jueves, 3 de marzo de 2022
martes, 1 de marzo de 2022
Los maestros del como
Proponer comparaciones,
afinidades, similitudes, contigüidades, tiene su secreto. En este mismo espacio
ya nos hemos referido a las comparaciones (http://habladuriacronicasdelocotidiano.blogspot.com/2018/10/comparaciones.html) así
como a El arte de las comparaciones (http://habladuriacronicasdelocotidiano.blogspot.com/2021/04/el-arte-de-las-comparaciones.html)
En esta misma línea ahora enunciamos
algunas propuestas de quienes podemos identificar como maestros del como:
Brecher es delgado como un lápiz
(…)
Susan Orlean
En el ala del sombrero
reposaban flores de cerezo, como un círculo de billetes de tren perforados.
Peter Handke
(…) lo vi pasar por la calle,
junto al escaparate, con los brazos caídos, como un boxeador que va a un
combate en el que no tiene ninguna posibilidad de ganar.
Heinrich Böll
El silencio que siguió a sus
palabras era como el silencio de un campo en el fondo de un valle de alta
montaña, cuando el sol poniente roza los costados de un rebaño de vacas que
allí pace.
John Cowper Powys, citado por
Peter Handke
Las plantas muertas pendían
fuera de las macetas, como títeres abandonados en las candilejas de un
teatrillo.
Alberto Savinio
Brisseau yacía tumbado de espaldas
en su lecho, durmiendo a la luz de la luna. Con su estómago protuberante que se
balanceaba en el aire y una sonrisa tonta en los labios, parecía un objeto
inanimado, como una pelota de fútbol o dos entradas para la ópera. Momentos más
tarde, al ovillarse entre las sábanas y caer el resplandor lunar sobre él desde
un ángulo distinto, su apariencia devino exactamente la de un juego de vajilla
de plata de veintisiete piezas, completo, con fuente para ensalada y sopera.
Woody Allen
En lo dicho, tan solo una
pequeña muestra de maestros del género.
lunes, 28 de febrero de 2022
Vacaciones
Estar
de vacaciones está bien, pero ¡cuidado!, no sea cosa de relajarse demasiado, de
destramparse. Según Rafael Sánchez Ferlosio esa advertencia queda claramente de
manifiesto en el lenguaje y forma parte de un programa pedagógico.
Fórmulas como “merecido descanso”, “sana alegría” y
“honesto esparcimiento” son huellas, el cuajo de la ideología. Esas tres son
las que van más veces juntas, con alguna variante. (…)
La alegría no puede ir sola y tiene que ser sana. Hay
un sustrato moral. Esas tres están elaboradas para los pobres por la clase
ociosa, como la llamaba Veblen. Son un programa pedagógico para los infelices.
Fernando
Savater afirma que hay que dejar las cosas en claro para que los empleados no
le agarren el gusto al descanso lo que podría acercarlos peligrosamente a la
vagancia.
(…) Sánchez Ferlosio nos recuerda que los términos que
se refieren a la suspensión temporal de la laboriosidad vienen siempre
acompañados por algún otro que los disculpa: una sana diversión, unas merecidas
vacaciones, un descanso reparador, un ocio saludable, etcétera. Para que no
escandalicen los oídos de los empleados, no los vayan a tomar por un elogio de
la vagancia.
Por
otra parte, hay quienes -por difícil que resulte creerlo- tienen problema con
las vacaciones; es el caso de Juan José Millás
Procuro estar de vacaciones, pero no me sale. No sé
levantarme tarde ni pasar el día haraganeando ni ver la tele durante horas.
Tampoco sé hacer las cosas despacio para que las horas pasen deprisa.
Y no es sólo un problema personal sino cultural.
Hace años leí un artículo de prensa que comentaba que en Japón y algunos otros países la mayoría de los trabajadores no tomaban el total de días vacacionales sino que se conformaban con muchos menos de los que les correspondían por ley. El citado informe explicaba esa peculiar situación por un lado a la laboriosidad de ciertos pueblos, así como también a sus dificultades para saber qué hacer, en qué ocuparse, en su tiempo libre.
Todo es cuestión de que nos pregunten...
miércoles, 2 de febrero de 2022
martes, 1 de febrero de 2022
Comentario
En base al artículo publicado
por Núria Jar en el periódico La Vanguardia (Barcelona) el 23 de julio
de 2017 acerca de médicos convertidos en pacientes, ya hemos presentado en este
espacio dos notas que aluden a ello (http://habladuriacronicasdelocotidiano.blogspot.com/2019/10/un-diagnostico-esquivo.html
En esta ocasión, y en
base al mismo artículo, veremos otro caso en el que un doctor en forma repentina
se transforma en paciente.
La (…)
metamorfosis de médico a paciente sucedió dentro de un escáner de rayos X.
Concretamente en la misma máquina que el doctor Manel Escobar, director clínico
de diagnóstico por la imagen del hospital Vall d’Hebron, utilizaba a diario
para diagnosticar y hacer el seguimiento de pacientes con cáncer. Un lunes,
posterior a un fin de semana con molestias, Escobar pidió a su técnico de
radiología que le hiciera un escáner.
El propio doctor
Escobar supo de inmediato de qué se trataba
(…) él
mismo fue quien interpretó la fotografía donde apareció un cáncer de páncreas localmente
avanzado. “Como radiólogo sabía exactamente ante qué estaba: uno de los
cánceres con peor pronóstico”. Le esperaba un tratamiento duro de
quimioterapia, radioterapia y una cirugía muy agresiva para el abdomen.
Felizmente, aclara la nota,
el padecimiento del doctor Manel Escobar tuvo una evolución favorable, lo que le
ha permitido de forma vivencial confirmar algunos conocimientos.
Ahora que
lo ha superado quiere compartir su experiencia para inspirar esperanza en
otros. “Creo que el aspecto psicológico de una enfermedad, cómo se siente un
paciente y cómo le hacemos sentir los médicos, es fundamental para que el
proceso de curación sea bueno”.
A escala
emocional no todo el mundo encara una enfermedad del mismo modo.
Sostiene que mantenerse
activo, ir a trabajar aun en condiciones tan especiales fue para él un aspecto decisivo
en su recuperación.
El doctor
Escobar iba al hospital conectado a una petaca que le subministraba
quimioterapia durante 48 horas. “Yo iba a trabajar no porque fuera un héroe,
hacía un esfuerzo porque psicológicamente para mí era vital sentir que estaba
en el proceso de curación”.
En esas estaba -señala
la nota de Núria Jar- cuando se presentó un pequeño acontecimiento al que el
doctor Escobar atribuye particular relevancia.
El tumor
se le había reducido mucho y, contento, bromeaba sobre su recuperación. De
repente, un oncólogo joven le respondió: “Eso ya lo veremos”. A pesar de que no
lo dijera adrede, aquel comentario le dejó “absolutamente hundido”, detalla del
recuerdo.
Aquellas escasas
palabras del joven colega (a quien no atribuye mala intención) le dejaron muy
mal sabor en su experiencia como paciente.
Sería conveniente
(aunque la sugerencia llegue tarde y exista ya una amplia biblioteca sobre la
materia) que los médicos devenidos en pacientes dejen por escrito sus
aprendizajes de cuando les tocó estar del otro lado del mostrador.
martes, 25 de enero de 2022
Polémica respecto a la música sinfónica
En los terrenos de
la música -como en tantos otros- las diferencias en gustos y apreciaciones no
se hacen esperar y por lo general la música sinfónica es considerada un deleite
para los oídos, representa una de las cumbres artísticas.
La obra de Beethoven
es referente en la materia y Fernando Zamora narra una singular anécdota en
relación a ello.
Se cuenta que
cuando Goethe atendió a la presentación de la Novena Sinfonía de Beethoven
dijo: “he escuchado toda la música que un hombre puede escuchar”.
Aparentemente, después de esto no volvió a ir a una sala de conciertos.
Sin embargo, no
faltan los irreverentes que toman distancia de las mayorías presentando
un punto de vista opuesto; tal es el caso del escritor Mario Levrero.
(…)
Y lo más difícil de soportar es la música sinfónica. Yo estaba perplejo con ese
extraño fenómeno de las sinfonías; no me explicaba el porqué de su existencia.
Un amigo bonaerense me explicó una vez: la música sinfónica nació cuando se
terminaron las cortes de los Reyes, o sea que es un producto de
Lo anterior según
Levrero -posiblemente retomando los conocimientos de quien identifica como su
amigo bonaerense- fue en detrimento de la música.
También
bajó, naturalmente, la calidad, para que el público masivo entienda o crea
entender. Son formas musicales esencialmente muy simples, cuyo único mérito es
el volumen de sonido.
Eso sí, acepta algunos
casos especiales
Hay
excepciones, como siempre, soy fanático de La
consagración de la primavera que, si bien no es una sinfonía, utiliza todos
los recursos de la gran orquesta y hace todo el ruido posible. Pero es algo
creativo, regocijante, lleno de imaginación y color (…)
En opinión de Mario Levrero
esta obra de Ígor Stravinski se cuece aparte al distanciarse de
(…)
esos torpes golpeteos de Beethoven, que siempre me hizo acordar a un niño
tocando el tambor a la hora de la siesta. Toda esa música tiene la simpleza y la
machaconería y la prepotencia de las marchas militares. Es música militar, o militarista. Siempre se asocia con Napoleón y
otros personajes brutales.
Finalmente pondera a
Mozart, “(…) es otra cosa. Incluso en las obras más populacheras conserva algo
de la música de cámara, algo fresco e imaginativo.”
Queda abierta la
invitación a la polémica.
lunes, 10 de enero de 2022
Los pianistas chinos y Chopin
Un día, y en forma por demás fortuita, nos encontramos con un dato que nos invita
a poner atención en una cuestión en la que nunca habíamos reparado. Tal fue lo
que le aconteció a Juan José Millás: “Me entero por casualidad (cómo si no) de
que en China hay entre cuarenta y cincuenta millones de pianistas.” Y a partir
de esa información propone algunas consideraciones
No están todos juntos, claro. Si se reunieran, formarían una nación. (…) Entre cuarenta y cincuenta millones de pianistas, decíamos, el número de habitantes de un país como España. Si los pianistas chinos no fueran pacíficos, podrían invadir Japón con sus pianos. Japón, por poner un ejemplo.
Creo que el hecho de que no estén todos juntos admite otras reflexiones. Un ejemplo de ello lo sugiere una declaración nada menos que de Duke Ellington
Tu
sabes como son las cosas. Llegas a tu casa convencido que te vas directo a la
cama, pero te encuentras con el piano que te coquetea, tocas un acorde, y antes
de que te des cuenta son las 7 de la mañana.
Y es así que queda en claro otra
ventaja de que los pianistas chinos no estén todos juntos porque si así fuera -y
en caso de que el piano les coqueteara- el problema para los vecinos sería
enorme ya que hasta las 7 de la mañana no habría quien pudiera pegar un ojo.
Ahora bien, ¿de esos tantos
millones surgirá algún maestro de la talla de Chopin? El reto es enorme porque
según Eusebio Ruvalcaba: “Más que Freud, Chopin es el verdadero
intérprete de los sueños.” Y sabedor de que ello es mucho decir a continuación Ruvalcaba
expone sus razones
Levantó
sobre el teclado una estructura leve y flotante, pero absolutamente poderosa.
Supo hacer de la miniatura musical una suerte de salvoconducto hacia el
interior de la naturaleza humana. Como una lámpara sorda a través de la cual
fuera posible asomarse sin el menor escollo. Su música posee un sello
personalísimo como no lo tiene nadie más. Le dio al piano la nomenclatura de la
intimidad.
Tal
vez haya quien pueda responder a la pregunta planteada.
jueves, 23 de diciembre de 2021
De nefelibatas y nubepensadores
Deben ser pocos, muy pocos, quienes no recuerden de su currículum formativo frases como: “¡tú siempre en las nubes!”, “¡en algún momento deberás poner los pies en la tierra!”
Juan
José Millás, destacado observador de la cotidianidad, atestiguó una situación
de este tipo
(…) acudo a una
cafetería cercana, donde, acomodado en la barra, pido un gin-tonic. Hay a mi
lado un hombre mayor, con barba, en compañía de uno joven. El mayor le dice al
joven que debe tener los dos pies en la tierra. Recalca la palaba dos, como si
la dijera en negrita (dos).
-¿De qué te ha
servido a ti tener los dos pies en la tierra? –pregunta el joven.
-No empieces con eso –responde el hombre mayor, y se hunden ambos en un silencio rencoroso.
Así pues aun cuando tener los pies sobre la tierra no garantiza nada, el hecho de vivir
en las nubes se considera algo negativo, por estar fuera de lugar, lejos de la
realidad, distanciado de lo cotidiano. Y ello en opinión de tantos cultores del
realismo no sería cosa buena para la vida por lo que se convierten en espantanubes.
Agustín Monsreal relata sus vivencias y aun escucha las voces del pasado.
Estar trepado todo el tiempo en una nube no es sano, no es normal. Anda, baja de ahí. Tú sabes que te lo digo por tu bien. ¿Verdad que se lo digo por su bien? (…) Vamos, baja de una vez. Comprende que vivir en esa nube no te conviene, tienes que abandonarla, ser como los demás, poner los pies en la tierra, pensar en el futuro, en la felicidad.
Pero el escritor yucateco reivindica, en forma por demás contundente, su derecho a la nube.
Y esa nube es
mi vocación, mi valor, mi destino; es mi ternura, mi razón de ser, mi bien
terrestre único e insobornable. Dejarla significaría una cobardía, una traición
inmedible. ¿Y qué sería de mi existencia sin ella sino una falsedad, una
impudicia, una abyección definitiva, un fracaso? (…)
De modo que a pesar de las depredaciones y de las canalladas con que me batallaron, todavía respiro, y todavía soy capaz de procurarme un pan, y todavía traigo en su sitio mis redaños y mi nube anda conmigo.
Según
da cuenta José Luis Melero existe un término con el que se identifica esta
actitud de vida: “Nefelibata es cultismo con el que se designa al hombre
soñador, al que anda por las nubes.” Y agrega
El más famoso nefelibata ha sido sin duda Rubén Darío,
que escribió de sí mismo aquellos hermosísimos versos: “Nefelibata contento, /
creo interpretar / las confidencias del viento / la tierra y el mar…”
Tal
vez hoy más que nunca sean necesarios los nefelibatas o nubepensadores (como
alguien también les ha llamado).
Es así
como la resistencia y defensa de las nubes, tanto personales como colectivas, se
convierte en prioridad de vida.
¡Que
nunca nos falten!
miércoles, 1 de diciembre de 2021
Manos
Ya nos
hemos referido en alguna ocasión al tema de las manos en el contexto mexicano (http://habladuriacronicasdelocotidiano.blogspot.com/2010/12/una-cultura-manos-llenas.html).
En esta
nueva incursión sobre la cuestión recurrimos a Luis Melnik quien cita al doctor
Alexis Carrel (premio Nobel en Medicina, 1912), cirujano y biólogo, cuando en
su libro La incógnita del hombre afirma que
La mano
es una obra maestra. Actúa como si estuviese dotada de vista. Los dedos son
esas cinco palanquitas compuestas cada una de ellas de tres segmentos
articulados. La mano se adapta lo mismo al trabajo más duro que al más delicado.
Ha manejado con la misma destreza el cuchillo de sílex del cazador primitivo
que el martillo del herrero, el hacha del leñador, el arado del labrador, la
espada del caballero medieval, los mandos del moderno piloto, el Pincel del
artista, la pluma del escritor, los hilos del tejedor.
Por su
parte, Michel de Montaigne se refería a otros usos posibles de las manos.
Pues, ¿y
qué no hacemos con las manos? Con ellas requerimos, prometemos, llamamos,
despedimos, amenazamos, rogamos, impenetramos, negamos, rehusamos, interrogamos,
admiramos, contamos, confesamos, nos arrepentimos, tememos, nos avergonzamos,
dudamos, instruimos, mandamos, incitamos, estimulamos, juramos, testimoniamos,
acusamos, condenamos, absolvemos, injuriamos, despreciamos, desafiamos,
desdeñamos, adulamos, aplaudimos, bendecimos, humillamos, nos mofamos, nos
reconciliamos, recomendamos, exaltamos, festejamos, nos regocijamos, nos
quejamos, nos entristecemos, exclamamos, reprendemos.
Seguramente
que la lista no es exhaustiva y aún falta mucho que agregar.
En
otro orden de cosas Robert Hertz alude a la flagrante desigualdad en el trato dispensado
a la mano izquierda y a la derecha.
¡Qué semejanza
tan perfecta la de nuestras manos!, y, sin embargo, ¡qué desigualdad más
irritante!
Para la
mano derecha son los honores, los comentarios más lisonjeros, las
prerrogativas. Ella actúa, ordena y coge. Por el contrario, la mano izquierda
es despreciada y reducida al papel de humilde auxiliar, sin que pueda hacer
nada por sí misma, más que asistir, secundar y sujetar.
La mano
derecha es símbolo y modelo de todas las aristocracias; la mano izquierda, de
todas las plebes.
Pero
¿cuáles son los títulos de nobleza de la mano derecha? Y ¿de dónde viene la
servidumbre de la izquierda?
Claro
está que los zurdos tendrían mucho que decir en relación a lo anterior…