jueves, 6 de septiembre de 2012

Visitantes explicadores



Cuando uno llega a México procedente de otros rumbos, por lo general puede verse atacado por la tentación de pretender explicar a los naturales de estas tierras todo lo que les acontece y cuáles serían las soluciones idóneas para sus pesares nacionales. En las primeras impresiones que uno recibe todo se vuelve tan claro, tan diáfano, que es allí donde surge el deseo irreprimible de dictar cátedra sobre la realidad mexicana en sus diversas facetas: política, económica, social, cultural, religiosa, deportiva, etc.

No fui la excepción y después de leer “El mexicano. Psicología de sus motivaciones” de Santiago Ramírez, me pareció comprenderlo todo de manera aún más clara. En las reuniones sociales a las que me invitaban, en cuanto había oportunidad montaba mi cátedra itinerante ante la mirada asombrada y la sonrisa socarrona de mis cautivos alumnos. Fueron muchos los momentos en que valoré la posibilidad de escribir un libro al respecto pero felizmente mi dispersión fue mayor que el deseo de notoriedad académica.

Con el paso de los años el smog de la complejidad fue cayendo sobre mi manera de comprender las cosas. Así lo que era diáfano comenzó a perfilarse confuso y lo sencillo devino complicado, de tal manera que fueron desapareciendo mis afanes explicadores.

Hace unos cuantos años, en uno de sus artículos periodísticos, Jorge Ibargüengoitia expresaba su airada reacción frente a esta actitud tan propia de muchos de los extranjeros que visitan México.
Yo, francamente, a los intelectuales que llegan a México de visita, los compadezco. Apenas han puesto un pie en el suelo cuando ya tienen un periodista encima preguntándoles qué opinan de México y del 10 de junio.Por esta razón cuando leí el jueves pasado el encabezado del texto de la entrevista que Eduardo Deschamps le hizo a Susan Sontag, "No entiendo a México, dice S. Sontang' " pensé:-Ya llegó otra norteamericana, con El laberinto de la soledad en la mano, a explicarnos que la razón por la que estamos y por la que nunca progresamos es que nuestro padre violó a nuestra madre en el siglo XVI.La frase "no entiendo a México" a la cabeza de una plana (aunque sea la 10) da la impresión de insolencia. Claro que no lo entiende, si se acaba de bajar del avión.

Sin embargo la respuesta de tan destacada intelectual se orientaba hacia otros horizontes, lo que conduce a Ibargüengoitia a tener que modificar el tono en que venía su análisis.

Pero al leer el texto de la entrevista se da uno cuenta de que esta impresión es falsa, que no hay tal insolencia, y que la señora Sontag, que es una mujer inteligente, estaba queriendo decir lo que siente: no entiende a México porque es complicado y porque no hay datos fácilmente accesibles, no porque le parezca absurdo, que es lo que podría uno haber supuesto al leer el encabezado.

En algún lado leí el testimonio de un extranjero que al llegar a radicar en India recibió el consejo de uno de sus colegas: “si piensas escribir algo que explique la realidad de este gran país, debes hacerlo pronto porque con el paso de tiempo la confusión se apoderará de ti”. Dicha recomendación aplica también para el caso de México.

Hoy con mirada retrospectiva pienso en la gentileza y don de gentes de quienes, con paciente hospitalidad, escucharon por aquellos entonces mis peroratas supuestamente esclarecedoras. Al paso de los años no me queda más que pedir disculpas a quienes fueron víctimas de mi presunción al querer sacar conclusiones apresuradas, al realizar conjeturas en forma precipitada. En fin, tiempos en que –como afirma el dicho- andaba vendiendo hielo a los esquimales.


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