Mostrando entradas con la etiqueta Octavio Paz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Octavio Paz. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de abril de 2020

En tiempos de pandemia: aprendizajes para recordar


En un artículo anterior me permití discrepar nada menos que con Fernando Savater (http://habladuriacronicasdelocotidiano.blogspot.com/2020/04/no-don-fernando-esto-no-se-acabo.html).  

En los días de encierro, al igual que todos, estoy teniendo ciertos aprendizajes que –para que no queden tan solo en un conjunto de buenas intenciones- quiero recordar y es con esta intención que los enuncio a continuación:

*En momentos críticos quisiéramos vivir en el marco de sociedades: armoniosas, justas, incluyentes, con recursos económicos, instituciones sólidas, normas que se respeten, dirigentes preparados, periodismo plural y honesto...

Antes hay que construirlas

* Como dice Luz Sánchez-Mellado: “Las crisis nos retratan mejor que las rectoscopias. (…) Mientras unos reman a todo bíceps y aplazan el legítimo motín para cuando la vía esté taponada, otros, hartos de pan y wifi en casa o el despacho, reparten sumarísima justicia tuitera sin aportar más que su veneno.”

* Estamos viviendo una situación de por sí muy dolorosa (Covid-19) que se agrava por las condiciones sociales de injusticia, corrupción, impunidad y violencia (organizada, poco organizada, desorganizada) en que nos encuentra.

* La prioridad de la hora es irrenunciable: actuar en forma solidaria.

* Son momentos que se prestan a sentir miedo al mismo tiempo que mucho enojo. Las fronteras entre uno y otro pueden ser difusas.

* Los intereses no descansan y por tanto hay periodistas, políticos, empresarios, intelectuales, etc., que buscan "gestionar" el enorme caudal de enojo social hacia sus objetivos personales y corporativos, en el afán de seguir conservando sus privilegios.

* Ante ello es importante reivindicar el derecho a dirigir el enojo hacia donde lo oriente el análisis de causas que cada quien realice libremente.  

* Llegará el momento de actuar solidariamente para cambiar las condiciones sociales que agravan este momento.

*Son muchos quienes al ver de qué dolorosa manera se ponen de manifiesto las consecuencias de sus propios actos, pasan a ejercer el que Manuel Rivas identifica como el oficio más antiguo del mundo: mirar para otro lado.

Las responsabilidades siempre hay que facturárselas a otros. ¿Será esto lo que Pascal Bruckner identifica como la tentación de la inocencia?

*“La credibilidad es hoy un bien escaso en México. Uno podría pensar que hace algunos años estaba diferenciada: los mexicanos no le creían a los partidos políticos, pero sí al instituto electoral; no le creían al gobierno, pero sí a la sociedad civil; no le creían a algunos medios informativos, pero sí a otros. Hoy, con mediciones de encuestas sobre el tema, podemos ver que la falta de credibilidad incluye a la propia sociedad civil. (…)

Es notable el desdén con el que la ciudadanía trata la información a la que está expuesta. (…) la incredulidad refleja muy probablemente el hartazgo con el estado de cosas.

A los políticos en México se les cree poco o no se les cree, pero los medios de comunicación y las redes sociales no están mucho mejor. Incluso las organizaciones de la sociedad civil comparten hoy bajos niveles de credibilidad, junto con los medios y con las redes sociales, todas por debajo de un tercio de la población nacional que dice creerles mucho o algo. Esto comparado con 1 de cada 10 que dice creerle a los políticos. (…)

Habrá que preguntarse qué necesita la sociedad mexicana para refrescar sus bases de confianza y de credibilidad.”

                                   (Alejandro Moreno. Este País, junio de 2017)

Siempre, pero más aún en este momento que atravesamos, valoramos la credibilidad como bien fundamental que hace posible una convivencia más armónica en nuestras sociedades.

Y esto no podemos encargar que nos lo traigan en un vuelo humanitario junto con los equipos que hoy tanto se necesitan.

*No puedo asegurar que la noticia sea verdadera: algunas fuentes señalan que en las compras de ventiladores y otros equipos médicos realizadas por los gobiernos en estos días, se ha recurrido a intermediarios que han inflado notablemente los precios.

Ojalá y no sea cierto.

En el caso que lo sea:

a) no entiendo entonces para qué tantos agregados comerciales en las embajadas, tantos tratados de colaboración entre países;

b) claro que hay que ganarse la vida, pero hay de formas a formas;

c) declaro a tales mercaderes (intermediarios, jefes de compras beneficiados con la adquisición, etc.) personas non gratas en mi horizonte personal.

Sí, aunque ello los tenga sin cuidado alguno.

*Según lo señala Pablo Mendelevich: “La frase ‘cuanto peor, mejor’ la esculpió, al parecer, un revolucionario socialista ruso del siglo XIX (…) Nikolái Gavrílovich Chernyshevski, cuyos escritos inspiraron a Lenin.”  

Me cuesta mucho creer -y ojalá que mi percepción sea errónea- que desde opciones ideológicas muy diferentes a las que dieron lugar a la frase aludida, haya tantos que en estos difíciles momentos militen a favor de dicha causa.

A ellos también los declaro personas non gratas en mi horizonte personal.

Sí, aunque no les inquiete en lo más mínimo.

*En la evidencia de la crisis provocada por años de complicidad (en el peor de los casos) o ineptitud (en el mejor), invariablemente llega el momento en que los piromaníacos de ayer presumen ser los bomberos de hoy.

* Es curioso -por decir lo menos- que quienes consintieron o, peor aún, generaron las causas hoy se indignan al ver las consecuencias.

Y así es como surge un nuevo movimiento de indignados. Palabra que, por lo visto, ya está dando para todo.

*Finalmente, no quiero olvidar aquellas palabras de Octavio Paz:

…para que pueda ser he de ser otro,

salir de mí, buscarme entre los otros,

los otros que no son si yo no existo,

los otros que me dan plena existencia,

no soy, no hay yo, siempre somos nosotros…

Estos aprendizajes aspiran a no ser efímeros, a quedar en la memoria para que puedan motivar algunos cambios en la forma personal y social de vida. Es por ello que la respuesta a Savater concluía diciendo:

No, don Fernando. En muchos sentidos, esto apenas está empezando.

----------------------------------

Dicho lo anterior –y para expresarlo en el lenguaje habitual en estos casos- Habladuría regresa a su programación habitual.

sábado, 16 de diciembre de 2017

Fuera de lugar


Hay momentos en que uno se siente fuera de sitio. Y esto puede suceder respecto a familia, grupo, estudio o trabajo, ciudad, región, país, mundo… Esa sensación a veces tiene que ver con los demás mientras que en otras circunstancias la cuestión es fundamentalmente con uno mismo. 
Es posible que algo de esto viviera Octavio Paz cuando escribió:
Voy y vuelo, me revuelvo y me revuelco, salgo y entro, me asomo, oigo música, me rasco, medito, me digo, maldigo, cambio de traje, digo adiós al que fui, me demoro en el que seré. Nada me detiene. Tengo prisa, me voy. ¿Adónde? No sé, nada sé -excepto que no estoy en mi sitio.
Desde que abrí los ojos me di cuenta que mi sitio no estaba aquí, donde estoy, sino en donde no estoy ni he estado nunca. En alguna parte hay un lugar vacío y ese vacío se llenará de mí y yo me asentaré en ese hueco que insensiblemente rebosará de mí, pleno de mí hasta volverse fuente o surtidor. Y mi vacío, el vacío de mí que soy ahora, se llenará de sí, pleno de ser hasta los bordes.
Tengo prisa por estar. Corro tras de mí, tras de mi sitio, tras de mi hueco. ¿Quién me ha reservado este sitio? ¿Cómo se llama mi fatalidad? 
Tal vez el poeta está diciendo de otra manera lo que en México el saber popular define con el conocido: “no me hallo”.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Los nombres de la muerte


En muchos países no está bien visto mencionar a la muerte, hay que aludir a ella valiéndose de eufemismos y en lo posible hacer como si no existe. ¿Temor? ¿Superstición? En el caso de México es diferente y a ello se refiere Octavio Paz: “Para el habitante de Nueva York, París o Londres, la muerte es la palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente.” Y aclara Paz que no se trata de que el mexicano no le tenga miedo.

Cierto, en su actitud hay quizá tanto miedo como en la de los otros; mas al menos no se esconde ni la esconde; la contempla cara a cara con impaciencia, desdén o ironía: "si me han de matar mañana, que me maten de una vez" (...). El mexicano no solamente postula la intrascendencia del morir, sino la del vivir. Nuestras canciones, refranes, fiestas y reflexiones populares manifiestan de una manera inequívoca que la muerte no nos asusta porque "la vida nos ha curado de espantos".

Así las cosas dudo que haya otro país en que existan tantas maneras de referirse a la muerte como el caso de México. Eulalio Ferrer -retomando los estudios de Juan Miguel Lope Blanch- enuncia una recopilación de estas expresiones.

(…) se encuentran entre otros, los siguientes sinónimos de la palabra "muerte": parca, calaquita, pelona, calva, caneca, canica, cabezona, mocha, copetona, segadora, tolinga, jedionda, apestosa, dientona, la huesuda, la sin dientes, la mera dientona, la tembeleque, la sonrisas, la tostada, la flaca tilica, la fláutica, la dama de la guadaña, la danza del alba, doña osamenta, doña huesos, María Guadaña, patas de catre, patas de alambre, patas de hule, patas de popote, patas de ixtle, patas de araña, la lengua de hilacha, la pepenadora, la afanadora, la enlutada, la dama del velo, la impía, la novia fiel, la bien amada, la amada inmóvil, la cutacha, la siriquisiaca, la pesteada, la hora de la verdad, la hora, la hora de la hora, la mera hora, la pálida, la blanca, la polveda, la triste, la catrina, la llorona...Y la chingada, explicada por Octavio Paz en su conocida obra El laberinto de la soledad. Sin olvidar que, por una extraña referencia a la farsa inglesa estrenada por Brandon Thomas, en 1892, Charley's Aunt, en México también se conoce a la muerte como "la tía de las muchachas". Para muchos escritores mexicanos el mejor sobrenombre de ella pudiera ser "la fría", en tanto que el español Luis Carandell prefiera por su lado, llamarla "la cierta".
De una riqueza comunicativa sin igual, los dichos populares mexicanos concernientes a la muerte han convocado el interés de no pocos investigadores de la lengua. Algunos de estos dichos constituyen originales eufemismos mortuorios: "durmió el sueño de la tierra", "ya se peló", "ya se lo cafetearon", "colgó los tenis", "estiró la pata", "se petateó", "se le acabó la gasolina", "le falló la maquinaria", "quedó fuera de circulación", "entregó el equipo", "salió con los tenis por delante", "se puso la pijama de madera", etc. Expresiones en algunos casos muy cercanas a los eufemismos creados en otros países hispanoamericanos, como "fulano no volverá a ir en tranvía", "colgar los guantes" y "se olvidó de respirar" de Chile; "zutano pasó a la indiferencia" de Bolivia; "crepar" y "cantar para el carnero" de Argentina; "parar los tarros" de Colombia; "quebrar" y "raspar" de Venezuela; "cantar flor" de Uruguay; "tistear" y "volar" de Nicaragua; "patear la cubeta", "diñarla" y "espicharla" de Guatemala. 

La lista puede completarse con los aportes de Francisco Padrón en relación a la misma cuestión.

El poco respeto que infunde la muerte se deja ver en las denominaciones de que se dispone popularmente para llamarla. (…)
Para indicar que alguna persona ha fallecido, existen infinidad de expresiones populares, no pocas de ellas muy vulgares. Las siguientes equivalen a haber muerto: Estiró la pata, dejó el pellejo, entregó la pelleja, entregó el equipo, entregó la herramienta, alzó los tenis, levantó los tenis, volteó los tenis, estiró la chancla, clavó el pico, se quedó serio, se quedó frío, se quedó tieso, se espichó, dio el changazo, ripió (de R.I.P.), cerró los ojos, acabó, mordió el polvo, entregó el alma, se noquió. Otras formas de decir lo mismo: ya estuvo pepe, se lo llevó la enlutada, se lo llevó candingas, se lo cargó la flaca, se lo cargó la pachona, se peló con la huesuda, le llegó la raya, se lo fildeó la pelona, se lo llevó la tía de las muchachas. (…)
Queriendo decir que alguien murió, hay estas otras maneras de expresarlo: pegó botones, ya ahuecó, ya ahuecó el ala, peló gallo, se peló de casquete, se peló, mascó el freno, metió reversa, metió los frenos, salió de pies, se torció, se entiesó, se lo llevó el tren, se fue pa California, se fue p’al otro barrio, ni adiós dijo, se quedó vano, se lo llevó la tolinga, se amorteció, o se quedó toditito amortecido.
Para otros, todo esto se puede expresar indicando que ya cargó con su equipaje, que ya cargó con sus petacas, que ya levantó el puesto, que se petateó, que levantó su petate, que ya sacudió su petate, que perdió la zalea, y que estacó la zalea.

Para Rafael Barajas, El Fisgón, la sabiduría de los refranes populares está en aceptar con resignación –en este momento en que es más oportuno que nunca el tan usado “ni modo”- la llegada de la muerte. 

Decenas de refranes populares mexicanos insisten en la idea de que debemos resignarnos a morir. Algunos de estos dichos son reflexiones filosóficas populares cargadas de estoicismo: "Cuando venga la calavera a buscarme, no voy a achicopalarme".

Una vez más en este 2 de Noviembre, Día de Muertos, los cementerios están llenos de personas que traen a la vida el recuerdo de sus seres queridos que se  adelantaron en el viaje. Habrá buena comida, música y tragos. Tal vez por ello Andrés Iduarte señala 

(…) me dan más tristeza los limpios y verdes cementerios de este país [Estados Unidos] que los opulentos y adornados, y aún que los pobres y agrestes de nuestro México. 
(…) cuando veo estos cementerios tan lindos, tan peinados, tan quietos, pienso que los que allí están son muertos-muertos: los que nunca vivieron.


martes, 19 de enero de 2016

El alcohol entre letras y acordes


Existe una larga lista de escritores, músicos, artistas en general, que aceitaban (y a no dudar que hay quienes siguen cultivando el oficio) su creatividad con unos tragos. Claro está que mucho más numeroso es el grupo de quienes entrándole al beberaje no destacan como artistas.

Manuel José Othón, destacado hombre de letras, no le hacía el feo a la beberecua y decía, según Artemio de Valle-Arizpe, que

(…) él únicamente se emborrachaba por cualquiera de estos tres motivos:
"Primero, por el día de mi santo, como es muy natural, o, por solidaridad, el día del santo de algún amigo.
"Segundo, por las fiestas patrias, en memoria de nuestros gloriosos caudillos, porque no quiero deslucirlas como buen mexicano que soy. Otros matarán y herirán en honor de Hidalgo, o echarán gritos inflamatorios en su honor, yo contribuyo espontánea y modestamente a su lucimiento, emborrachándome; y
"Tercero, por cualquier motivo."

Otro que no cantaba mal las rancheras fue José Revueltas y en ocasión de que le preguntaran ¿Usted bebe?”, respondió: “Muy poco, pero sin interrupciones”. Elena Poniatowska da cuenta de las singulares gelatinas que las correligionarias le hacían llegar  a este notable escritor durante su cautiverio.
 
La amistad y el ingenio se forjan en las circunstancias más adversas. Entre otros muchos actos de heroísmo, las mujeres se las ingeniaron para hacer gelatinas con vodka lo cual ayudó a que José Revueltas escribiera su notable novela El apando a lo largo de un mes bajo la mirada de su compañero de celda, Martín Dozal.

(Dicha obra dio lugar a la película homónima dirigida por Felipe Cazals en 1975 y en la que actúa nuestro amigo José Carlos Ruíz interpretando el papel de El Carajo).

No faltó el caso de otro destacado miembro de la talentosa familia Revueltas -al que alude Diana Bracho- a quien obligaron hacer un breve paréntesis en la ingesta de alcohol, para que pudiera concluir su compromiso creativo.
 
Contaba mi papá (Julio Bracho) que a Silvestre (Revueltas), que era un genio, lo tuvieron que encerrar para que no tomara y escribiera la música para Redes, tenía que entregar la partitura para que la grabaran con la orquesta. Así que lo encerraron en Bellas Artes, en un salón de ensayo con un piano. Sólo le abrían la puerta, le metían la comida y le volvían a cerrar. “Hasta que no escribas la partitura no te vamos a dejar salir”, le decían. Creo que estuvo ahí tres días. Silvestre les gritaba: “¡Ábranme, tales por cuales!” Al final salió con la partitura... Eran muy buenos amigos.
 
Las historias con alcohol no siempre –es más, muy a menudo-  terminan bien. Octavio Paz presenta en su poema Pasado en claro (1974), citado por Héctor de Mauleón, una dolorosa evocación de la muerte trágica de su padre acaecida en 1934  
 
Del vómito a la sed
atado al potro del alcohol,
mi padre iba y venía entre las llamas.

Por los durmientes y los rieles
de una estación de rocas y de polvo
una tarde juntamos sus pedazos.

Los beneficios del alcohol son innegables tanto como las tragedias que puede ocasionar.

Cuestión de medida.

martes, 24 de noviembre de 2015

Fiesteros


Al viajar por diversos rumbos del país o consultar alguna revista tipo guía del ocio, se advierte la cantidad de fiestas que en todo momento se celebran en México. Una de las diferencias clásicas que se marca entre fiesta y espectáculo es que a este último se asiste, mientras que en la primera se participa. Es por ello que las fiestas populares, cuando en realidad lo son, tienen un marcado carácter democrático incompatible con exclusiones de ningún tipo. En una verdadera fiesta todos deben asistir y es por ello que la  invitación a las bodas de oro de doña Alfa y don Andrés Henestrosa -citada por Margarito Guerra Flores- exhortaba: “No faltes. Sin ti no habrá fiesta”.


Hablando de invitaciones, Fernando Díez de Urdanivia evoca la que Pancho Liguori repartió en ocasión de su casamiento con Gloria Gamiochipi, en casa de Griselda Álvarez.
 

            A las nueve menos cinco
            del día de San Filogonio,
            en el ciento ochenta y cinco
            de Cerro de San Antonio,
            Gloria y Pancho, en audaz brinco,
            cometerán matrimonio.

            Se beberá con ahínco
            y al dar en punto las cinco
            todos se irán al demonio.

            Griselda será anfitriona;
            Chema Lozano es el juez;
            se invita a toda persona
            que lleve whisky escocés.
 

La frontera entre los invitados y quienes no lo son tiene sus bemoles, ya que según Juan Villoro “en cualquier acto mexicano que se respete, los colados siempre son más que los invitados”. Y no se crea que es una característica contemporánea porque a ello ya aludía –citado por Joaquín Antonio Peñalosa- fray Francisco de Ajofrín en 1763: “En los días de festejos y cumpleaños, hay bailes que llaman fandangos en sus casas a puerta abierta para todos los que quieran concurrir, aunque no los conviden”. Desde aquel entonces las fiestas, como lo establece el dicho popular, duraban hasta que se acababan y la bebida era abundante. De ahí el asombro de fray Francisco de Ajofrín: “Dura esta diversión hasta el amanecer. Beben mucho vino, aguardiente o pulque”.
 

Claro que nunca faltan quienes después de haber comido y bebido en abundancia, expresan su ingratitud hacia las atenciones brindadas por los anfitriones; José Joaquín Fernández de Lisardi proporciona un testimonio de ello

 
El olor del guajolote y del pulque de piña acarreó ese día a mi casa una porción de amigos míos, parientes y conocidos de mi madre, que fueron a cumplimentarme. Dios se los pague.
Se lamieron el almuerzo, consumieron la comida, y a su tiempo alegraron el baile grandemente, porque cantaron, bailaron, retozaron, se embriagaron, ensuciaron toda la casa, y, al fin, salieron unos murmurando el almuerzo, otros la comida, otros el baile, y todos, alguna cosa de lo mismo que habían disfrutado.
¡Qué necedad es tener una diversión pública! Se gasta el dinero, se sufren mil incomodidades, se pierden algunas cosas, y siempre se queda mal con los mismos a quienes se pretende obsequiar; y se recibe en murmuración y habladurías, lo que se pretende recibir en agradecimiento.


Por otra parte, Salvador de Aguinaga señala que diversos autores buscaron la esencia nacional en la filosofía o en el psicoanálisis pero que finalmente sería un poeta, nada menos que Octavio Paz, quien lograría salir airoso de tamaña tarea.
 

Pensadores como Samuel Ramos, como José Vasconcelos o Antonio Caso enseñan a una generación entera a pensar sobre la esencia nacional, invitando a construir una teoría de México, al tiempo que psicoanalistas, como Santiago Ramírez, colocan audazmente a la psique de México sobre el diván psiquiátrico para descubrirle traumas de origen, complejos y obsesiones. Pero no sería ni un filósofo ni un psicoanalista quien lograra la primera y fulgurante síntesis de lo mexicano, sino un poeta.
(...) Octavio Paz, el poeta de pasiones amorosas y políticas, propone en una serie de ensayos luminosos ya no una filosofía tan sólo o un psicoanálisis técnico de lo mexicano, sino una verdadera visión de lo que somos y hemos sido, una visión que todo lo contempla con claridad bajo la luz solar de la poesía.
(...) Paz [recuerda] que: "somos un pueblo ritual [...] cuyo calendario está poblado por fiestas". La fiesta para Paz es una de las claves de la vida nacional, el evento mágico que rompe la lisura y el tedio de los días comunes y corrientes para crear un tiempo extraordinario, fuera de la serie humana, un día en que el mexicano se une con los dioses, los santos o los héroes en la ebriedad santa de la celebración.
Dice Paz: "Ciertos días lo mismo en los lugarejos más apartados que en las grandes ciudades, el país entero reza, grita, come, se emborracha y mata en honor de la Virgen de Guadalupe o del general Zaragoza". Cada año, el 15 de septiembre a las once de la noche, en todas las plazas de México celebramos la fiesta del Grito; y una multitud enardecida grita por espacio de una hora, quizá para callar mejor el resto del año. Y durante los días que preceden al 12 de diciembre el tiempo suspende su carrera, hace un alto y en lugar de empujarnos hacia un mañana siempre inalcanzable y mentiroso, nos ofrece un presente redondo y perfecto de danza y juerga, de comunión y comilona con lo más antiguo y secreto de México.
En la fiesta mexicana se combinan, como en la danza, el movimiento y el color, la exaltación del gusto y la canción. Esta última es, por sí misma, otra de las claves e ingredientes básicos de la vida mexicana. [Eulalio] Ferrer cita a Mauricio Magdaleno quien alguna vez escribió: "En lo hondo de la tiniebla mexicana hay siempre una canción" y recuerda también Ferrer que cada año se registran miles de canciones en la república. Podrán escasear insumos y alimentos pero la cosecha musical nunca termina.


Lamentablemente no son pocas las fiestas que concluyen con violencia, lo que ha dado lugar al dicho de que “fiesta sin muertitos, no es fiesta”. Un ejemplo de ello lo da la siguiente nota de prensa.
 


Cuando Mariano de la Cruz Mejía apareció muerto sobre la calle principal del pueblo conocida como “La Playita”, a principios de 1980, los dedos apuntaron hacia su compadre. Era sabido que “Marianito”, como se le conocía, no estaba de acuerdo con el precio que los acaparadores imponían al frijol. El sueldo de un peón durante un mes de trabajo equivalía al precio de una tonelada del grano, decía.
Su compadre Sabino Morán recibió la encomienda del cacique Gabriel Iglesias Meza de “aplacarlo”. Ya eran varios grupos de indígenas los que había organizado y comenzaban a hacer ruido. Una mañana cuando iba rumbo al centro del pueblo, un individuo salió de entre la maleza y le disparó, como aquí se acostumbra, por la espalda.
Se dice que la mayoría de los hombres que están en el panteón han sido asesinados a balazos. Entre los vivos abundan los huérfanos que tienen que soportar el aguijoneo cotidiano de toparse en la calle, en la plaza o en la iglesia con los verdugos del padre. Se vive sin poder olvidar el pasado. Se encuentran pero las miradas no se cruzan.
Cada verano durante la fiesta de Santiago, patrono del pueblo, se presenta la ocasión en medio del festejo para ajustar cuentas. En Jamiltepec se dice que fiesta que no tuvo muertos fue una “fiesta aburrida”.
 
 

A este respecto Renato Leduc menciona que un sinaloense, al que identifica como el capitán Saúl, le contó lo siguiente: “Cuando yo era muchacho, en los pueblos de mi estado los alcaldes daban permisos para veinticuatro horas de tambora, con derecho hasta a tres muertos, por cincuenta pesos. Pues el chiste de la tambora está en animar a uno para darle gusto al dedo”. En este contexto aplicaría sin restricciones el célebre exhorto de don Quijote: “tengamos la fiesta en paz”.
 

Por su parte Germán Dehesa alude a otro tipo de fiestas. “Inspirado en José Iturriaga diré: para los mexicanos, trabajo que no termine en pachanga y pachanga que no termine en la cama, son dos actos fallidos.”
 

En esto de las fiestas, como en tantas otras cosas, los oaxaqueños se cuecen a parte y una vez entrados en el relajo, de ellos no se salvan ni las imágenes religiosas, lo que no les parece un gesto impío sino el deseo de contagiar su alegría a figuras tan venerables. Esto queda claro en lo afirmado por Andrés Henestrosa, citado por Margarito Guerra Torres.
 

Siempre ha dicho don Andrés que los juchitecos se identifican plenamente con su  santo patrón San Vicente Ferrer, de quien se tiene conocimiento fue un santo un tanto rebelde. En ocasión de las fiestas de la Virgen de la Candelaria, en Ixhuatán, y estando en boga los altavoces, mediante los cuales se enviaba mensajes y salutaciones, cuenta don Andrés que algún pícaro juchiteco dijo este mensaje: “San Vicente Ferrer, patrón de Juchitán, dedica a la Virgen de la Candelaria, patrona de Ixhuatán, la siguiente melodía: La última noche que pasé contigo.
 

De acuerdo con Eulalio Ferrer fueron los dominicos quienes trajeron a San Vicente Ferrer a Oaxaca y lo declararon patrón de Juchitán. Agrega que aun cuando es “(…) oriundo de Valencia, España, los juchitecos lo consideran como un santo propio nacido en Juchitán”. 
 

Andrés Henestrosa se refiere a la cultura zapoteca y a la Guelaguetza, fiesta en la que se encuentran las culturas procedentes de las diversas regiones que conforman el estado de Oaxaca.

 
Algo hay de permanente en el alma colectiva [zapoteca] que impide a los hombres a presentarse con las manos vacías a una festividad. Hasta cuando el anfitrión es persona rica los invitados aportan a la fiesta una cooperación por humilde que sea, que llaman significativamente, un “cariño”, con lo cual quieren decir que es una muestra del afecto, de la amistad, del parentesco, del cariño, en una palabra, que une a todos los hombres de la colectividad. (...)
Bella costumbre [se refiere a la Guelaguetza], sin duda ésta de los pueblos oaxaqueños, particularmente de los zapotecas, a cuyo idioma pertenece la palabra que la designa.


Existen comunidades en que a la entrada de la fiesta se ubican los encargados de llevar una suerte de registro de los regalos aportados por cada quien para poder retribuir en forma similar cuando se presente la ocasión. Algo así sucede en Juchitán y este sistema permite tener fiesta casi todos los días.
 

Pero el tema de las fiestas no está exento de polémicas ya que hay quienes cuestionan la vigencia de ciertas tradiciones porque implican un gasto muy grande para los mayordomos, responsables de organizarlas. Sam Quinones alude al caso de un indígena mixteco que debió emigrar de su pueblo para poder pagar las deudas contraídas a causa de ello.

(...) que estaba entre quince personas que tenían que pagar la fiesta tradicional del pueblo en honor de su santa patrona, la virgen de la Asunción. Esa era la costumbre: cada año unas pocas personas tenían que empobrecerse profundamente para hacer la fiesta de tres días en la que participaban todos los demás. Su trabajo era aterrador: tenía que dar dos mil pesos, el equivalente a dos años y medio de salario local en ese tiempo, para comprar comida y bebida para todos, fuegos artificiales, velas y otras cosas. La responsabilidad casi lo llevó a la quiebra. Pidió dinero prestado con un interés muy alto y después dejó su pueblo y a su joven familia durante un año para recoger jitomates en Sinaloa y poder pagar la deuda.
 


Esta controversia ha llegado a la violencia por razones de índole religiosas dado que en algunas comunidades se ha pretendido expulsar a aquellas familias que teniendo otras creencias, no participan en fiestas en honor de la Virgen o el patrono de la localidad y se niegan a hacer los aportes requeridos.  No es tarea sencilla aceptar la pluralidad religiosa y construir los niveles requeridos para la tolerancia o, mejor aún, la convivencia solidaria.
 

Para concluir, citemos a Octavio Paz que en El laberinto de la soledad analiza la función de consuelo y compensación que cumplen las fiestas.
 

Un pobre mexicano, ¿cómo podría vivir sin esas dos o tres fiestas anuales que lo compensan de su estrechez y de su miseria? Las fiestas son nuestro único lujo (...) Durante esos días, el silencioso mexicano silba, grita, canta, arroja petardos, descarga su pistola en el aire. Descarga su alma (...) Si en la vida diaria nos ocultamos a nosotros mismos, en el remolino de la Fiesta nos disparamos. Más que abrirnos, nos desgarramos. Todo termina en alarido y desgarradura: el canto, el amor, la amistad.