martes, 15 de septiembre de 2026

Los tiempos de la justicia

 

Entre los principios jurídicos encontramos el que sostiene que la justicia, para serlo, debe ser expedita. Sin embargo, ello suele no acontecer, lo que ha dado lugar a una expresión muy difundida: “la justicia demorada no es justicia” o en su variante de “la justicia tardía es justicia denegada”. A lo anterior se contrapone otra expresión popular un tanto más optimista: “la justicia tarda pero llega”.

Antonio Muñoz Molina sostiene que “desde que tenemos uso de razón nos dicen que hay en el mundo una justicia que premia a los buenos y castiga a los malos, pero lo que no nos dicen es cuándo, si al cabo de tres años o de tres siglos.”

Y hace años señalaba algunos ejemplos de cuando la justicia debió ocupar su lugar en la sala de espera. “En la Unión Soviética acaba de hacerse pública la inocencia de un hombre acusado de conspiración y traición. Sucede que a ese hombre, Bujarin, lo fusilaron por conspirador y traidor hace cincuenta años.” También se detuvo en otro conocido acto de disculpa, cuando “magnánimamente el Vaticano exculpa a Galileo” y recordó cuando “el Tribunal Supremo de los Estados Unidos declara inocentes a Sacco y a Vanzetti”.

Pero esta demora no solo tiene lugar en relación a conocidas situaciones políticas y científicas, sino que se hace presente también en lo concerniente a la creación literaria: “una editora advierte que ‘La conjura de los necios’ es una obra maestra. Lástima que su autor, John Kennedy Toole, se quitara la vida unos años antes empujado por la desesperación de no encontrar a nadie que publicara la novela.”

Seguramente en este mismo momento hay quienes orientan sus investigaciones a que se haga justicia en diversas causas, demostrando que los veredictos con que se han cerrado no están apegados a la verdad; como señala el mismo Muñoz Molina “puede que alguien, en el remoto porvenir, demuestre que Judas no fue traidor, ni Caín homicida.”

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