Dicen
los que saben que la expresión cambio de paradigma -tan recurrente de un
tiempo a esta parte- procede del campo de la medicina. Según esta perspectiva, en
ciertas etapas esa disciplina se mueve en un entorno de “ciencia normal” cuando
más o menos responde a las enfermedades de su tiempo. Pero sucede que irrumpen
nuevos desafíos para los que no se tiene respuesta y entonces se entra en un
período de crisis que abre un nuevo tiempo de búsqueda e investigación.
A resultas de ello se descubren nuevas medicinas y tratamientos con los que se enfrenta
a los retos de reciente aparición. Estas etapas se suceden unas a otras y
posibilitan el avance de la medicina.
Algo
de esto parece que sucedió en 1981 cuando José Jiménez Lozano apunta la
irrupción de
(…) una
extraña y grave enfermedad, que ha sido bautizada “neumonía atípica”, pero que
incluso para un lego en medicina no parece convincentemente racionalizada. Los
médicos amigos están desorientados por esa ausencia de racionalidad. Pero el
temor popular está cargando el ambiente. (…)
Observo
caras, escucho; pero se me contagia alguna preocupación. El tono de voz de la
calle en el pueblo ha bajado por lo menos una octava. Es algo impresionante.
Esto
lo lleva a preguntarse si lo mismo sucedió en otros momentos de la historia. “¿Se
hacían también estos corrillos de personas, hablando en voz baja, en la Edad
Media, para mentar la peste negra cuando todavía estaba lejos pero se sabía que
ya cabalgaba inexorablemente hacia quienes comentaban sus horrores?”
Al
leer lo anterior me cuestiono si este clima de preocupación y de comentarios en
corto también acontece en nuestros días a partir de diversos y alarmantes
síntomas político-sociales que en años recientes se hacen cada vez más visibles
en nuestro mundo.
Si así
fuere, ojalá en estos momentos se estén desarrollando nuevos paradigmas -aun
no demasiado visibles- que conduzcan a formas de convivencia más pacíficas,
justas, inclusivas y armónicas.
Al
tiempo.