Desde hace muchos años soy
asiduo cliente de un puesto de venta de productos oaxaqueños en el mercado de
Santa Cruz Atoyac de la ciudad de México. Los propietarios del negocio son un
matrimonio muy amable al que -mientras despachan quesillo, tostadas, miel o
cacahuates con ajo- nunca faltan temas para la plática agradable, lo que
confirma una vez más que como decía don Andrés Henestrosa en cada oaxaqueño
habita un gran orador.
Pues bien en una de mis
visitas al local encontré que junto con el pan de yema, las tlayudas y el
chocolate, se exhibía un libro. Pregunté si el changarro estaba cambiando de
giro y ahora apuntaba a librería, a lo que me contestaron que no, que se
trataba de un libro con historias de su lugar de origen. Adquirí el libro y
unos meses después me invitaron a la presentación del mismo, ocasión que contó
con el testimonio de algunos de sus autores. Aquella tarde, por cierto que muy
lluviosa, fue un verdadero deleite para quienes allí nos encontrábamos.
El libro aludido es: Memoria Viva. Crónicas de emigrantes de
Santa María Tavehua, Oaxaca al Valle de México. Coautora y recopiladora:
Ma. Elena Sánchez Fernández. México, s/e, 2012. Su lectura que es ampliamente
recomendable no tiene desperdicio alguno. La introducción está a cargo de
Verónica Vázquez Mantecón quien pasa lista de algunos valores comunitarios que
la obra quiere ayudar a conservar.
Aquí
queda constancia de los valores que han dado fundamento a la comunidad
indígena: la reciprocidad y solidaridad expresadas en el tequio y la gozona, el
deber de enterrar a los muertos con dignidad, la valoración de la sabiduría de
los ancianos, el apego y el respeto por la tierra y sus frutos, la
responsabilidad de participar con honor en los puestos públicos, la voluntad de
continuar, pese a tanta adversidad, con las tradiciones de los que estuvieron
antes.
En un entorno tan
individualista como el que nos rodea, Vázquez Mantecón subraya la importancia
del sentido de pertenencia que permite fortalecer la cohesión comunitaria.
El
sentido de pertenencia a la comunidad subordina el interés personal al
colectivo. Existe una convicción esencial de pertenecer que se expresa en el
deber de cuidarse los unos a los otros, de valorarse en todo lo que valen, de
otorgarse a sí mismos la importancia que saben que tienen y que muchos les
niegan. Poseen orgullo por las raíces y la historia compartida, de ahí la
importancia de preservar la memoria. Aquí se recogen vivencias y recuerdos que
rescatan del olvido las experiencias de gente valiente y portadora de una
herencia ancestral.
Las difíciles condiciones de
vida en Santa María Tavehua fueron (y son) determinantes para que muchos
lugareños tomen caminos y veredas en busca de trabajo. Algunos se quedaron
relativamente cerca, en la ciudad de Oaxaca. Otros fueron más lejos y se
avecindaron en la ciudad de México. No son pocos los que emprendieron el viaje
largo hacia el norte y se quedan a vivir en Estados Unidos (principalmente en
Los Ángeles). Sin embargo, fuese cual fuese su destino no estuvieron dispuestos
a olvidar la tierra de origen y Verónica Vázquez Mantecón deja constancia de
ello.
Pese
a que se rememoran carencias y la dureza de la vida, todos añoran ese lugar
originario, donde fueron amados por sus padres y conocieron el mundo. Conservan
en la memoria la imagen de las nubes y el azul del cielo serrano, el color
naranja del barro, los olores de la tierra y del aire, y los sabores. Pero
sobre todo, aman los sonidos de los pájaros y del agua, el de la lengua propia
y la música de las bandas de aliento que los hace bailar vestidos de blanco con
ramos de flores en las manos, y que constituyen un lazo afectivo que los une
como un cordón umbilical a la madre tierra, madre pueblo, madre comunidad,
madre amorosa.
Este
vínculo no lo rompen ni la distancia ni las fronteras porque se lleva muy
dentro. A donde vayan llega: camina con ellos desde Tavehua hasta Oaxaca, a la
Ciudad de México o Los Ángeles. Los mantiene unidos y reproduce, donde se
hallen, la música y los bailes, el caldo y los tamales, los huipiles y la
alegría de reconocerse hermanos y contar con el apoyo mutuo.
Muchos son los testimonios
que se recopilan en este libro y uno de ellos es el de Epifanio Isaías Méndez
Pérez. “Nací el día 6 de julio de 1933 en la comunidad de Santa María Tavehua,
municipio de San Andrés Solaga, Distrito de Villa Alta, en el estado de Oaxaca.
(…) Nuestra lengua original es el zapoteco de la Sierra Norte de Oaxaca.” Era
un niño muy pequeño cuando tuvo lugar la expropiación petrolera pero ello no
fue obstáculo para que hiciera su contribución. “Recuerdo que a principios del
año 1938, el ingeniero Lázaro Cárdenas del Río, Presidente constitucional de México,
convocó al pueblo a cooperar con dinero. A mí me tocó dar dos centavos de cobre
de aquél entonces para la expropiación petrolera, porque en aquellos tiempos el
petróleo estaba en manos extranjeras.” Su niñez no fue fácil por lo que debió
abandonar la escuela. “Cursé sólo hasta el cuarto año de primaria, ya que tuve
que dejar la escuela para ayudar a mis padres en las labores del campo.”
No deja de ser curioso que
lecturas procedentes de los dos bandos en pugna durante la guerra fría,
contribuyeran al aprendizaje del idioma con el que debió familiarizarse a
través de procedimientos autodidactas.
Siendo
pastor y por azares del destino llegó a mis manos un ejemplar de la revista
"Selecciones del Reader' s Digest" y un ejemplar del boletín de
información de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), los cuales
fueron mi motivación para aprender el idioma castellano. Poco a poco empecé a
entender algunas palabras y cuando no comprendía el significado de alguna, la
anotaba en una pequeña libreta, ya en la noche al llegar al municipio pedía
prestado el diccionario enciclopédico para buscar las palabras, al siguiente
día volvía a leer el texto para comprender mejor, y así poco a poco fui
conociendo la lengua castellana. Hasta la fecha conservo el hábito de anotar
las palabras difíciles, de esta forma es como aprendí a hablar el castellano.
Muchas son las historias de
migrantes y de localidades que tienen a muchos de sus hijos fuera de casa. Los
nativos de Santa María Tavehua aceptaron el reto de recuperar la memoria para
mantener y fortalecer su identidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario