jueves, 1 de febrero de 2024

Credo personal

 

Difícil vivir sin un conjunto de creencias que cada quien va haciendo suyas a lo largo de la existencia. Algunas de ellas llegan heredadas de la familia, del grupo, de la cultura. Otras incorporadas como acto plenamente soberano.

Esta unidad de creencias (que puede admitir paradojas y contradicciones) va cambiando a lo largo del tiempo, a partir de las vivencias afrontadas y de los diversos momentos de la vida.

José Mateos comparte su credo:

Creo en los hilos invisibles que enlazan a vivos y muertos;

creo en la belleza, que nos invita a existir más plenamente;

creo en el misterio de la claridad y en la bondad sin motivo que se pasea por los hospitales, por las cárceles, bajo el estruendo de la guerra;

creo en el vuelo de los pájaros alrededor de las espadañas

y en las ramas esenciales del invierno;

y en los perros que ladran a las motocicletas

y en los cordones desatados de las botas de los niños.

Creo en todas las exageraciones de la alegría.

En opinión de Mateos nada ni nadie podría poner en controversia a su credo personal. “Si mañana alguien me demostrara que no hay nada y que todo es un bostezo de la materia, eso ¿en qué podría afectarme? Porque mi creencia no se apoya en ningún libro.” El mismo autor aclara de dónde viene esa fortaleza indestructible. “Es más poderosa que cualquier dogma y cualquier razonamiento. Es la verdad de la música. La verdad del amor. Una verdad que deduzco de tu presencia intangible. Una verdad que es tan consustancial al corazón como la sangre o los latidos.”

lunes, 29 de enero de 2024

Prevenirse de la vejez

 

En la múltiple y variopinta temática de cursos, talleres, seminarios, encuentros, jornadas, etc., que se ofrecen por doquier, hay un gran ausente: Reflexiones para intentar aprender a envejecer.

Más allá que este vacío se entienda debido a que los interesados en inscribirse serían muy pocos en esta sociedad en la que se procura por todos los medios permanecer -a como de lugar- dentro del círculo de jóvenes, atléticos, agraciados y sanos. ¿Y quién querría abrir un negocio con vocación de quiebra?

Sin embargo lo cierto es que para una parte de la humanidad la vejez llega: antes o después; de manera paulatina o abrupta; en presentación amigable o adversa…Por tanto, institutos que dicten cursos sobre cómo prevenirse de la vejez cumplirían un importante servicio social. Y prevenir en los dos sentidos: el de “conocer de antemano o con anticipación un daño o perjuicio”, así como también en el de “preparar y disponer con anticipación lo necesario para un fin”.

Una de las líneas del plan de estudios debería estar enfocada al colapso de contradicciones, cambios súbitos de conducta, incoherencias… que pueden darse en el proceso de irse haciendo viejo, con los estragos personales y familiares que ello acarrearía. A este punto se refiere Carlos G. Vallés

Si llegamos a vivir lo bastante, la vejez vuelve a traer una segunda infancia, y algunas de nuestras inhibiciones de toda la vida se borran, y controles que pasaban por permanentes se aflojan al fallar la memoria, debilitarse la fuerza de voluntad y soltarse los vínculos de la autodisciplina con el ocaso progresivo de las facultades conscientes. Así es como la avanzada edad llega a recuperar la inocencia de la infancia, y la censura que ha durado una vida entera se levanta en su último tramo. Eso explica cómo sentimientos de odio, sentidos y expresados libremente en los primeros años de vida, y reprimidos luego en aras de la buena educación y la moral, vuelven a salir a la superficie en la vejez, con dura expresión que asombra y entristece a los que presencian la explosión, y con frecuencia a la misma persona que la protagoniza.

Y para que la cosa no quede en teoría, Vallés recurre a un caso concreto narrado por Eduardo Galeano.

La abuela de Bertha Jensen murió maldiciendo. Ella había vivido toda su vida en puntas de pie, como pidiendo perdón por molestar, consagrada al servicio de su marido y de su prole de cinco hijos, esposa ejemplar, madre abnegada, silencioso ejemplo de virtud: jamás una palabra de queja había salido de sus labios, ni mucho menos una palabrota. Cuando la enfermedad la derribó, llamó al marido, lo sentó ante la cama y empezó. Nadie sospechaba que ella conocía aquel vocabulario de marinero borracho. La agonía fue larga. Durante más de un mes, la abuela vomitó desde la cama un incesante chorro de insultos y blasfemias de los bajos fondos. Hasta la voz le había cambiado. Ella, que nunca había fumado ni bebido nada que no fuera agua o leche, puteaba con voz ronquita. Y así, puteando, murió; y hubo un alivio general en la familia y en el vecindario.

Reconoce Carlos G. Valles que este tipo de situaciones de ninguna manera le resultan exageradas, ajenas o extrañas.

He conocido casos como ése en mi propia experiencia, demasiados, por desgracia, para considerarlos casos aislados. Santos hombres y santas mujeres de acendrada virtud y vida modélica que, al llegar a edad avanzada, pierden por pura decadencia de neuronas el control férreo que había sostenido sus firmes caracteres, y ante la angustia de quienes los oyen y de la suya propia dejan escapar una corriente de lenguaje proscrito que parece no acabar nunca.

A renglón seguido Vallés -y creo que todos coincidiremos con él- expresa que no quisiera que esto le sucediera. “No quiero reventar de viejo, si es que llego a serlo; y, aunque no llegue a viejo, no quiero ir por la vida con la triste carga de resentimientos escondidos y odios secretos.”

Así pues, este podría ser uno de lo temas a tratar en los cursos o seminarios que proponemos. Pero como en toda instancia educativa de preferencia no sólo hay que plantear el problema, sino también sugerir alternativas para hacerle frente y Carlos G. Vallés nos ofrece la suya.

Quiero limpiar rincones, barrer debajo de la alfombra, ventilar quejas, confesar envidias. Quiero enfrentarme a la mezcla que llevo dentro, a la bestia y al ángel, al fiel compañero que soy y al mezquino traidor que también puedo ser, al bienhechor de todos y al orgulloso tirano: que todos esos caracteres están dentro de mí, y bien lo sé yo. Si me enorgullezco de conocer el amor, también he de admitir que cedo al odio.

En síntesis: “Sólo si ventilo mi casa a tiempo, puedo evitar ahogarme en mi propio humo cuando ya sea demasiado tarde. No quiero morir maldiciendo.”

Queda hecha la invitación a abrir puertas y ventanas para no asfixiarnos en el esfuerzo de mantener una imagen sin fisuras.

miércoles, 17 de enero de 2024

Con segunda

 

La valentía, compromiso social y programa pedagógico de Janusz Korczak nos hacen saber que estamos ante alguien de un enorme humanismo. Se cuenta que tuvo la posibilidad de salvarse, sin embargo su coherencia lo condujo al campo de concentración donde fue asesinado junto a tantas personas.

En sus escritos refiere un pequeño episodio que dice mucho.

En una ocasión me sorprendió ver a un muchacho habitualmente frío y reservado, especie de misántropo envejecido prematuramente, que empezaba a dedicarme atenciones delicadas: era el primero en reír de mis bromas, daba codazos para que me dejaran paso, se adelantaba a todos mis deseos. Lo hacía con torpeza, con deseo visible de llamar mi atención sobre su amabilidad. Estas maniobras duraron bastante tiempo y yo procuraba, como podía, disimular mi desagrado.

Detrás del comportamiento de aquel muchacho había una intencionalidad que no tardó en ponerse de manifiesto y que nos cuenta el doctor Korczak. “Entendí todo el día que vino a pedirme que admitiera a su hermano pequeño en la Casa del Huérfano.” Y concluye: “Se me humedecieron los ojos: ¡pobre muchacho!, ¡cuánto le habrá costado hacerse pasar por lo que no era!”

viernes, 22 de diciembre de 2023

Llegar exhausto al nuevo año

 

En este mismo espacio ya nos hemos referido tanto al momento de hacer el cierre de caja de fin de año  

(https://habladuriacronicasdelocotidiano.blogspot.com/search/label/Balance%20de%20fin%20de%20a%C3%B1o) como a la celebración del recién llegado

(https://habladuriacronicasdelocotidiano.blogspot.com/search/label/a%C3%B1o%20nuevo)

Dada la oportunidad que nos brinda el calendario ahora volvemos al tema guiados por Carlos María Gutiérrez quien al escribir estas líneas -como se infiere sin mucha suspicacia- estaba dejando atrás un ciclo particularmente difícil. “Yo no tengo nada que decir sobre mis propósitos para el año nuevo. No albergo, por otra parte, ninguna clase de propósitos.” Para ilustrar lo que estaba viviendo propone una comparación.

Cuando el escuálido maratonista, cubierto de polvo, sudor y linfa, con los pulmones destrozados y los ojos inyectados en sangre, consigue llegar a la meta y se desploma del otro lado de la línea blanca ¿habrá algún alma miserable que se arrodille junto al agonizante para preguntarle sobre sus propósitos relativos a la próxima maratón?

Confórmense con que haya llegado a este 31 de diciembre sin haber muerto en el camino; que les baste con que haya cubierto todo el recorrido y nada de preguntas. Déjenme que me siente un rato, aquí en el pastito, y recobre el resuello. (…)

Gutiérrez propone un cambio en la dirección de la mirada. “Mejor que de propósitos para el año nuevo, les puedo hablar del año viejo. La gente, en estos días, tendría que llenarse menos de planes y esperanzas, y más de recuerdos.” Y concluye en el mismo tono: “Ustedes, elitistas, se le apilan al sonrosado recién nacido, lo miman, lo festejan, le prenden fuegos artificiales, como si les fuera a traer la felicidad.”

Con todo y todo. ¡Muy Feliz Año Nuevo!

jueves, 21 de diciembre de 2023

Alternativas ante la dificultad de crear

 

Entre las dificultades del proceso de creación destaca la imposibilidad de llevarlo a cabo. De ello da idea Simon Leys.

Hay un pasaje en la correspondencia de Jules Renard que debería interesar a cualquier escritor, pues en él se describe con agudeza la angustia permanente e inagotable de la creatividad:

Pese a lo muy acostumbrado que debería estar a ello, cada vez que se me pide algo, lo que sea, me siento tan atribulado como si estuviera escribiendo mi primera línea. Esto está relacionado con el hecho de que no progreso, de que escribo cuando me viene, y siempre tengo miedo a que no venga.

Me permito proponer las últimas palabras de Renard a las expresiones que merecen ser de colección: “(…) escribo cuando me viene, y siempre tengo miedo a que no venga”.

Según Simon Leys cuando ello acontece, se presentan como alternativas la traducción y la adaptación

Cuando esta angustia se confirma y se congela en un bloque, el trabajo de traducción, que es una especie de pseudocreación, puede convertirse en refugio de un escritor. La historia de la literatura ofrece numerosos ejemplos, desde Baudelaire a Valery Larbaud; no sólo la traducción, sino varias actividades alternativas más pueden cumplir el mismo papel: adaptaciones teatrales, por ejemplo, como cuando Camus adaptó a Faulkner.

Esta posibilidad no se limita exclusivamente a la escritura sino que con variantes, como sostiene Leys, también se presenta en otros espacios artísticos.

Hay equivalentes en las otras artes. Shostakóvich habla en sus memorias de ese terror punzante a la esterilidad, y da varias recetas para impedir que se agote la inspiración; destaca, por ejemplo, la utilidad del trabajo de transcripción orquestal: el objetivo es preservar a toda costa una forma de actividad artística, una imitación de la actividad creadora, con el fin de “estimular la producción” o de cruzar el desierto en busca de una nueva fuente.

Vacío, “cruzar el desierto”, esterilidad, temor a la página en blanco, ausencia de inspiración…, son realidades con las que inevitablemente conviven los artistas.

Pero regresemos, siempre de acuerdo con Simon Leys, a la relevancia que adquiere en esos momentos el trabajo de traducción.

Como sustituto temporal o permanente de la creación, la traducción está estrechamente vinculada a ella, y es sin embargo de una naturaleza diferente, pues ofrece una inspiración artificial. En lugar de “yo escribo cuando me viene, y siempre tengo miedo a que no venga”, lo que tenemos aquí es la certeza reconfortante del “¡Ha llegado, aquí está!”. Uno puede sentarse a su mesa cada mañana a la misma hora, seguro de que va a crear algo. Por supuesto, la calidad y la cantidad de la producción diaria puede variar, pero en cambio la pesadilla de la página en blanco queda definitivamente exorcizada.

Claro que existen diferencias no menores entre crear y traducir; Leys se refiere a ellas.

Es también esta misma garantía tranquilizadora la que sitúa fundamentalmente la traducción en el dominio del artesano más que en el del artista. Por difícil que pueda ser a veces la traducción, está en el fondo, a diferencia de la creación, libre de riesgos.

Pero el acto creador no siempre (¿casi nunca?) es tan original y en ello se detiene Fernando Lázaro Carreter: “Por ‘nuevo’ no se entiende, en el oficio de escribir, la creación ex nihilo: entre los tratadistas, corre como doctrina común que lo nuevo es sólo lo viejo reelaborado, traído a combinaciones, circunstancias y fines que sí son nuevos.”

En fin, que la cuestión da para mucho más.

miércoles, 20 de diciembre de 2023

Pensarlo muy bien

 

Hace tiempo en este mismo espacio nos referimos a los tatuajes (https://habladuriacronicasdelocotidiano.blogspot.com/2020/08/los-tatuajes-tienen-su-historia.html).

Ahora volvemos al tema.

Cuando menos parece curioso que en la cultura de lo efímero, lo pasajero, lo provisorio, los tatuajes con declaraciones íntimas y personales gocen de tan buena salud (seguramente ya se inventó el método para borrarlos y esa sea parte de la explicación).

En un texto titulado “La ceremonia del tatuaje”, Francisco Hernández alude al procedimiento: “Ya elegido el diseño y el mensaje, llegas hasta la tinta y las agujas. No duele tanto como habías imaginado y es rápido.” Más adelante se pregunta “¿Qué tan importante es el exhibicionismo en el tatuaje?” La respuesta no tarda en llegar: “Es fundamental, diría yo. Uno se tatúa para que lo vean tatuado.” Pero la cuestión va más allá de ello.

Hay mucho de atrevimiento, de transgresión o de audacia, por traer en la piel, hasta después de muerto, un corazón o un ancla o unas iniciales o un nombre completo o una fecha. El tatuaje es un sello, una escritura, una herida. Es anterior a la imprenta y podemos situarlo al lado de lo imborrable. Un tatuaje soñado no desaparece al despertar.

Creo que llegados a este punto es recomendable citar a Irene Vallejo en relación al tema: “El problema es que nuestros ‘siempres’ suelen ser efímeros (…)”. Lo que constituye una invitación -otra vez- a pensar muy bien antes de actuar.

martes, 19 de diciembre de 2023

Del yo al mi

 

Los notables adelantos científicos y tecnológicos no han sido suficientes para desentrañar el misterio (tarea imposible por naturaleza) del yo que somos, que estamos siendo. Porque al decir de Clarice Lispector: “Que yo sea yo es pura coincidencia” y por esos mismos rumbos encontramos a Silvia -estudiante de Odontología en la ciudad de Buenos Aires- quien en las famosas libretas de José (Rosenwasser) anotara: “Justo a mí me tocó ser yo…”

No deja de ser curioso que este azaroso yo -que además es inatrapable y solo nos permite aproximaciones siempre provisorias- ande en estos tiempos tan parado de sí mismo, lo que tal vez se explica en función de este mismo desconocimiento.

Hay quienes toman prudencial distancia de esta entronización del yo; es el caso de Jorge Luis Borges -citado por Isidoro Blaisten- quien expresara: “Yo que soy nadie”.

Vecino del yo es el mi que también suele vivir en la desmesura, lo que no pasó inadvertido a José Emilio Pacheco

(...) Tan grandes y tan ávidos como el pronombre yo sus dos brazos, las dos letras que forman el posesivo mi, el más ambicioso, el más ilusorio, el que más decepciona. Cómo puedo hablar de mi vida si los días son obra del ciego azar y de las voluntades ajenas. Tampoco vale decir mi ciudad, porque ya me resulta extraña, ya no están los lugares, nunca podré regresar a los ámbitos sagrados. La vida no es de nadie, la recibimos en préstamo. Lo único de verdad nuestro será la ausencia.

Así pues, en los terrenos del yo y del mi es recomendable moverse con humildad y a ras de piso, dejando las ínfulas para mejor ocasión.

martes, 21 de noviembre de 2023

Una cláusula peculiar

 

La vida de María Félix es una fuente inacabable de anécdotas. En este mismo espacio ya hemos dado cuenta de algunas de ellas (como por ejemplo https://habladuriacronicasdelocotidiano.blogspot.com/2014/05/la-sexomnia-de-maria-felix.html).

Su protagonismo no admitía muchas concesiones y de ahí lo difícil que resultó la convivencia cuando en un evento social le tocó compartir escena con Pablo Picasso; ambos disputaron el papel estelar con las rispideces predecibles.

Entre los sucesos que narra con su habitual gracia, se refiere a una extraña condición que amenazó frustrar el rodaje de un film.

Estuve a punto de rechazar esa película [Los héroes están fatigados] porque mi galán era Yves Montand, y su esposa, Simone Signoret, quería que yo me comprometiera en el contrato a no acostarme con su marido. Yo le dije a mi agente Paulette Dorisse que por ningún motivo aceptaría esa cláusula tan cretina. No hubiera podido verme al espejo si aceptaba esas condiciones de trabajo.

Seguramente -y de acuerdo con lo que ella misma cuenta- después de algunas instancias negociadoras el conflicto quedó dirimido en bien del arte cinematográfico.

La Signoret debió notar que se había puesto en ridículo y aflojó el cinturón de castidad que le había endilgado a su esposo. Fue lo mejor para todos, porque la película salió muy bien: fue una de las mejores que hice en Europa.

En el amplio repertorio de María Félix unas historias se entrelazan con otras; éste es uno de esos casos.

Además de Montand había dos grandes actores en el reparto: uno era Jean Servais, con quien volví a trabajar en Los ambiciosos. A pesar de su alcoholismo era estupendo como actor y como persona. El otro era Curt Jurgens, que se hizo muy amigo mío en la filmación y más tarde vino a verme a México con su esposa.

La Doña los recibió como la espléndida anfitriona que era, lo que dio lugar a una confusión gastronómica. “Le dí un coctel en mi casa, donde se podía comer el caviar con cuchara. Desacostumbrada a esos lujos, su esposa no lo probó, creyendo que eran lentejas.”

martes, 7 de noviembre de 2023

Inevitable

 

Cada vez son más quienes deciden integrarse a las comunidades de vegetarianos y veganos. Ello tiene relación con otros movimientos sociales que han adquirido mayor presencia en tiempos recientes.

Según Wislawa Szymborska la intención de no vivir a expensas del sacrificio de otras vidas presenta dificultades insalvables.

(…) está la cuestión de si alimentarse a base de plantas es realmente tan inofensivo. Quizá esto me enfrente con todas esas personas que son fieles a los principios del vegetarianismo, pero, después de todo, las plantas también son organismos dotados de la voluntad de vivir. ¿Qué en otras formas de vida sea más evidente implica acaso que carezcan de ella las plantas? Sea cual sea la definición que adoptemos, el hecho cierto es que acaban en el plato del vegetariano…

Y reconoce que lo que afirma no es sencillo de digerir. “Lo que digo es desagradable porque sea cual sea la aproximación que hagamos a la naturaleza de la Naturaleza, esta conducirá ineludiblemente a conclusiones desagradables.” Llegados a este punto -siempre siguiendo a Szymborska- el panorama no es alentador para los militantes de estas causas en particular y para todos en general. “Y eso de que nosotros, los humanos, nos alimentemos a costa de otra vida, lo considero un escándalo. Y aún peor que participemos en él es que devenga incluso en un inmenso placer para el paladar.”

miércoles, 1 de noviembre de 2023

¿Para qué sirve la poesía?

 

No es de ahora, el asunto tiene su tiempo: la sospecha de inutilidad se encuentra en el entorno de la poesía. Y en particular en estos días ello parecería ser motivo más que suficiente para su descalificación y así enviarla al depósito de los trastos inservibles.

Afortunadamente hay quienes se rebelan contra esta perspectiva, entre ellos encontramos a José Saramago.

Llevamos siglos preguntándonos los unos a los otros para qué sirve la literatura y el hecho de que no exista respuesta no desanimará a los futuros preguntadores. No hay respuesta posible. O las hay infinitas: la literatura sirve para entrar en una librería y sentarse en casa, por ejemplo. O para ayudar a pensar. O para nada. ¿Por qué ese sentido utilitario de las cosas? Si hay que buscar el sentido de la música, de la filosofía, de una rosa, es que no estamos entendiendo nada. Un tenedor tiene una función. La literatura no tiene una función. Aunque pueda consolar a una persona. Aunque te pueda hacer reír.

Por su parte, Juan Gelman -citado por Rodolfo Braceli- pone de relieve la utilidad de lo inútil. “(…) ¿quién dice que la poesía no sirve, que la poesía es inútil? Además, en el siglo II un filósofo chino, no me acuerdo el nombre, decía que todo el mundo habla de la utilidad de lo útil, pero nadie repara en la utilidad de lo inútil.”