inédita, cuando en realidad las cosas no son así.

Veamos algunos ejemplos a este respecto.

Cuenta José Jiménez Lozano que en 1891 “cuando León XIII publicó la [encíclica] ‘Rerum novarum’ (…) en España se hizo una comunión general y solemne para pedir por el Papa que se había vuelto socialista”. En relación a ello mismo Enrique Miret Magdalena añade que “se celebraban misas para que los católicos ¡rezaran por la conversión del Papa! Porque se veían con preocupación que fuera excesivamente progresista en el terreno social”.

En México las cosas no fueron distintas ya que en estos tiempos -sostiene Jiménez Lozano- “el obispo de San Luis de Potosí [sic] (…) tuvo los ejemplares de la encíclica guardados en una bodega hasta la revolución, por miedo a los ricos”.

Unos años después la polémica seguía presente en España; es Manuel Vázquez Montalbán quien se refiere a ello.

(…) me ha recordado la reacción de la derecha española durante la Segunda República [1931-1939] ante las propuestas de reforma agraria presentadas por la derecha civilizada. En el transcurso de una sesión parlamentaria, Jiménez Fernández, diputado del sector más progresista (…), presentó una propuesta de reforma agraria y para defender su propuesta utilizó encíclicas papales y la doctrina social de la Iglesia en su conjunto. Entonces, uno de los diputados de la derecha más ultra le dijo: “Como su señoría quiere quitarnos las tierras con ayuda de las encíclicas, nos vamos a hacer ateos”.

Pasan algunas décadas y resurge la cuestión, tal como lo comenta Monseñor Samuel Ruíz

[Los concilios] sólo son peligrosos para la Curia. Cuando murió en pleno concilio el gran Juan XXIII yo escuché a un monseñor de la Curia rezar por él. “Que Dios le perdone el daño que ha hecho a la Iglesia con este concilio”, rezaba.

Las preguntas son muchas ¿es un problema solamente de personas y grupos o será que la esencia, la doctrina y los textos fundamentales son incompatibles con ciertas ideologías y actitudes?

En lo dicho: problemas de hoy, que son problemas de ayer (y seguramente de mañana).

miércoles, 31 de agosto de 2022

El poder de la mirada

 

En un extremo están aquellos que no ven lo que miran, porque como afirma el dicho: pasan sin ver. En el otro, se sitúan quienes a partir de un simple vistazo pueden tener una visión completa de la persona, lugar o suceso del que se trate. Entre uno y otro estamos la mayoría de las personas.

En relación a esta cuestión, Henry James -citado por José Jiménez Lozano- ofrece un ejemplo de alguien con mirada privilegiada.

Recuerdo a una novelista inglesa, una mujer genial quien me contó que le alabaron mucho la impresión que había sabido dar en uno de sus relatos sobre la naturaleza y forma de vida de la juventud protestante francesa. Le preguntaron dónde había aprendido tanto sobre estos seres recónditos, y ella se había congratulado de sus propias oportunidades.

Pero, y aquí viene lo sorprendente, los trazos directos que pudo recoger estuvieron lejos, muy lejos, de ser algo especial.

Estas oportunidades consistían en que una vez, en París, cuando subía por una escalera, había pasado frente a una puerta abierta donde, en casa de un Pastor, unos jóvenes protestantes estaban sentados alrededor de la mesa, una vez terminada la comida. De un vistazo captó el cuadro; sólo duró un momento, pero ese momento fue una experiencia. Había captado una impresión personal directa y había formado su modelo…

Fue a partir de la escasa información obtenida que la escritora completó su cuadro. De acuerdo con Henry James aquella novelista inglesa “estaba adornada con la facultad de recoger ciento por uno” y fue gracias a dicho atributo que

[pudo] imaginar lo desconocido por lo conocido, de averiguar la implicación de las cosas, de juzgar el todo por una parte, la cualidad de sentir la vida en general tan intensamente, que va bien encaminado para conocer cualquier rincón especial de ella.

Sin dejar de tener en cuenta los grandes beneficios que esa habilidad aporta al artista, José Jiménez Lozano advierte también sobre sus riesgos.

Sí, así es; y es algo misterioso: como un don; pero fácilmente traicionable. Y se traiciona, cuando el escritor por su cuenta dice que hay más de lo que hay, que ha oído más de lo que ha oído, y visto más de lo que ha visto.

Por tanto es conveniente que al poder de la mirada, el artista agregue un poco de mesura para que aquella capacidad de recoger el ciento por uno no termine traicionando a su obra.

martes, 14 de junio de 2022

Periodismo independiente

 

No sé desde cuándo se ha puesto en circulación la expresión periodismo independiente. Como tantas otras: fácil de decir, difícil de sostener por la vía de los hechos.

Como es de suponer, los periodistas al tiempo que son vocacionales y disfrutan su trabajo, también aspiran a vivir, a tener una fuente de ingresos que les permita una vida digna.

Es imposible pasar por alto que los medios suelen responder a intereses de sus concesionarios, accionistas o propietarios y ello -como es esperable- en muchas ocasiones restringe en forma notable la independencia de quienes laboran en los mismos.

También está el papel que juegan los anunciantes, aquellas empresas que se publicitan en el medio y con ello aspiran a que las desprolijidades en sus políticas internas, ni los efectos nocivos que pudieran tener sus productos alcancen notoriedad pública.   

Ni se diga las presiones que sufren los periodistas por parte de los gobernantes de turno, tan conocedores de la trascendencia de cuidar su imagen pública. Es por ello que Miguel Ángel Aguilar -entrevistado por Daniel Ramírez- sostiene que

La libertad de expresión no se consigue de una vez para siempre. Está sometida a todos los agentes imaginables de la erosión. El poder siempre ha querido cercenarla. No sólo el político, también el deportivo, el sindical o el religioso. Todo poder es evangélico y quiere difundir su buena nueva. Por eso, cuando se establece, lo primero que hace es crear una oficina de prensa.

Sabido es que se paga por publicar, pero también se paga por no publicar. Con ese objetivo el poder acciona su estrategia: pasar el chayote, el sobre, aceitar la mano o tener un detalle con quienes difunden (y en muchas ocasiones, interpretan) el acontecer nacional. Al decir de José Jiménez Lozano:

La dinámica es siempre la misma: entrar de “criado” en casa de “los grandes”, servirles y, más tarde, recoger el premio a “tus talentos”.

En síntesis -tal como reconoce la expresión que tanto se ha difundido- “nadie paga para que le peguen”; es así como la independencia queda en entredicho.

Cuando algún funcionario quiere cerrar la llave, acabar con los usos y costumbres, debe saber que se mete en serios problemas; Jiménez Lozano da cuenta de una experiencia a ese respecto.

G. me cuenta –y me muestra- que cuando X fue alcalde de una cierta ciudad descubrió un “fondo de reptiles” para periodistas y lo suprimió. Así que, en seguida, comenzaron ciertas campañas de prensa contra él: toda una pintura al odio.

Más tarde, X fue asesinado, y creo que se encontró a sus asesinos, que adujeron motivaciones políticas argumentadas en aquella campaña.

Es una “parábola” kierkegaardiana.

Así las cosas, los periodistas independientes deben ser reconocidos por su valentía, su honestidad, su dignidad, que en no pocos casos los ha llevado al extremo de perder su vida en el ejercicio de la profesión.

martes, 29 de marzo de 2022

Contraindicaciones de las biografías

 

En otras ocasiones nos hemos referido al tema de las biografías, ahora volvemos a considerarlo desde otras facetas.

No cabe duda que esta actividad no se limita al ámbito profesional ya que como lo observa Cordwainer Smith -citado por Leo Maslíah- la biografía de cada persona es posible leerla en su rostro: “Sabía muy bien que todos llevan la biografía secreta escrita en los músculos de la cara, y que un extraño que se cruza con nosotros en la calle nos cuenta (quiéralo o no) sus intimidades más profundas.” Todos tenemos experiencia en el arte de leer el rostro de nuestros semejantes.

Ahora que si se trata de escribir una biografía, eso lleva su tiempo, más que el requerido por una novela. Antonio Muñoz Molina arriesga cantidades en esta cuestión: “Una novela suele ocupar plenamente la imaginación durante dos o tres años como máximo. Una biografía, a la manera británica o americana, puede requerir 10, 15, 20 años, la mayor parte de la vida (…)” Y a continuación se refiere al caso de una obra de largo aliento “como esa biografía monstruosa del presidente Lyndon Johnson que Robert A. Caro sigue escribiendo a sus 81 años, y que va ya por el quinto volumen”.

Un trabajo de esta índole implica un riesgo muy grande para la propia existencia, como lo ejemplifica Luis Ignacio Helguera: “Fue un biógrafo excelente. Se le fue la vida en escribir la de otros. Tarde reparó en que había olvidado vivir la suya.” Mientras que Antonio Muñoz Molina advierte al mismo respecto que: “El biógrafo quiere ser el autor del retrato más completo posible de su modelo y también su sombra. De tanto habitar en la vida de otro corre el peligro de ausentarse de la suya propia.”

Pero ni aún así se alcanza el objetivo trazado porque como afirma Muñoz Molina: “Cada vida humana es improbable y única. Cada una es un misterio.” Y para mayor claridad cita a Henry James: “Nunca pienses que puedes decir la última palabra sobre alguien”. Y en cuanto a lo anterior James Atlas corrige: “Tampoco la primera”.

Claro está que hay quienes declinan toda invitación a enfocar los reflectores sobre sí, como José Jiménez Lozano, quien en conversación con Gurutze Galparsoro, afirma

No es que no me guste hablar de mí, es que me disgusta: lo encuentro impudoroso, estúpido y aburrido. Las que me apasionan son las vidas de los demás: desde la de una princesa o un campesino de Mesopotamia hasta las más pequeñas vidas de los hombres y mujeres de hoy, y mejor cuanto más pequeños.

Por supuesto que el ansia de notoriedad constituye una gran tentación, porque pensándolo bien ¿quién quisiera que todos los actos de su vida quedaran registrados para la posteridad? Según Simon Leys

Toda vida deja atrás una acumulación de cachivaches rotos, extraños y a veces malolientes. Revolviendo allí, uno siempre puede desenterrar pruebas suficientes para demostrar que el difunto era a la vez monstruoso y mediocre. Esa combinación es muy frecuente…, y quien lo dude no tiene más que mirarse al espejo.

Es por ello que la simple presencia de un biógrafo en las cercanías debería encender las alarmas. Tan es así que Cioran -de acuerdo con Leys- “se preguntaba por qué la perspectiva de tener un biógrafo nunca disuadía a nadie de tener una vida”.

Dicen los que saben que quien inició el género biográfico fue James Boswell en el siglo XVIII con su reconocida obra en relación a la vida del doctor Samuel Johnson. Con ese cometido Boswell siguió a sol y a sombra a su biografiado, cumpliendo debidamente con lo que -de acuerdo con Simon Leys- sostenía el mismo doctor: “No puede escribir la vida de un hombre quien no haya comido y bebido y sostenido trato social con él.”

En otro orden de cosas, el biógrafo deberá emplear estrategias adecuadas para conocer realmente a su personaje, evitando con ello oropeles, disimulos e imágenes de diseño. Luis Chitarroni identifica una ayuda para enfrentar ese problema: “Liddell Hart y Tillyard habían propuesto para la aprehensión de la estrategia militar y la poesía, respectivamente, el acercamiento indirecto y la discreción oblicua. La vida no coincide con el artificio de contarla.” Así pues, la biografía tiene mucho que aprender de dicha estrategia.

Finalmente digamos que con frecuencia los biógrafos se desilusionan en el proceso de su labor y al conocer más a fondo a su personaje llega la hora del desencanto. Y es que, como afirma José Jiménez Lozano, “(…) el biógrafo se ha convertido un poco o un mucho en mayordomo de su biografiado, y ya se sabe que no hay hombre grande para su ayuda de cámara.”

miércoles, 6 de octubre de 2021

Estadísticas

El análisis de diferentes realidades se vería muy afectado si no contara con el auxilio invalorable de las estadísticas. De acuerdo con José Jiménez Lozano su relevancia es enorme particularmente en el mundo académico donde “los números han llegado a alcanzar una tal autoridad que es suficiente trazar un cuadro estadístico para que todo adquiera solidez de roca: en el fondo es el prestigio pitagórico o cabalístico del número” lo que es “paradójicamente algo irracional (…)”

Por su parte Wislawa Szymborska rememora el momento en que conoció tal disciplina en la consideración de una problemática muy significativa en su entorno.

Mi primer contacto con la estadística tuvo lugar bastante pronto: tenía unos ocho o diez años cuando fui con mi clase a una exposición de prevención contra el alcohol. Estaba llena de diagramas y cifras que, obviamente, no recuerdo. Por el contrario, sí recuerdo perfectamente una reproducción muy colorida, hecha con yeso, del hígado de un borracho. Una buena muchedumbre se congregó alrededor de aquel hígado. Pero lo que más nos fascinaba era un tablón en donde se encendía una lucecilla roja cada dos minutos. En la inscripción se explicaba que, cada dos minutos, moría en el mundo una persona por causa del alcohol. Todas nos quedamos petrificadas. Una de la clase tenía uno de esos relojes de pulsera y comprobaba con esmero y atención la regularidad de la lucecilla. Pero Zosia W. aún encontró un método mejor. Se santiguó y comenzó a orar por el descanso eterno de todos ellos. La estadística nunca ha vuelto a provocar en mí emociones tan inmediatas como aquellas.

Ahora bien, todos hemos escuchado aquello de que los números son fríos y que únicamente dan cuenta de lo que sucede cuando adquieren rostros. Albert Camus -citado por Javier Moreno- explica en La Peste que

(…) la única forma de hacerse una idea cabal, de no dejarse degradar por la inhumanidad de las estadísticas, consistiría en arrastrar los cadáveres víctimas de la plaga, la gran metáfora de la violencia del siglo pasado, a una playa cercana a Orán, colocarlos en un único túmulo y recubrirlo con los rostros de conocidos y amigos.

Otro reparo a la exactitud de los números lo presenta Macedonio Fernández: “(…) ¡cómo me gusta esta exactitud, que sólo las cifras proveen, pues en la realidad no la hay, por lo que las matemáticas son tan irrefutables como inofensivas!” Y concluye: “No debiera llamárselas ciencias, porque esta palabra impone a muchos espíritus y los descuida de disfrutar todo el humorismo que hay en ellas.”

martes, 11 de mayo de 2021

Historia clínica de Luis XIV

 

Tarde o temprano la enfermedad también alcanza a los poderosos de este mundo porque -como dice Josep Maria Esquirol- el ser humano es “vulnerable y está amenazado por la herida, la enfermedad y el envejecimiento”.

Describir con lujo de detalles cuestiones de salud, fuera del ámbito facultativo, es cosa de mal gusto por lo que Andrés Trapiello recomienda que “nunca hay que entrar en detalles, pócimas, análisis, cánulas, diagnósticos, tratamientos…”

Tal vez por ello los informes en relación al estado de salud de personajes prominentes habitualmente se mantienen bajo estricta reserva, pero aun así las filtraciones, también en este campo, siempre han existido. Ello permite a José Jiménez Lozano informar que “(…) la fístula anal del cardenal Richelieu que recibía a sus visitas en la silla donde defecaba, porque esta tarea podía llevarle horas, influía en sus decisiones políticas (…) de manera negativa, porque esa trabajosidad le inclinaba a denegar”.

Gracias a una de las muy recomendables reseñas bibliográficas de Wislawa Szymborska podemos asomarnos al estado de salud del rey Luis XIV.

En los archivos franceses se guardaba una auténtica rareza: el Diario de salud de Luis XIV, el cual fue sucesivamente pasando por las manos de todos sus médicos personales. Durante más de sesenta años fueron sistemáticamente anotando sus reales indisposiciones y cómo estas fueron sanadas.

Evidentemente -de acuerdo con Szymborska- dicho monarca no la tuvo nada fácil.

Pone los pelos de punta. Durante el tiempo descrito, a Su Alteza le realizaron más de dos mil lavativas. En el intervalo que transcurría entre ellas, le hacían vomitivos. Además, le sacaban sangre a todas horas, incluso cuando se sentía bien, “por precaución” y con dedicación, para depurarle el organismo…

Claro está que “después, naturalmente, había que tratar las consecuencias de ese tratamiento y, acto seguido, las consecuencias de tratar esas consecuencias…”, en un ciclo que parecía no tener fin.

Concluye Wislawa Szymborska que “el rey debió de ser un espécimen extraordinariamente fuerte, con unos genes programados para aguantar ciento veinte años de vida, ya que, gracias a esos métodos, vivió prácticamente hasta los ochenta años de edad”.

Los demás no corrieron con la misma suerte: “Sus súbditos vivieron menos. La media de edad se situaba en los veintiocho años”.

martes, 20 de abril de 2021

Un paseo por los olores

 

Partiendo de que la vida también está hecha de olores, Gabriela Arroyo Couturier sostiene que

 

(…) no oler es casi como no estar. (…)

No oler es como estar un poco enfermo, sentirse un poco mal: funcionas, pero no lo disfrutas.

Claro está que hay olores muy diferente por lo que mientras unos acercan, otros expulsan; Francisco González Crussí se refiere a ello

Así como los buenos olores parece que afirman la vida y animan a quienes los perciben, un mal olor desanima y quita gozo de vivir. El daño que hace es directamente proporcional a su intensidad.

 Quedémonos con los olores agradables que Andrés Trapiello sitúa al inicio del día. “A esa hora de la mañana uno no ve más que gente que va a trabajar y la calle huele bien, a pan recién hecho o a café.” Mientras que José Jiménez Lozano, de acuerdo con su diario, los descubre en una noche de mayo de 1991

Calor casi veraniego. (…) Hacía una noche espléndida. Paseo nocturno: el campo oscuro y silencioso –la luna estaba alta y su luz era muy débil casi parecía estar ahí sólo para presidir la noche-; olía a maravilla.

 Bendito quien comienza el día con olor “a pan recién hecho o a café” y concluye oliendo “a maravilla”. ¿Qué más pedir a la vida?

Ahora bien, de acuerdo con Arroyo Couturier el olfato tiene -como ningún otro sentido- un vínculo muy especial con las emociones.

El olfato es (…) el más emotivo de los sentidos, el más capaz de desencadenar emociones, recuerdos y hasta cambios en la conducta. Está mucho menos sujeto a la racionalización y a la clasificación a los que el cerebro somete a los otros sentidos, y por eso los olores son capaces de remontarnos a nuestra niñez, a la casa de la abuela, a unas vacaciones remotas.

Entonces, así como muchas veces se ha dicho que la patria son los sabores de la infancia, también podríamos agregar que es posible identificarla con los olores del pasado. Algo puede decirnos sobre ello Andrés Trapiello al hacer un recorrido siguiendo el rastro de olores de antaño.

Recordé aquellas tardes tan largas, esas horas eternas de las siestas del verano, metidos en aquella vieja y modesta tienda de ultramarinos, cuando las tiendas eran de ultramarinos, es decir, cuando en ellas se vendía aceite a granel, zapatillas de esparto y grandes bacaladas blancas que colgaban como ropa tendida.

Recuerdo el olor de la tienda a café recién molido, a los sacos de yute, a las estanterías con botellas de quina. Me han venido tantos recuerdos juntos, zurcidos, remendados, cosidos unos detrás de otros que no he sabido qué hacer con ellos (…)

 Y es así como llega a descubrir similitudes asombrosas entre los geranios y las personas.

El olor de los geranios, áspero y seco, no termina nunca de pertenecerle a esas macetas del balcón, como si hubiera, dentro de la misma planta, dos realidades desconocidas entre sí, la del perfume y la de las flores. En cierto modo, el mundo está habitado, sobre todo, por gentes que podrían ser geranios.

Para Max Aub el olor abre caminos veraces, creíbles, porque “con el olor no hay engaño, lengua universal, pupila siempre abierta (…)”

Por otra parte, el olor permite saber por dónde va la cosa (y es por ello que quienes no tienen buen olfato frecuentemente se relacionan con personas o situaciones muy poco recomendables). Héctor Zimmerman se refiere a ello


Sagaz

Calificativo que los romanos aplicaron primero a los perros de caza, pues en latín sagire quiere decir oler la pista. De allí viene sagax, que tiene buen olfato. Por extensión, significa astuto, prudente. De la misma familia es presagio, señal que permite olfatear el futuro.

Si el buen olfato de alguno de los improbables lectores de estas líneas le permite saber por dónde sigue la historia de nuestros días, favor de mantenernos informados al respecto. 

Le guardaremos eterna gratitud.

jueves, 24 de diciembre de 2020

La promoción de Cristo

 

En horas previas a la Navidad de este año 2020 en el que -al decir del poeta Ramón López Velarde- han soplado “los vientos del infortunio” (¡y vaya de qué manera!) rescato el siguiente texto de José Jiménez Lozano en su libro Un cristiano en rebeldía (Salamanca, Ediciones Sígueme, 1963).

Me permito tomar algunos fragmentos del artículo que titula “Los benditos infelices”.

Siempre me he imaginado la muerte de los niños judíos de Belén y su comarca, decretada por el rey Herodes, a esta prima hora de las mañanas de invierno en las que el sol se anuncia con un resplandor rojizo que va levantando la bruma. El pelotón de soldados, destinado a aquel asesinato que los políticos de nuestro tiempo llamarían “operación de limpieza”, o “tareas de seguridad”, irrumpiría aún de noche en las casas y sorprendería a los pequeños durmiendo o tomando el pecho de sus madres; quizá llorando los dolores de los primeros dientes.

Pero, al poco tiempo, todo el poblado de Belén y sus alrededores eran solamente un grito, mil gritos de mujeres enloquecidas y manchadas de sangre. Y desde entonces para acá, en las últimas horas de la noche y primeras de la mañana, todos los fusilados, los torturados, los perseguidos sacados de sus lechos y sus casas, de prisa porque el sol debe encontrarles ya muertos o humillados, han conocido millones de veces los mismos temblores y lanzado los mismos gemidos. Todos ellos forman el cortejo del Cristo ensangrentado del que son las primicias aquellos niños que aún olían a leche y todavía no balbucían.

Los tiranos, como Herodes, temen siempre que se les arrebate su poder y sieguen asesinando sospechosos y revoltosos. (…)

Son una fila interminable tras aquellos pequeños de Belén que siguen al Cordero, al Inocente, al Gran Niño, en quien persistió la niñez hasta la muerte, como dice [Carlos] Péguy.

Y el poeta hace luego decir a Dios que Él prefiere a estos infantes de Belén, entre otras razones, porque son “de la promoción de Jesús”, de su edad, como el padre de familia ama a los compañeros de escuela y juegos de sus hijos. Pero Dios, además, les prefiere porque pagaron por su Cristo, porque murieron en lugar de Él. Como siguen pagando y muriendo los inocentes de hoy. El mundo no puede ya asesinar a Jesús y entonces asesina y estruja y desprecia a sus testigos: a los pequeños inocentes, niños o pobres, a todos los que no tienen defensa y no entienden nada del juego de la vida. Y cada amanecer cuenta así con el resplandor rojizo del sol que se anuncia y el terrible esplendor de la sangre de los inocentes. Una sangre por la que será juzgado este mundo y cada uno de nosotros.

Por esos mismos inocentes sentados en sus tronos junto al Inocente. Son ellos los reyes y no nos faltarán nunca aquí abajo. Conservan en el mundo el olor a leche, a gracia, a evangelio, a retama. Son la sal por la cual este mundo no estará nunca podrido del todo, ni sin posibilidad de salvación y alegría. Son los bienaventurados tontos, los benditos infelices, los tiernos inocentes, la promoción de Cristo.

Esto escribía José Jiménez Lozano en 1963.

¡Feliz Navidad!

miércoles, 30 de septiembre de 2020

Justicia y belleza

 

Todo parecería indicar que la justicia y la belleza tienen mucho que ver la una con la otra. Es más, que la justicia representa una manifestación de la belleza.

Sin embargo, José Jiménez Lozano no coincide con ello.

Las gentes incendiaron bellezas arquitectónicas, murales, iconos, objetos preciosos en la guerra civil española, sin ir más allá, con la furia de Savonarola o de los movimientos “quiliásticos” medievales: para destruir la corrupción, por puritanismo y vindicta.

No vaya a pensarse -continúa Jiménez Lozano- que este desencuentro es cosa del pasado. “Y el equívoco continúa: el amor de la justicia excluye al de la belleza, y el de la belleza no parece sensible a un rostro desfigurado por la desgracia.”

Finalmente pregunta y contesta. “¿Se soluciona todo renegando de ambas? Eso parece pensar nuestro mundo, y así se resuelve esa ‘dialéctica’ en la ‘platitude’ más absoluta.”

miércoles, 19 de agosto de 2020

Tommaso Campanella y el dentista


Al conocer las tribulaciones que muchas personas sufrieron a lo largo de la historia (remota y reciente) así como la dignidad con que resistieron, invariablemente me pregunto: ¿cómo hicieron?, ¿cómo aguantaron?, ¿cómo no acabar dando la declaración que los verdugos esperaban?

Fernando Escalante Gonzalbo presenta el perfil de uno de ellos.

Es casi inevitable simpatizar con Tommaso Campanella (1568-1639): fraile dominico, agitador, acusado varias veces de herejía, conspirador, torturado por la Inquisición, preso en las cárceles del Santo Oficio por más de treinta años, que vivió a la espera del fin del mundo, acosado por terribles figuraciones astrológicas (…)

Conocer los detalles de su proceso con las torturas a que fue sometido, impresionó a José Jiménez Lozano.

Touché por este terrible pasaje del proceso inquisitorial de Campanella: el de la puesta a cuestión de tormento en el caballete. (…) Y así estuvo durante treinta y seis horas ante sus jueces y sus verdugos.
Cuando atravesaba la sala real iba rezongando, y un alguacil le oyó que decía: “Ils pensaient que je serais assez couillon pour parler” [pensaron que sería tan idiota como para hablar].

Jiménez Lozano también se hace las preguntas que formuláramos al inicio.

Se sienten escalofríos al sólo pensar que a uno podría pasarle lo que a Campanella. ¿Cómo resistir la tortura? ¿De dónde sacar las fuerzas? ¿De qué madera estaban hechos estos hombres? Uno se siente ante ellos, como un niño ante un Tarzán: por dentro y por fuera.
Tomo con fuerza mi volumen de La ciudad del Sol, a ver si se me contagia algo esa fuerza de su autor. Tenía poder para soñar, porque tenía poder para resistir y para reírse de sus verdugos.

Es así que llega la comparación que tan mal parados nos deja; prosigue José Jiménez Lozano: “¡Qué vamos a escribir nosotros que no pasamos calor en verano, ni frío en invierno, y que no soportamos a palo seco un dolor de muelas!” Y termina con una confesión al respecto

El amigo E. sabe muy bien que en “el sillón de tortura” de su clínica no soy Campanella precisamente. Y no duele nada, sólo se trata de la territio: las tenazas, las agujas, las palas de hurgar, que tienen nombres técnicos pero son para mí como instrumentos de “la puesta a cuestión” o tortura.

Hay veces en que es necesario leer a otros para comprender mejor lo mismo que en tantas ocasiones uno piensa y siente.

jueves, 13 de agosto de 2020

Teatro de lo cotidiano

Hay historias que parecen tomadas del teatro. El hecho lo cuenta Ernst Jünger y es retomado por José Jiménez Lozano. Aquí solamente proponemos dividirlo en actos.

Primer acto

(…) una mujer (…) se entera de que su marido va a ser liberado del campo de concentración después de la guerra, y le envía, de todos modos, un paquete con viandas.

Segundo acto

Pero el marido sale del campo antes de lo previsto y se encuentra a su mujer con su amante y dos niños.

Tercer acto

En el campo de prisioneros, los compañeros del liberado se reparten su paquete, naturalmente. Pero, tras consumir la mantequilla, mueren. Estaba envenenada con arsénico.

El epílogo Jiménez Lozano lo presenta en dos momentos. “Sófocles, Eurípides y Shakespeare siguen estando ahí: estos son sus temas.” Por lo tanto: “Es una insolencia que los psicólogos, los criminalistas y los periódicos hablen de estas cosas para darnos sus versiones tranquilizadoras.”                                  

miércoles, 22 de julio de 2020

Faraones de la radiación


Como estamos acostumbrados a los grandes números hay noticias que pasan desapercibidas porque tratan de cifras menores pero hay quienes no están dispuestos a dejarse ganar por la resignación o la indiferencia. Un ejemplo de ello es José Jiménez Lozano para quien aquel suceso, seguramente publicado en un texto perdido en las páginas interiores del periódico, no pasó inadvertida.

En Brasil, dos cadáveres de personas, muertas de radiación atómica, en uno de tantos accidentes de las absolutamente seguras centrales nucleares, han sido enterrados en ataúdes de plomo a una gran profundidad.
Es posible que, en torno a su sepultura, por algún que otro fallo estadísticamente inevitable, se produzcan algún día fenómenos extraños. Pero, en cualquier caso, estos dos muertos serán dos testigos seguros, el Día del Juicio o Crisis de la estupidez y la iniquidad de este mundo.

El entierro de esas personas anónimas -prosigue Jiménez Lozano- remite al de grandes personajes de la historia debido a que “los ataúdes pesaban cada uno seis mil kilos: han enterrado a esos desgraciados con mayor cuidado y terror que a los antiguos Faraones.”

viernes, 17 de julio de 2020

Vivir el presente mirando al pasado y al futuro


Hay momentos en la vida en que se vuelve sumamente recomendable salirse del tiempo presente; según José Jiménez Lozano fue Bernardo de Claraval quien en el siglo XII hizo un importante aporte al respecto.

Entre tantas formulaciones maravillosas y mágicas de este hombre está la de llamar al Oficio, el canto de las horas, “memoria futurorum”: el recuerdo de las cosas futuras, cuya finalidad es que, con su belleza, aplaque la ansiedad de la espera y apunte algo del misterio de lo que se espera.

El mismo Jiménez Lozano presenta otro ejemplo, en este caso de su tiempo, donde la mirada se vuelve hacia el pasado.

La fórmula en cuestión la he recordado cien veces cuando me he acercado a gentes que se estaban contando cosas en la solana y, cuando les he preguntado qué hacían, me han contestado que contándose y recordando, porque ya eran viejos y sólo les esperaba la muerte y si, detrás, hay algo. Es decir: el recuerdo de vidas de hombres e historias de hombres como “memoria futurorum”, porque ese recuerdo se convierte en el presente y futuro de sus vidas. Quieren seguir viviendo en suma. Y, entonces, me he dicho: “tienes que hacer bien el oficio para aplacar la ansiedad, dulcificar la espera”.

Así tanto en el siglo XII como en el presente se trata, en palabras de José Jiménez Lozano, de “aplacar la ansiedad y dulcificar la espera”.

jueves, 2 de julio de 2020

Lo demás, lo demás pueden llevárselo


Pocos son quienes como San Juan de la Cruz (siglo XVI) se caracterizaron tanto en lo que hace a su vida mística como por la lucha que dieron -y que en su caso lo llevó a la prisión- contra las estructuras de poder de su tiempo (en lo que a él atañe en la reforma de la orden del Carmelo). Enrique Dussel cuenta una anécdota que lo pinta de cuerpo entero

(…) como decía San Juan de la Cruz a un hermano observante estricto: “¡Cuídate de ir a Roma, partirás descalzo (reformado) y volverás calzado (corrompido)!”

De acuerdo con José Jiménez Lozano sus enemigos no solo procuraron quebrantar al fraile sino también al escritor.

Dice J. Baruzi que las persecuciones dirigidas contra Juan de la Cruz no sólo lo fueron contra el fraile metido de lleno en la lucha reformista de la Orden, sino quizás también contra el escritor para dificultar o destruir su labor creadora, y escribe: “Hay muchas maneras de destruir a una persona respecto a su destino espiritual y, para lograrlo, no siempre es necesario quemar manuscritos. Basta con destrozar su alegría interior y el ardor de sus ideas”.
Lo anterior le permite concluir a Jiménez Lozano que “(…) muchos quedaron así liquidados. Es preciso estar sobre aviso: que nadie te quite la alegría interior. Lo demás pueden llevárselo”.

viernes, 12 de junio de 2020

Ernst Toller y las golondrinas

Pequeñas historias que dicen mucho. Tal es el caso de la que conocemos por medio de José Jiménez Lozano.


Toller (…) estuvo comprometido con la República de Munich, y fue encarcelado. En su celda las golondrinas hicieron un nido, y el poeta escribió un poema que se consideró subversivo. Cuando al año siguiente las golondrinas volvieron, los guardianes destruyeron el nido; pero las golondrinas tornaron a hacerlo, y “la lucha duró siete meses entre las fuerzas unidas de Baviera y los pequeños pájaros”, hasta que éstos dejaron de construir nidos y pasaban la noche en la celda, acurrucados el uno junto al otro.
Toller sacó clandestinamente de la cárcel su Libro de las golondrinas. Una historia universal, ¡tan diferente de la de los hombres! ¡Tan necesaria para éstos!

Es todo.

miércoles, 26 de febrero de 2020

Tarea compleja la de escribir sencillo


Hay escritores con los que nomás no se puede, no hay ni para dónde hacerse por lo que es recomendable mantenerse a prudencial distancia de ellos. Es posible que en muchos casos no sea su culpa sino de la escasa formación del lector. 
Existen distintos tipos de escritores entre los que encontramos a aquellos que nadie lee (tal vez ni ellos mismos). Otros orientan su obra a la elite intelectual que les puede seguir la letra. Están quienes apuntan al lector de poca o escasa preparación. 
Pero también hallamos escritores que se dirigen a todo el público lector mediante una sencillez de lenguaje que no es nada fácil de adquirir, tal como lo reconoce Pierre Lemaitre.
Es muy difícil escribir sencillo. Es lo más difícil que hay. Escribir de forma barroca es muy fácil. La gente piensa que como es fácil de leer, es fácil de escribir. (…) Una página y media de Nos vemos allá arriba me llevó una semana de trabajo. El lector la lee en 45 segundos. Pero si lo hace en 45 segundos es porque está bien escrita.
Es importante precisar que la sencillez de escritura no necesariamente conduce a la trivialidad y de ello Tolstói sabía mucho: “Cuanto más verdaderamente sabio es un hombre, más sencillo es el lenguaje en el que expresa su pensamiento.” 
Así pues hay quienes en forma accesible escriben sobre temas profundos, lo que –de acuerdo con José Jiménez Lozano- implica mucho trabajo.
(…) la sed no se apaga sino con agua de manantial, y así es la sed de lo que es una narración o un poema que se busca. Lo que pasa es que, para hallar esa agua, hay que cavar un pozo inmenso y que se nos conceda encontrar una veta pura. Porque siempre la claridad –luz o agua- es un don. No se sabe de dónde viene, sólo se sabe que hay que cavar mucho, esperar mucho, y que quizás no se nos dé.

Tal vez por ello en muchas obras de estos escritores no leemos el libro sino que lo vivimos, como Stefan Zweig afirma que le sucedió con Job de Joseph Roth.

Y en estas cuestiones de libros vividos, cada quien tiene su lista.