viernes, 24 de junio de 2011

La muerte de Carlos Gardel

Tal como suele afirmar la crónica, en un día como hoy (aunque con esto del cambio climático uno nunca sabe) murió el Mago, el Mudo, el morocho del abasto, el Zorzal Criollo, el Troesma.

Sí, el 24 de junio de 1935 falleció el inigualable Carlos Gardel.


Por aquellos entonces era usual que en ese día se celebraran las cédulas de San Juan y se efectuara la quema del Judas en diversos barrios montevideanos. Cuenta Raúl E. Barbero el dolor que produjo la llegada de tan infausta noticia a la estación de radio en que laboraba.

Estamos cumpliendo el turno de locución en CX 28 Edison Broadcasting. El crepúsculo nos acerca a la noche más larga del año, cuando la llamada de un oyente nos pone a los puertas de lo increíble:         

-Murió Gardel... (dice entre sollozos) ¡Diga que murió Gardel!... (Y corta la llamada).
No nos animamos a dar a noticia sin confirmarla. Diez minutos después estamos trasmitiéndola con la misma dramática síntesis que a veces usa la muerte para no explicar sus decisiones más absurdas.

¡Murió Gardel!!! Pero... ¿dónde?... ¿cómo?...

Se van conociendo detalles. Fue en Medellín, en una forma que nadie puede comprender. Estalló en llamas el avión en que iba con su representante y sus guitarristas, cuando el piloto tomaba posición para despegar en el aeródromo colombiano Olaya Herrera. El aparato chocó con otro que estaba en la pista, el “Manizales”. La noche de la víspera se había despedido Carlitos del público bogotano cantando “Tomo y obligo”.

Esa misma noche del 24 de junio de 1935 están en CX 32 comentando la trágica noticia, Juan Carlos Patrón, Edmundo Bianchi y Pintín Castellanos. Una chispa de inspiración los une a los tres, y nace una canción hermosa que titulan “El pájaro muerto”. Llaman a un cantor de la casa –Luis Alberto Bottini- para que la estrene antes de que se agote la trágica jornada. Y Bottini cumple, entonando esa página que él mismo –y algo después Charlo- harán popular en el Río de la Plata.

Pocas muertes, si es que alguna otra, conmocionaron tanto a Uruguay y Argentina como la de Gardel lo que dio lugar a una generalizada sensación de orfandad. La vida ya no volvería a ser igual. El 24 de junio de 1935 marcaría un antes y un después en la historia del tango. 

La gente no se resignaba a semejante pérdida y, tal como lo señala Hugo Alfaro, volver a ver las películas en que actuaba Carlitos era una forma de homenajearlo.
                                                                                    
Empezaron a reponerse masivamente las películas de Carlos Gardel y la proyección, sobre todo en los barrios, sufría cinco, ocho, diez interrupciones por función, porque el público quería escuchar otra y otra vez “El día que me quieras”, “Volver”, “Por una cabeza”, “Cuesta abajo”, “Sus ojos se cerraron” y “Melodía de arrabal”, y el operador en la cabina también quería escucharlas otra vez. Las mujeres lloraban, los hombres (en la oscuridad) lloraban. Y Gardel —ahora desde la pantalla, es decir desde otra vida— sonreía cálido, amistoso, inalcanzable.
                                                                                                         
Por cierto que al ver la película El día que me quieras, que Gardel protagonizó en Nueva York en 1934, los espectadores estaban viendo sin saberlo a un adolescente que años después sería otro de los grandes del género. Me refiero a Astor Piazzolla quien en ese entonces tenía 13 años, y en esa película tuvo un papel de canillita (voceador).

Han pasado muchos años y sin embargo no se han acallado las diversas hipótesis sobre las causas del accidente. No ha faltado quien atribuye el origen del percance a una pelea que hubo abordo del avión que se encontraba en las maniobras previas al despegue. Homero Alsina Thevenet refiere una anécdota que, en forma por demás extraña, permite abonar esta hipótesis; es Rafael Courtoisie quien rememora ese relato.
                                                                                 
(...) En otra ocasión, el Viejo [Homero Alsina Thevenet] contó que a la redacción de El País, por los cincuenta, llegó un “vidente” para que le hicieran una nota de promoción. Se reunieron algunos periodistas y un fotógrafo. En conciliábulo, se pusieron de acuerdo para ponerlo a prueba. Le hicieron preguntas de la más diversa índole, y el tipo, invariablemente, acertaba.

En un momento, el fotógrafo se ausentó en dirección al inmenso archivo del diario y volvió unos minutos más tarde con un sobre cerrado. Se lo entregó al vidente. El vidente cerró los ojos, entró en trance. Comenzó a transpirar copiosamente, aferraba el sobre con la mano izquierda mientras con la derecha trataba de aflojarse el nudo de la corbata, pues se estaba asfixiando.

Según Alsina, en un momento el vidente, con los ojos cerrados, comenzó a gritar:
-¡Pará, pará! ¡No tirés! ¡No tirés que nos hacemos mierda! ¡Nos caemos!

Los presentes oyeron o creyeron oír en la inmensa redacción una o dos detonaciones.
El vidente pegó un alarido, y luego otro.

-¡Nos caemos! ¡Me quemooooooooo! ¡Ayyyy!

Algunos cronistas, entre ellos el Viejo Alsina, tuvieron que cachetear al adivino para que volviera en sí. Les costó trabajo reanimarlo. Le dieron unas palmadas y un vaso de agua.
El tipo estaba mareado, con los ojos como huevos duros, el pelo enmarañado, empapado de sudor y miedo, se había orinado.

Homero abrió el sobre cerrado y examinó el contenido, desconocido para todos los presentes salvo para el fotógrafo: dentro del sobre apareció una de las últimas fotos de Carlos Gardel.
                                                            
Así pues al misterio que rodea el lugar de nacimiento de Carlos Gardel que es disputado por Argentina, Francia y Uruguay (por demás está aclarar que, como no podía ser de otra manera, adhiero a esta última opción) hay que agregar el de las circunstancias que tienen que ver con su muerte. Algo bastante frecuente para las figuras excepcionales que acceden a los territorios del mito.

Lo que es indiscutible es que Carlos Gardel cada día canta mejor.

lunes, 20 de junio de 2011

Banalización de la tragedia

En el espectáculo la cantidad adquiere gran significación por lo que toda tragedia se compara con otras en función del número de víctimas.
Ilustración: Margarita Nava
Las dos guerras mundiales, la Shoah, el Gulag, el genocidio camboyano han establecido en este siglo un terrible baremo para nuestra sensibilidad. La enormidad de esas matanzas ha disparado la escalada de la sangre a cotas difíciles de igualar, generando una perversión típicamente moderna, que es la afición por las grandes cifras. Puesto que somos varios miles de millones pululando por esta tierra, el coeficiente de injusticias se multiplica hasta alcanzar niveles propiamente fantásticos. Ahora ajustamos la cifra de muertos en función de esa inflación de varios ceros: para conmovemos, necesitamos un centenar de miles como mínimo. Por menos zapeamos. De ahí nuestra ambivalencia frente a las matanzas: a través de un cálculo espontáneo comparamos el total de víctimas con el de las hecatombe s anteriores, comprobamos con mueca escéptica si son realmente dignos de nuestra atención. ¿Macabra aritmética? Qué duda cabe. (...) ¡Allí donde el número triunfa, la moral capitula! (Pascal Bruckner)

Pero no sólo se trata del número, sino también de la distancia que nos separa en relación con el suceso aludido. "Los periodistas llaman 'kilómetro sentimental' a la ley según la cual nuestro interés por los demás es inversamente proporcional a la distancia que nos separa de ellos: un muerto en casa es un drama, diez mil allende los mares una anécdota." (Pascal Bruckner)

Además hay que considerar que las tragedias también aburren, por lo que cuando disminuye el interés algunos problemas desaparecen de la pantalla (que no de la realidad). Por ejemplo el tema de la mortalidad infantil aparece o desaparece de la agenda mediática pese a la continuidad del drama social. En el reino de la imagen se podría generar la ilusión de que ya no se le menciona porque fue solucionado. Los medios procuran mantener al público en estado de novedad (desterrando de esa manera la amenaza de aburrimiento) y ello implica banalizar a la realidad. "El hombre moderno pronuncia con frecuencia esta frase extraña: 'Hoy el periódico no dice nada'. (...) En tanto que público, sólo tenemos, en efecto, una exigencia: la de lo nuevo. (...) Pero, precisamente, cuantas más imágenes consumimos, más tendencia tenemos, ante la actualidad, de hacer la mueca de un niño mimado que ya ha roto todos los juguetes, y al que casi nada sorprende." (Pascal Bruckner-Alain Finkelkraut)

El ritmo con que se suceden las imágenes no es compatible con la presencia de sentimientos profundos que requieren tiempo para ser vivenciados y analizados. Además como todo aparece en un mismo nivel de importancia, no existe capacidad para jerarquizar lo acontecido. "Si todo es fugaz, nada vale más que nada. El dolor, una playa caribeña, el crimen, una mermelada, el llanto y la desesperación, un juguete a pila, la pobreza, un chocolate. Todo da igual. Todo es igual." (Santiago Kovadloff)

Texto tomado de "El mundo y sus desafíos" de Gerardo Mendive

domingo, 12 de junio de 2011

Los reiterados anuncios del final

Es como el cuento del pastorcito mentiroso que en varias ocasiones incomodara a sus vecinos al mentir sobre la llegada del lobo y que el día en que la fiera en realidad se hizo presente, los gritos desesperados del pastorcito ya no fueron escuchados por aquellos vecinos cansados de tantas mentiras. 

Ilustración: Margarita Nava

Este es el riesgo que pudiera estar sucediendo con los múltiples finales anunciados que –felizmente- no se han concretado y que pudieran conducir a que si alguien tuviera la revelación exacta (la neta dirían los chavos de hace algunos años) del Apocalipsis probablemente ya no sería escuchado.

Algunas previsiones del final han sido fijadas para fechas comunes y corrientes pero la gran mayoría lo fueron en relación a años de cifras redondas. Basta ver la importancia que adjudicamos a los cumpleaños, a los finales e inicios de año, a los diferentes aniversarios, para saber que los seres humanos tenemos un marcado sentido calendárico. El almanaque nos hace ruido.

Teniendo en cuenta las diversas cronologías actualmente en uso, los anuncios del final aplican restricciones ya que su pertinencia está restringida a los límites en que impera determinado calendario. Es decir que las alertas cambian según uno se sitúe en zonas de diferentes tradiciones culturales y étnicas como náhuatl, maya, huichola, yaqui; ciertos territorios ya sea China, India, Occidente o bien en la zona de influencia de diversas religiones como el judaísmo, cristianismo e islamismo, por citar algunos ejemplos.

Así, sostienen los historiadores que en Occidente la llegada del año 1000 adquirió gran significación. Muchos predicadores se lanzaban a los caminos para convocar a sus hermanos para que se convirtieran a la vida buena, abandonaran sus comportamientos pecaminosos, con el objetivo de que el final los pudiera alcanzar en estado de gracia. Sin embargo, en ocasiones el tipo de comportamiento cosechado por estos exhortos fue en sentido contrario a lo que se proponían: fueron muchos los que ante el inminente final se desligaron de sus compromisos y obligaciones para dedicarse a la vida licenciosa, tal vez siguiendo la vieja invitación de que nos quiten lo bailado. Se abandonaron los trabajos, el cultivo del campo, la producción que carecía de sentido ante un mañana que se disolvería antes de llegar.

Pero contra los pronósticos el mañana llegó y con él se agregaron a las penurias usuales las ocasionadas por ese error de cálculo.

Cuenta Luis González y González que al acercarse el fin del siglo XIX en diversas comunidades del territorio mexicano se extendió un rumor anunciando que todo llegaba a su término y ello, como no es difícil comprender, provocó pánico. Para dar mayor credibilidad a la información extraoficial de que se disponía, se subrayaba que el anuncio provenía de sacerdotes, párrocos, obispos y probablemente se haya llegado a involucrar hasta al propio papa. Afirma Luis González y González, citado por Refugio Bautista Zane, que

Nadie quería quedarse sin confesión, y el padre no podía confesar a todos a la vez. Dijo que comenzaría con las madres que llevaran hijos en brazos. Se produjo gran escándalo en el templo cuando se descubrió que una mujer, en lugar de niño, abrazaba una almohada. Como quiera, ningún pecado de los feligreses quedó inconfeso. Durante tres días y tres noches, don Otón (el sacerdote) no se levantó del confesionario. Por fin llegó la terrorífica noche... Expirado el plazo fatal, el vecindario recobró la vida de antes.

Los anuncios incumplidos no solo han tenido que ver con el final de los tiempos sino también con la llegada de diversos Mesías que han faltado a la cita. En relación a Estados Unidos, José Antonio Marina comenta que las religiones adventistas habían predicho que Cristo descendería a la Tierra el 22 de octubre de 1844. No sucedió, pero tras las correcciones pertinentes los Testigos de Jehová predijeron que ello ocurriría en 1914. Tampoco sucedió (lo que sí llegó fue lo que en esa época se denominó la Gran Guerra, conocida posteriormente como Primera Guerra Mundial), pero eso no les hizo desconfiar de sus creencias, sino sólo posponer el hecho hasta 1915. Y según dicen los que saben de esto -afirma José Antonio Marina- por fin ocurrió lo esperado pero sin que las personas se dieran cuenta.

Las manifestaciones fatalistas también se hicieron presentes ante la llegada del año 2000 aunque para estas fechas la situación planteaba sus asegunes: que si el siglo XXI se iniciaba en 1999 o en el 2000, que el 2000 en realidad no era el 2000 dado los errores de cálculo del bueno de Dionisio el Breve (que parece serlo menos entre tantas mayúsculas) y otras tantas consideraciones.

Pasó la fecha tan temida y no aconteció nada. Bueno, en realidad no sucedió nada más terrible a lo que ya de por sí acaece en los diversos rumbos. Me imagino que la llegada del parte oficial bajo la forma clásica de “sin novedad” alegra a la mayoría de los mortales pero sume en cierta tristeza a los agoreros de esos apocalipsis incumplidos quienes ven menguado su crédito como profetas y deberán hacer los arreglos, acomodos y zurcidos invisibles que permitan que no desaparezca totalmente su prestigio como líderes de opinión.

Para el 21 de mayo de 2011, una vez más estaba anunciado el fin del mundo y aquí nos seguimos viendo. Pero no ganamos para sustos y apenas salimos de una cuando ya entramos en otra: se nos aproxima el 2012 que viene asociado a supuestas profecías mayas que anuncian el final de los tiempos.

Ya veremos, por lo pronto tengo esperanza que sea uno más de esos finales a los que hemos podido sobrevivir.

Ojalá y el pastorcito siga mintiendo.


viernes, 20 de mayo de 2011

Los conflictos del pasado

Ilustración: Margarita Nava

Deberíamos evitar que las experiencias amargas del pasado se hayan fosilizado en nuestra vida hipotecando de esa manera el porvenir; en ocasiones seguimos tomando parte de conflictos que sólo persisten en nuestra imaginación.
Cuentan que en las Islas Salomón se halló un reducido grupo de nonagenarios que portaban armas antiguas al tiempo que llevaban con orgullo sus uniformes en harapos. Al sentirse descubiertos se sobresaltaron. Cuando los calmaron y les preguntaron qué estaban haciendo y por qué se veían así, los soldados respondieron que estaban en guerra y que hacía mucho tiempo se habían perdido de su pelotón. Al ser informados que ya tenía años que el conflicto bélico había conluido, replicaron que ¡no!, que de ninguna manera, que no podía ser… y quisieron retomar su marcha para proseguir con su guerra

Muchas veces nos conducimos como estos viejos soldados, cuando los dolores, desengaños y frustraciones se quedan – sin solicitar la autorización correspondiente – a vivir en uno y se apoderan de nuestra vida. No debemos ignorar la existencia de lo que Janus Korczak identifica como las heridas infectadas cuya curación exige tiempo además de paciencia y que dejan cicatrices prontas a supurar nuevamente. De allí la pertinencia de quienes han preguntado: ¿cuánto pasado soporta nuestro presente?; por lo que es muy importante limpiar las propias heridas que devienen del ayer. Sin llegar al extremo de ignorar la trascendencia del pasado, no es conveniente subestimar las posibilidades de cambio que nos ofrece el presente, porque como afirma Kierkegaard la vida se comprende mirando hacia atrás, pero solo se vive mirando hacia adelante. 

Tomado del libro "La persona y sus desafíos
de Gerardo Mendive. México 2006 
03-2006-051611133000-01

viernes, 13 de mayo de 2011

Imagen

Collage: Margarita Nava
(...) en algún momento a principios de los sesenta, a alguien en Televisa se le ocurrió hacer una telenovela de las vidas de Maximiliano y Carlota que sirviera para instruir a los mexicanos sobre los méritos de Juárez, de la revolución y, no casualmente, del régimen. Desafortunadamente, la historia de Maximiliano y Carlota resultó ser un maravilloso material para telenovela. En el fondo de su corazón Maximiliano era un hombre decente, tal vez un poco perdido en un país nuevo y extraño, pero no falso. Él y Carlota estaban enamorados. Entonces su historia tenía intriga y romance, mientras que su muerte proporcionó las lágrimas que toda telenovela necesita.

Así fue como, durante 1965, noche tras noche la novela tejió sus vidas en la caótica tapicería del México de mediados del siglo XIX y consiguió justo lo opuesto de lo que se proponía. "Los mexicanos nos identificamos con figuras trágicas enamoradas. Recuerdo que después algunas personas me decían que conforme los personajes de Maximiliano Y Carlota crecían, Juárez se achicaba", dice Zerón Medina. "Terminaron viéndose como víctimas, traicionados, con cierta ambición pero no mucha. Empezaron a verse como personas. La gente simpatizó con ellos." Juárez se convirtió en un personaje frío e impersonal, el villano del cuento, en contraste con la calidez que la telenovela virtió sobre el infortunado emperador y su esposa.

Sam Quinones 
(tomado de "Cotidianerías. apuntes desde una pedagogía del relato", 
compilación de G. Mendive. México 2002)

viernes, 6 de mayo de 2011

Justicia y Libertad, un horizonte complicado


Ilustración: Margarita Nava
Como forma de rebelarse ante la normatividad que procede del poder, desde siempre han existido propuestas que intentaron acercarse a "un ideal de justicia y libertad. Sin embargo, ya desde tiempos de Aristófanes, se podía percibir que la cuestión no resulta nada sencilla.
Las utopías sexuales siempre han perseguido el imaginario de las sociedades. Desde el origen, los hombres y las mujeres han soñado con una ciudad ideal donde nada contraríe sus deseos, donde prevalezcan el placer del cuerpo y su inocencia, Aristófanes, en La asamblea de las mujeres, trata de imaginar una comunidad de esta especie, gobernada -toda una señal- por las mujeres, Praxágora, la heroína, que arrastra a las atenienses a tomarse el poder, invoca un decreto que instauraba una comunidad de bienes y de sexos. Ya no habrá ni pobres ni ricos, y las mujeres se acostarán como quieran con todos los hombres. Pero Aristófanes está muy atento a la idea de justicia y comprende que tal asamblea conllevaría posiblemente una injusticia más grave: la que castigaría irremediablemente a los feos y a las feas, que quedarían descalificados ante la crudeza de los deseos libres, mientras los bellos y los fuertes se beneficiarían exclusivamente de una nueva libertad.(...)

La cabecilla de La asamblea de las mujeres, por afán de justicia entonces, hace adoptar una ley complementaria, que establece expresamente, en beneficio de los desgraciados y los torpes en el amor, lo que hoy llamaríamos una "discriminación positiva". Las mujeres podrán entregarse libremente a los bellos y a los grandes, pero sólo después de haber concedido sus favores a los pequeños y feos. Del mismo modo, los hombres deberán servir sexualmente primero a las viejas y feas. Admirable intuición griega que deja al aire nuestra torpeza contemporánea. (...) Aristófanes recuerda que en materia amorosa, como en otras cosas, una libertad demasiado ilimitada aumenta la iniquidad al desinhibir el egoísmo de los mejor dotados. (J.C. Guillebaud, La tiranía del placer)
Es importante subrayar que ética y justicia se encuentran estrechamente vinculadas. Una sociedad con mayor presencia de sus principios éticos se convierte en una sociedad más justa, a la que José Antonio Marina caracteriza como aquella "que más limita el poder de la casualidad y del destino, el haber nacido pobre o rico, sano o enfermo, en una clase pudiente o pobre".

Texto tomado del Libro " El mundo actual y sus desafíos" de Gerardo Mendive

viernes, 15 de abril de 2011

Educar para la vida


Aún cuando la acción educativa debe orientarse hacia el desarrollo integral, es frecuente apreciar que en una misma persona se produce un marcado desencuentro entre el desempeño académico y otras áreas de la existencia. No son pocos los casos en que una gestión académica excepcional va acompañada de un escaso desarrollo en otros ámbitos tanto o más importantes, de la vida. 

Ilustración Margarita Nava
Imaginemos que dos adultos se cruzan en el camino. Muchos años atrás, fueron compañeros en la escuela primaria. El tiempo ha transcurrido y las fisonomías se han modificado, pero les resulta posible reconocerse. El encuentro produce gran alegría y remonta súbitamente a épocas entrañablemente queridas. La conversación se iniciaría a partir de ciertas convenciones.

-¡Qué bien te ves!

-No, ¡qué va!.... iEl que está igualito eres tú!

Luego se pasaría a temas más profundos.

-¿Qué tal?, ¿cómo te ha ido en la vida?

-Si te contara... Pues no te creas que demasiado bien. Mi calificación en lo familiar podría ser de seis y en lo profesional de cuatro...

-No me digas eso... Recuerdo que en la escuela eras un alumno extraordinario. En la boleta de calificaciones siempre tenías diez y los maestros te señalaban como el alumno ejemplar. Si para alguien el futuro era promisorio, era para ti.

-Pues, ya ves...

Parecería que ciertos logros, promovidos y reconocidos tanto en la familia como en la escuela, no sólo no ayudaron sino que obstaculizaron el desarrollo de la persona. Por eso ha surgido la demanda de educar para la vida, exigencia que, como muchas otras relacionadas con la educación, se formula con pocas palabras, aunque la respuesta a ella resulta sumamente compleja.


Tomado de “La educación familiar y sus desafíosGerardo Mendive. Editorial Paidós México Reimpresión 2007

viernes, 8 de abril de 2011

La sonrisa enigmática


Afirma la noticia del periódico: investigadores italianos han anunciado que tienen previsto desenterrar un cadáver con el propósito de identificar los restos de una mujer del Renacimiento que se cree puede ser la modelo que inspiró a Leonardo da Vinci para pintar la «Mona Lisa». El jefe del proyecto, Silvano Vinceti, ha declarado que las excavaciones en el Convento de Santa Úrsula, en el centro de Florencia, están programadas para finales de abril de este turbulento año 2011. 



Así, con buena dosis de soberbia científica se pretende dejar atrás la amplia trama de complicidades y reservas que hicieron posible que la obra de Leonardo conservara hasta el presente sus secretos, lo que le ha permitido a la Gioconda o Mona Lisa mantener a través del tiempo esa enigmática mirada en la que se advierte una tan discreta como provocadora sonrisa.  

Siguiendo la información que proporciona Noel Clarasó, el cuadro mide 77 por 53 centímetros y está pintado sobre una tabla de madera de chopo. Hay consenso en cuanto a que la obra llevó su tiempo; según Stefan Zweig “Leonardo (dedicó a) su Monna Lisa, dos o tres años, una sola hora o dos por día, y algunos días ninguna, porque deseaba reflexionar primero sobre cada detalle, cada matiz”.

La cuestión más debatida en torno a la obra tiene que ver con el modelo lo que ha dado lugar a que se hayan expresado múltiples suposiciones respecto a la identidad del personaje retratado:
  • Filiberta de Saboya, viuda de Giuliano de Médicis, hijo de Lorenzo el Magnífico. Una bella mujer que murió a los 26 años.
  • Constanza d'Avalos, dama de origen español, viuda de Federico del Valso.
  • Isabel de Este, marquesa de Mantua.
  • La madre de Leonardo.
  • Una amante de Giuliano de Médicis, mujer muy alegre a quien por su alegría llamaban la Gioconda. Y si esto es cierto aquella Gioconda nada tiene que ver con Mona Lisa. Al respecto afirma Clarasó que 
 Una circunstancia a favor de (esta) suposición es la de que Leonardo no entregara el cuadro a nadie y lo retuviera en su poder. Se dice que existen documentos que prueban que el cuadro fue encargado por Giuliano de Médicis. Que Giuliano se casó antes de que Leonardo lo terminara y que nunca fue entregado porque Giuliano no podía tener en su casa, una vez casado, un retrato de su antigua amante.
 
Hay otra razón a favor de esta tesis. Existe un dibujo de la Gioconda desnuda. Está en el museo de ChantilIy. Y si la mujer del dibujo es la misma que la del cuadro (se parecen mucho en el rostro y en la postura) no pudo ser Monna Lisa, dama noble bien casada, y la balanza se inclina a favor de la alegre amante de Giuliano.

  • Por si no bastara con lo anterior, hay quien asegura que no se trata de una mujer sino que pudiera tratarse del retrato de un amigo de Leonardo o incluso del propio artista trasvestido.
                                                                                             
Entre tantas opciones posibles Noel Clarasó se define por la clásica propuesta de Vasari.

La mujer que ha pasado a la anécdota con el nombre de La Gioconda se llamaba Lisa Gherardini y estaba casada con un rico propietario florentino, de apellido Giocondo. Leonardo da Vinci le hizo el retrato más o menos entre 1502 y 1505. Dos años más tarde, en 1507, la señora Monna Lisa moría, en plena juventud, de unas fiebres malignas. Leonardo la estuvo pintando durante dos años. Y, después, se negó a entregar el cuadro con la excusa de que no estaba terminado. No se separó de su obra en muchos años y, al fin, la vendió al rey de Francia Francisco I por cuatro mil escudos de oro. (…)

Es curioso que el cuadro de Leonardo da Vinci, conocido en todo el mundo por la Gioconda, no empezó a llamarse así sino, por lo menos, hasta cien años después de la muerte del pintor. Al principio se llamó La dama del velo de gasa, hasta que un investigador italiano averiguó, rebuscando en archivos, que aquella mujer del velo era Monna Lisa Gherardini, esposa del patricio Francesco di Bartolomeo di Zanobi del Giocondo. Cuando se casaron, ella tenía dieciséis años y él más de cuarenta, y había estado casado otras dos veces.

Se sabe que el matrimonio Giocondo tuvo una niña y que la niña murió poco tiempo después de nacida. Se supone que el señor Giocondo, para consuelo de su entristecida joven esposa, contrató al mejor pintor de aquellos tiempos para que le hiciera un retrato; un pintor que entonces tenía 50 años, llamado Leonardo da Vinci.

Los autores difieren en las referencias históricas que disponen, tal como se pone de manifiesto en lo que sostiene Omar López Mato.

Primero, como siempre, un poco de historia. Leonardo para el tiempo en que le fue encomendado pintar el retrato de la Sra. de Giocondo, no atravesaba una época muy feliz. Se había quedado sin trabajo ya que Cesare Borgia había prescindido de sus servicios como ingeniero militar. Si bien tenía una bien ganada fama de pintor, también la tenía por el atraso en sus entregas. Además prefirió priorizar sus estudios como científico y matemático a su arte. Sin embargo, enseguida aceptó hacer el retrato de esta dama, cuando poco tiempo antes había rechazado un encargo de la poderosísima Signora d’Este. ¿Quién era el Sr. Giocondo para tener tanta ascendencia sobre Leonardo? Pues Giocondo era amigo del padre de Leonardo, Ser Piero Da Vinci, un rico comerciante de aldea, con quienes miembros de los Vinci tenían trato desde hacía años.

Resultó que Don Giocondo andaba por su tercer matrimonio. No era por veleidades de Gigoló. Por esos años las mujeres morían de parto y Don Giocondo había perdido dos esposas en este trámite reproductivo. En 1495 se casó con Lisa Gherardini, por entonces de 16 años, hija de un conocido del Sr. Giocondo y con ella persistió en la peligrosa tarea de traer un hijo al mundo. Poco después nacía Piero Giocondo. Al tiempo los Giocondo perdían una niña. Embargados por la fe que nos empecina en reproducirnos, el matrimonio acometió la tarea de encarar nueva descendencia, y el intento fue con éxito. 1503 nacía Andrea Giocondo -un varón. (...) 

Para festejar la bendición de conservar esposa y acrecentar la familia, Don Giocondo le pidió al hijo de su amigo que inmortalizara los rasgos de su mujer, meta que indiscutiblemente cumplió el pintor con creces.

Sin embargo, y tal como era costumbre en Leonardo, la obra no fue terminada sino hasta varios años después y creo que la Gioconda (muerta en 1551) jamás la vio finalizada. Desconozco dos temas importantes relacionados con este cuadro: ¿Por qué a Lisa Gherardini de Giocondo le decían "Mona"? Suponemos que era un cariñoso apelativo familiar, y ¿cuánto pagó o adelantó el esposo por el trabajo jamás entregado? Leonardo, como imaginarán, no era un pintor barato. Al final, el cuadro lo compró Francisco I de Francia por 12.000 ducados. Sin duda, una buena cifra. Igualmente cualquiera fuera la cifra, buen negocio hizo. Aunque no haya podido colocar el cuadro en el living de su casa, poco pagó por ingresar a la inmortalidad.

Pero los misterios del cuadro no terminan en la identidad del modelo, por lo que diversos estudios han seguido la pista de la mirada tan singular del personaje retratado. Tal es el caso del citado Omar López Mato que, sin poder dejar de lado los intereses propios de su profesión de cirujano oftalmólogo, analiza a fondo esta cuestión.

Lo cierto es que todos hablan de su sonrisa y pocos de sus ojos, Lo llamativo de la sonrisa es que aparece y desaparece dándole ese aire misterioso. ¿Cómo logra Leonardo esto? Por un lado, gracias a su habilidad técnica. Por otro, por el conocimiento intuitivo de psiconeurología. Vamos por partes: técnicamente Leonardo usa el sfumato, una pincelada que esfuma, desvanece los bordes.

Desde el punto de vista psicofísico, Leonardo aprovechó intuitivamente un factor perceptual. Todos tenemos una visión central -macular- que nos permite discriminar los detalles; y otra periférica -menos sensible pero más amplia, que nos da el campo o área de visión.

Si miramos a los ojos de la Mona Lisa, la sonrisa se acentúa. Si miramos a los labios, la sonrisa se atenúa. Así el cuadro toma distintas características a medida que recorremos la pintura. Cualquier caricaturista sabe que para transmitir el estado de ánimo del retratado, hay que detallar la comisura de los labios y el ángulo externo de los ojos. Haciendo uso de este recurso, Leonardo logró imprimir vida a las facciones de esta señora.

Como decíamos al inicio (...) pocos hablan de los ojos de la Sra. de Giocondo. ¿Quién puede decir de qué color eran éstos? ¿Por qué esos párpados hinchados? y ¿qué es eso que aparece sobre el ángulo interno, vecino a sus cejas ausentes? Porque la Mona Lisa no tenía cejas, como se habrán percatado. Obedecía esta costumbre a la moda de las señoras florentinas (una enfermedad que causa la caída de la cola de las cejas es la sífilis, pero ese mal francés apenas se había comenzado a diseminar por Europa y no es justo achacarles a Don y Doña Giocondo semejante inconducta).

El aspecto hinchado de sus párpados se puede atribuir a una blerafaritis -inflamación crónica que trae aparejada una pérdida de pestañas y la aparición de orzuelos y su pariente patológico: el chalazión-. Mire la foto aumentada de la Sra. del Sr. Giacondo, vea ese bultito sobre el párpado superior izquierdo. Bueno, eso es un chalazión, secundario a su blefaritis.

Esto se lo escuché comentar a un distinguido colega francés el Dr. Lanthony, especialista en visión de los colores. (Ya que estamos hablando de colores: los pigmentos del cuadro viraron con el tiempo y ahora a la Gioconda se la ve menos espléndida que en su época de mayor esplendor.)

Nos quedan las manchitas en el ángulo interno, de las que nadie ha hablado a la fecha -según mi humilde entender-. ¿Qué pintó Leonardo? ¿Granitos? Si bien la Sra. era una jovencita (unos 23 años) no lo era tanto para el acné y menos en ese lugar. ¿Un forúnculo? No era como para poner eso en un retrato pago. Los artistas tendían a idealizar al retratado, no a mostrar sus pequeñas miserias, salvo que mantuviesen una actitud hostil ante el cliente,

Mi opinión -personal- es que lo que pinto allí Leonardo era un xantelasma. ¿Qué es esto? Un acúmulo subcutáneo de colesterol. que suele darse en trastornos de metabolismo de las grasas, generalmente hereditario.

No debemos olvidar los conocimientos médicos de Leonardo. A lo largo de su vida disecó 36 cadáveres, ninguno de mujer. Años después fue muy amigo de Marco de la Torre, célebre médico italiano.

Curioso destino el de la Sra. del Sr. Giocondo. Dama florentina, burguesa, adinerada, esposa de un vendedor de paños, que ni en su sueño más fantástico, liberado de toda atadura lógica, pensó que esos momentos durante los que posó, distraída por bufones y juglares, la convertirían en la dama más célebre de la historia del arte, a pesar de su blefaritis y su colesterol indómito. (...)
 Ah, me olvidaba: las ojos de la Sra. Giocondo son castaños.
                                                          
Por otra parte, no se crea que todo ha sido tranquilidad en el resguardo de la obra ya que en vísperas de la Primera Guerra Mundial (conocida por sus contemporáneos como la Gran Guerra) fue robado, permanecindo algún tiempo extraviado. Nieves Concostrina ofrece detalles al respecto.

En 1911 lo birlaron, pero dos años después, el 12 de diciembre de 1913, la Mona Lisa fue recuperada en Florencia con sonrisa puesta.

El autor del robo fue el italiano Vincenzo Peruggia, un carpintero del Louvre que salió tan pancho del museo con la tabla debajo de su bata de trabajo. Lo hizo por patriotismo. Si don Leonardo era italiano, si la dama era italiana y si el cuadro se pintó en Italia, ¿qué diablos hacía La Gioconda en París?

Peruggia fue el autor material del robo, pero el cabeza pensante fue un argentino que enredó al italiano diciéndole que el único interés del escamoteo estaba en devolver La Gioconda a su país de origen. El carpintero picó, pero el objetivo del argentino era otro. Porque, previo al robo, había encargado a un virtuoso de la falsificación seis Giocondas, de tal manera que cuando el italiano consumó el robo, el argentino vendió las seis copias a distintos magnates haciéndoles creer que compraban la auténtica, la robada. La jugada fue redonda, porque el argentino se embolsó 60 millones de dólares y los que habían comprado las seis falsas Giocondas no pudieron denunciarle. (...)

La Gioconda disfruta hoy de una sala enorme y exclusiva, iluminación especial, vitrina con climatización propia y un cristal antibalas, casi antimisiles. Si Mona Lisa aún sonríe, ya es bastante.

Pocas obras de arte -si es que alguna- han concitado tanta atención por parte de los estudiosos, siendo objeto de múltiples análisis interdisciplinarios tal como lo señala Concostrina.

El cuadro lo han estudiado psiquiatras, neurobiólogos, oftalmólogos, otorrinolaringólogos, cirujanos plásticos y odontólogos... y cada uno saca sus propias conclusiones. Los odontólogos dicen que la Gioconda parece que sonríe porque la modelo padecía bruxismo, esa patología que te hace apretar los dientes involuntariamente; los oftalmólogos dicen que no sonríe, que sólo es una ilusión óptica de la visión periférica cuando el espectador mira a cualquier parte del cuadro menos a la boca; los ginecólogos apuestan a que sí sonríe, pero porque estaba embarazada...

Entre tantos estudios no podía faltar la interpretación hermética que pretende develar  los mensajes ocultos presentes en la obra. De ello da cuenta una reciente nota de prensa.

Después de años de teorías de todo tipo sobre la obra –la más visitada del Louvre de París-, Silvano Vinceti, presidente del Comité Nacional para la Valorización de los Bienes Históricos y Culturales de Italia, afirmó que ha descubierto unas letras del alfabeto en los ojos de la Mona Lisa. Y que estas permitirán datar el cuadro, identificar a la modelo que posó y establecer el interés de Leonardo por la religión y el misticismo.

“En el ojo derecho aparecen las iniciales LV, que significarían Leonardo da Vinci. En el ojo izquierdo, en cambio, pueden verse unos símbolos aún no perfectamente identificados, que podrían ser una letra S o alguna otra. Y sabemos que Leonardo utilizaba a menudo símbolos para comunicar algo, por lo que podemos estar seguros de que estos mensajes identificados en los ojos de La Gioconda son de él”, dijo el experto, que hace poco también se jactó de haber descubierto misterios de los restos del célebre pintor Caravaggio.

Para Vincenti, la clave del célebre cuadro de Leonardo no sólo está en los ojos de la Mona Lisa, sino también en un puente que puede verse en el fondo de la pintura, donde aparece el número 72 (aunque de eso tampoco está demasiado seguro, ya que dice que también podría ser una L y un 2). Vinceti cree que el 72 aparece en la cábala, una corriente mística judía, y en el cristianismo: el “7” está lleno de asociaciones simbólicas tanto en el judaísmo como el cristianismo; por ejemplo, a la creación del mundo, y el 2 puede ser una alusión a la dualidad masculino-femenino. (…)

Los símbolos descubiertos serían totalmente invisibles si no fuera por una lupa de gran potencia, y fueron hallados gracias al descubrimiento de un libro muy antiguo que hablaba de ellos. 

“Leonardo le atribuía un valor muy particular a La Gioconda, porque es un cuadro que el artista tuvo junto a él por mucho tiempo y que tenía un gran significado filosófico, y con el cual quería dejar un testamento que fuera más allá de la pintura”, dijo Vinceti.
A pesar de que Alessandro Vezzosi, director del museo dedicado a Leonardo en su pueblo natal de Vinci, se mostró escéptico sobre la nueva teoría, Vinceti está convencido.

“Quizás estemos frente a un verdadero código Da Vinci: el gran genio del Renacimiento italiano podría haberle dado a La Gioconda su último pensamiento filosófico, esotérico, religioso, teológico y profético”, dijo entusiasmado.
                                                                        
No han faltado situaciones chuscas en relación a esta obra maestra de Leonardo da Vinci. Una de ellas es referida por Noel Clarasó y tiene como uno de sus protagonistas nada menos que al famoso pintor Degas quien al estar trabajando con una modelo a la que  pintaba desnuda, le dijo:

-Tienes tu parte posterior igual que la de la Gioconda.
-¿Quién es la Gioconda?
-Una de las más bellas modelos que han existido jamás.
La modelo se sintió orgullosa de su parecido y un día, con otro pintor, presumió así:
-Dice el señor Degas que mi c... es tan bonito como el de la Gioconda.
El pintor siguió la broma:
-Cuando el señor Degas lo dice...
La modelo repitió aquello otras veces y aunque al fin alguien la enteró de la verdad, ya todo el mundo la conocía, en el ambiente de los pintores, por «la Gioconda».
                         
Por último es importante señalar que -tal como lo manifiesta Elisabetta Piqué en una crónica en la que una vez más se presentan discrepancias en las fechas- los investigadores italianos a los que aludimos al comienzo hacen suya la hipótesis de que el cuadro es el retrato de Lisa Gherardini lo que los motiva a ir tras sus restos.
                                              
Tal como escribió en el siglo XVI Giorgio Vasari en su biografía de grandes artistas, se trata de Lisa Gherardini, alias Monna Lisa: una dama de Florencia que era la esposa de Francesco Del Giocondo, un próspero comerciante de sedas que era muy amigo del padre de Leonardo, el escribano sor Piero.

Al morir su esposo, en 1538, la Monna Lisa se retiró en el convento de Sant'Orsola, que quedaba muy cerca de su casa. Allí murió el 15 de julio de 1542, tal como confirma un documento custodiado desde hace siglos en un archivo de Florencia. Será justamente debajo de los muros del ex convento de Sant'Orsola de Florencia donde se concentrarán los trabajos para hallar su sepulcro.

Sin embargo -de acuerdo con Piqué- hay quienes afirman que es muy posible que una vez emprendida la tarea se presenten dificultades de consideración.

Pero hay una hipótesis que inquieta a los investigadores: los restos de la Gioconda podrían haber terminado en un basural florentino en los años '80, durante las obras de reestructruación del ex convento, cuando se construyó un estacionamiento subterráneo justo donde se levantaba el claustro, según reveló el año pasado un diario británico. Se trata de una hipótesis avalada por algunos técnicos florentinos: "lo único que queda del convento de Sant'Orsola son las paredes externas y algunos arcos", dijo uno de ellos. El convento de Sant'Orsola fue un sitio religioso hasta 1810, cuando fue transformado en una fábrica de tabaco; después, a principios del siglo pasado, funcionó como hospedaje de refugiados durante la I y II Guerra Mundial, luego como aula universitaria, hasta que quedó abandonado.

Para el equipo que llevará a cabo las excavaciones, concluye Elisabetta Piqué, dichos obstáculos son solamente conjeturas que no tienen asidero en la realidad.

(...) sin embargo, el historiador Silvano Vinceti desmintió tajantemente la versión británica del basural.

"Se trata de una leyenda metropolitana para negar de inmediato: las obras jamás rozaron el área que debemos excavar ahora", afirmó Vinceti.

Un georradar que estuvo analizando la zona en cuestión, en cambio, ya habría identificado una cripta debajo de una de las dos iglesias del ex convento de Sant'Orsola, también detalló Vinceti.

De hallarse los restos de la Monna Lisa, serían sometidos a diversos análisis, incluso el del carbono 14 y el del adn, para confirmar datación e identidad.

El adn sería comparado luego con el de los restos de los dos hijos de Lisa Gherardini, Bartolomeo y Piero del Giocondo, que están sepultados en la iglesia de la Santissima Annunziata, también en Florencia.

"Sólo después podríamos remontarnos a la fisonomía de Lisa Gherardini y, quizás, aventurarnos en comparaciones con la pintura", indicó el antropólogo Francesco Mallegni, que rechazó en nombre de todo el equipo de investigación cualquier "gusto necrófilo" en este tipo de investigación.

"La ciencia es ciencia, también lo es estudiar a los muertos, y en este caso se da la fascinación de un caso relacionado con el arte", concluyó Mallegni.

Ya veremos los resultados de estas investigaciones. Sin embargo, es posible que muchos de los enigmas del famoso cuadro de Leonardo continúen gozando de buena salud por lo que la Mona (o Monna) Lisa podrá conservar su sonrisa displicente, lo que constituye una muy buena noticia.