Si usted está en uno de esos escasos momentos en el que todos los
electrodomésticos y enseres de su casa se encuentran en buen funcionamiento, no
se canse de agradecerlo. Es un privilegio que le obsequia la vida.
Porque, como dice Juan José Millás, lo común es que cuando no es una cosa sea
otra, ya que “cuando funciona la nevera, se estropea la caldera del gas”.
Por eso en todo hogar hay una libreta con referencias de técnicos de
diversas especialidades a los que podremos recurrir en caso de necesidad.
Los integrantes que conforman ese selecto grupo han llegado allí por la
realización de trabajos previos que colmaron nuestras expectativas o bien
por recomendaciones de personas que son de total confianza. Aunque ya sabemos
de sobra que en esto de andar recomendando médicos, psicólogos, dentistas o
plomeros hay que andarse con mucho cuidado, dado que luego puede dar lugar a enojos
y reclamaciones; incluso lo que fue considerado como una pésima recomendación
ha llegado a ser causa de distanciamiento.
Millás continúa la historia:
Viene el
técnico, (…) mira [el calentador descompuesto] y dice que tiene más de diez
años. Y usted tiene más de cuarenta, le digo yo. A partir de ahí, se encierra
en un mutismo que produce pánico. Hace su trabajo en silencio y se larga. Me da
miedo abrir el agua caliente, por si explotara algo.
Avisados.